**Puede tener repercusiones positivas a corto y largo plazo**
Karen Rojas / Salud
Hablar en voz alta cuando se está solo se ha vuelto una práctica común entre adultos jóvenes. Estas expresiones pueden ir desde comentarios cotidianos sobre el clima, las mascotas o la preparación de alimentos, hasta reflexiones más profundas sobre temas sociales o decisiones personales, sin la presencia de un interlocutor externo.

Ante su creciente frecuencia, diversos especialistas han comenzado a estudiar el impacto psicológico de esta conducta en el bienestar emocional y cognitivo. Ethan Kross, profesor de la Universidad de Michigan, explica que el diálogo interno —los pensamientos silenciosos— y el diálogo externo —hablar en voz alta— cumplen funciones distintas, pero trabajan en conjunto en la regulación emocional y en la organización del pensamiento.
El auto–diálogo hablado puede aumentar la motivación, mejorar el estado de ánimo, organizar tareas y regular emociones. También ayuda a enfrentar conversaciones difíciles, resolver conflictos internos y transformar ambientes solitarios en espacios más confortables.

No obstante, especialistas advierten que, si hablar solo interfiere con la interacción social o reemplaza la comunicación con otras personas, podría ser una señal de alerta respecto a la salud mental. La frecuencia, el contexto y la naturaleza de lo que se verbaliza son factores clave para determinar si es necesario buscar atención profesional.
Asimismo, cuando el diálogo interno se vuelve negativo o despectivo, puede generar efectos contraproducentes, como elevar los niveles de ansiedad, aumentar síntomas depresivos o agravar condiciones mentales ya diagnosticadas.





