**El grupo azucarero apuesta por nuevas variedades de caña para evitar crisis productiva**
Juan Rubio / Chietla, Pue.
En medio de los plantíos experimentales del Ingenio de Atencingo, el Ingeniero Pedro Bulmaro Armas García, Superintendente general de campo, explicó con precisión técnica los desafíos que enfrenta la producción cañera en la región. A pocos metros de los surcos donde crecen al menos cinco o seis variedades recientemente liberadas, subrayó la urgencia de renovar constantemente el material vegetal que se cultiva comercialmente.
“La vida útil de una variedad de caña de azúcar ronda los 20 a 30 años”, detalló Armas García. “Con el tiempo, su productividad disminuye. Además, están expuestas a plagas y enfermedades que pueden comprometer seriamente la cosecha si no se actúa con anticipación” puntualizó.
El campo experimental, ubicado en el corazón de la zona cañera de Atencingo, funciona como un laboratorio a cielo abierto. Allí, técnicos y agrónomos evalúan el comportamiento de nuevas cepas bajo las condiciones climáticas y de suelo propias de la demarcación.
El objetivo es claro: identificar aquellas que ofrezcan mayor rendimiento, resistencia a factores bióticos y estabilidad en el tiempo, para reemplazar oportunamente a las variedades comerciales que comienzan a mostrar signos de agotamiento.
Armas García enfatizó que el proceso no responde a una emergencia inmediata, sino a una estrategia preventiva. “No esperamos a que una plaga o una enfermedad nos sorprenda sin alternativas. Estamos constantemente seleccionando y evaluando nuevo material genético, para garantizar la continuidad de la producción”, acentuó.
La relevancia de este trabajo trasciende los límites del ingenio; la caña de azúcar es un pilar económico en comunidades como Chietla, y cualquier interrupción en su cadena productiva impacta directamente en cientos de familias que dependen de la agroindustria azucarera. Por ello, el desarrollo de variedades más robustas no solo protege la rentabilidad del Ingenio de Atencingo, sino también la estabilidad laboral y social de la zona.
Actualmente, el campo experimental alberga tanto líneas de reciente liberación como otras con décadas de uso. La comparación entre ellas permite medir con rigor los avances logrados y ajustar los planes de siembra futuros. “No se trata solo de producir más caña, sino de hacerlo de manera sostenible y resiliente”, concluyó el Superintendente.
En un contexto de cambio climático y presión fitosanitaria creciente, la apuesta del Ingenio de Atencingo por la innovación varietal, se perfila como una de las claves para mantener vivo uno de los sectores más tradicionales y vitales de la economía rural en Puebla.





