**El siniestro del Puente de la Concordia apagó la verbena del 15 de septiembre, y desató una ola de solidaridad en la Ciudad de México**


Michelle López
Información nacional.
El día que la rutina se rompió
La tarde del pasado miércoles 10 de septiembre, la vida cotidiana en Santa Martha Acatitla se quebró de forma brutal. A las 15:00 horas, una pipa cargada con más de 49 mil litros de gas volcó en la calzada Ignacio Zaragoza, a la altura del Puente de la Concordia. El golpe contra una superficie sólida rompió un casquete del tanque, liberando una nube blanca de combustible que segundos después se encendió.
El fuego avanzó en cuestión de instantes: calcinó la pipa, alcanzó a un tráiler que transportaba cartón, atrapó a automovilistas y pasajeros de transporte público, y convirtió la vialidad en un infierno. La onda expansiva dañó 32 vehículos y arrasó con todo a su paso.


Víctimas y cifras de la tragedia
El saldo fue devastador. Minutos después del siniestro, se hablaba de seis muertos y poco más de 20 lesionados. Pero con el paso de las horas, los hospitales confirmaban la magnitud: más de 90 heridos y, hasta el cierre de edición de Enlace Noticias, 13 personas fallecidas, aunque la cifra podría cambiar en los próximos días.
Entre los heridos hubo estudiantes, maestros, comerciantes y trabajadores que salían de sus labores o apenas regresaban a casa. Muchos fueron trasladados inconscientes, otros sedados por el dolor insoportable de las quemaduras. Los médicos advirtieron que no solo quedaron afectadas sus pieles, sino también sus pulmones por la inhalación de calor y gases tóxicos.


Alicia Matías, la abuelita heroína
De todas las historias que dejó la explosión, la de Alicia Matías Teodoro conmovió al país entero. Ella, de 49 años, trabajaba como checadora de camiones en la base de Santa Martha, y ese día cuidaba a su nieta Azuleth, de apenas dos años.
Cuando escuchó el estruendo y vio acercarse la bola de fuego, no dudó: cubrió a la niña con su cuerpo. Ambas resultaron gravemente heridas. Alicia tenía quemaduras en el 98% de su cuerpo, pero no soltó a la pequeña ni cuando un policía capitalino, identificado como Sergio Ángel Soriano, las auxilió entre los escombros.
La imagen de la abuela semidesnuda por el fuego, abrazada a su nieta, recorrió el mundo. Azuleth sobrevivió con quemaduras en el 60% de su cuerpo. Alicia, en cambio, murió horas después en el Hospital Magdalena de las Salinas. Su historia quedó como símbolo de amor, sacrificio y resistencia en medio del desastre.


Investigaciones oficiales
La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX), informó que peritos en criminalística, incendios, química y tránsito, recabaron dictámenes técnicos para esclarecer los hechos.
En su primera conclusión, la dependencia señaló que no se encontraron baches ni irregularidades en el asfalto: la ruptura del tanque se originó en el impacto contra un objeto sólido, lo que desató la fuga y posterior explosión. Se detectaron residuos de compuestos como benceno y estireno.
Las autoridades mantienen abiertas líneas de investigación, y han desplegado células de atención integral, junto con la CEAVI, para dar acompañamiento jurídico, psicológico y social a las familias afectadas.


La ciudad sin Grito
La magnitud de la tragedia transformó el ánimo de la capital. La alcaldía Iztapalapa anunció la suspensión de la verbena popular del 15 de septiembre. No habrá juegos mecánicos, música ni fiesta: únicamente una ceremonia cívica sobria, en memoria de quienes perdieron la vida.
“La patria se grita también con respeto”, dijo la alcaldesa Aleida Alavez Ruiz, al explicar la decisión. Ese día, el dolor sustituyó al festejo en una de las celebraciones más importantes del país.


La solidaridad mexicana
Desde el primer momento, la gente se volcó para ayudar. Vecinos intentaron sofocar las llamas con cubetas y arena; comerciantes donaron fruta a los familiares de los heridos; taxistas y conductores de aplicación ofrecieron viajes gratuitos a los hospitales.
En universidades como la UNAM y la UAM se organizaron con centros de acopio para reunir insumos médicos, ropa y víveres. Policías capitalinos llevaron agua, café y cobijas a quienes pasaban noches enteras afuera de los hospitales. En medio del caos, la tragedia recordó una verdad: los mexicanos siempre se levantan para abrazar al que sufre.


Una herida que seguirá abierta
El 10 de septiembre de 2025 quedará en la memoria de Iztapalapa como un día de luto. La explosión no solo arrebató vidas y dejó secuelas físicas en decenas de sobrevivientes, también afectó a quienes respiraron el humo tóxico y tendrán consecuencias en su salud durante años.
El dolor, la investigación y la solidaridad se entrelazaron en esta tragedia. Y en la memoria colectiva permanecerá la imagen de Alicia Matías, la abuelita que dio todo por salvar a su nieta, símbolo de la fuerza y el amor en medio del desastre.
La explosión en Iztapalapa dejó claro que las tragedias no son solo cifras ni estadísticas: eran personas, con familias, trabajos y sueños.
Cada día, cientos transitan por esas mismas calles; cualquiera pudo haber estado en el lugar del siniestro. En cuestión de segundos, la vida se extinguió para algunos, dejando un recordatorio doloroso sobre la fragilidad de la existencia y la urgencia de atender la seguridad y bienestar de quienes comparten la ciudad.








