Por: José Luis Moctezuma *
En tiempos donde la política suele sentirse distante, el primer año de gobierno de Alejandro Armenta en Puebla deja una señal clara: la proximidad no es un eslogan, es una forma de gobernar. No desde el balcón, sino a ras de suelo, donde viven los problemas reales y también las soluciones duraderas. Gobernar en el territorio, no desde el escritorio.
EL GOBERNADOR MÁS VOTADO EN LA HISTORIA
Alejandro Armenta por el partido MORENA es el gobernador más votado en la historia de Puebla al haber obtenido una contundente victoria con 1 millón 908 mil 954 votos, su oponente, el panista Eduardo Rivera obtuvo 1 millón 52 mil 216 sufragios. Elecciones atrás Martha Erika Alonso Hidalgo (PAN) había ganado la gubernatura con 1 millón 153 mil 79 votos. Rafael Moreno Valle en su momento fue electo mandatario por 1 millón 111 mil 318 votos.
Armenta entendió algo básico pero poderoso: la confianza no se decreta, se camina. Su administración apostó por la ética pública como columna vertebral y por la cercanía ciudadana como método. Menos discurso, más presencia. Menos promesa, más cumplimiento.

MÁS TERRITORIO, MENOS ESCRITORIO
La agenda del gobernador durante este primer año rompió inercias. Hubo territorio, escucha directa y decisiones tomadas con información real, no con reportes maquillados.
Esa proximidad permitió atender con rapidez conflictos sociales, necesidades urgentes y demandas históricas que durante años se acumularon sin respuesta.

PRESENCIA INMEDIATA CON AFECTADOS POR LLUVIAS
Un ejemplo contundente fue la atención a los damnificados de 17 municipios de la Sierra Norte tras las lluvias. Mientras otros gobiernos optaron en el pasado por la simulación o el abandono, esta administración respondió con presencia inmediata, coordinación institucional y acompañamiento constante. No se trató solo de entregar apoyos; se trató de quedarse, escuchar y reconstruir junto con la gente.
Las voces ciudadanas lo confirman. Madres de familia que recibieron ayuda cuando lo habían perdido todo; adultos mayores que, por primera vez en años, sintieron que el gobierno sí dio la cara; niñas y niños que recuperaron la tranquilidad en medio de la emergencia. La proximidad convirtió la política pública en algo tangible.

EL PODER ES PARA SERVIR, NO PARA SERVIRSE
Este primer año también dejó claro que la ética no es un accesorio. El uso responsable de los recursos públicos y la austeridad institucional enviaron un mensaje directo: el poder es para servir, no para servirse. En un país cansado de excesos, esa señal importa y pesa.
Puebla inicia así una nueva etapa. No perfecta, pero con rumbo. Una etapa donde el gobierno vuelve a ser presencia, acompañamiento y solución. Donde la política se humaniza y recupera sentido.

EL BALANCE ES POSITIVO A 365 DÍAS
A un año de distancia, el balance es positivo. No por propaganda, sino por proximidad. Y en política, cuando el gobierno se acerca, la sociedad responde.
En política, las frases no son adorno: son postura. Y en su primer año como gobernador de Puebla, Alejandro Armenta ha decidido que su narrativa —y su línea de acción— tenga un enemigo claro: la corrupción.
ROMPER INERCIAS; COMBATE A LA CORRUPCIÓN
Desde el arranque de su gobierno, Armenta dejó algo claro: no llegó a administrar inercias, llegó a romperlas. Cuando afirma que “el combate a la corrupción es una regla de vida”, no está improvisando una consigna; está marcando una frontera moral entre el pasado y lo que pretende construir. En Puebla, durante décadas, la corrupción fue sistema, no excepción. Hoy el mensaje es otro: se acabó el “así se ha hecho siempre”.

Una de sus frases más duras —“los delincuentes más peligrosos son los que se disfrazan de políticos”. Es una advertencia interna. Para funcionarios, aliados, militantes y amigos. Aquí no hay fuero moral ni inmunidad por cercanía. Armenta lo ha repetido sin titubeos: “no voy a meter las manos por nadie”. Y en un país donde históricamente se protegía más al cargo que a la ley, eso ya es una ruptura.
El gobernador ha insistido en un punto que incomoda, pero ordena: ni moches, ni dádivas, ni ‘aceite’, ni milpas para agilizar trámites. Traducido al lenguaje ciudadano: el servicio público vuelve a ser eso, servicio. Sin peaje ilegal. Sin ventanillas de privilegio. Sin gestores de sombra. Es una visión conservadora en el mejor sentido: recuperar la ética básica, el valor de la palabra y el respeto a la ley como cimiento del Estado.

También hay un mensaje político de fondo. Cuando Armenta afirma que “nunca más habrá saqueo al erario”, no solo señala a gobiernos anteriores; advierte que su administración no será rehén de intereses privados ni de negocios heredados. En tiempos donde muchos gobiernan con cálculo, él ha optado por gobernar con límite: el límite de la legalidad.
DISCIPLINA INSTITUCIONAL
La corrupción ya no es un tema incómodo que se susurra: es un problema que se enfrenta de frente.
El reto es sostenerlo. Que las palabras se traduzcan en consecuencias. Que el discurso no se oxide con el tiempo. Pero hoy, al cierre del primer año, el mensaje es claro y contundente: en Puebla, la corrupción dejó de ser parte del paisaje y pasó a ser el adversario.

Y en política, nombrar al enemigo es el primer paso para derrotarlo.
¡Nos leemos pronto!
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**José Luis Moctezuma
Periodista con 20 años de experiencia y trayectoria en radio y prensa escrita en formato periódico, revista y digital.
Colaborador en el noticiero Así Sucede 103.3 FM; corresponsal de Grupo ACIR México en Puebla; Periódico 24 horas; Parabólica Mx, Los Fuertes MX, Contrastes Puebla, Exilio, Enlace Noticias y Diario ABC.






