El sentido profundo de la navidad y año nuevo

Por Melitón Lozano Pérez

Que las fiestas de este año no se parezcan a las del anterior. Que los rituales sean creativos y edificantes… Así terminó el artículo anterior. Ahora quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la navidad y el año nuevo, con el propósito no de dar consejos, sino de ahondar en el sentido que podemos encontrarle y vivirlo de manera diferente si así lo decidimos.

La palabra navidad viene del latín nativitas y significa nacimiento, para referirse al nacimiento de Jesucristo. En este sentido, se convierte en una “buena noticia”, pues nace quien ha de venir a liberar al ser humano de toda opresión. La Navidad, además del sentido religioso, es una época para reunir a la familia y amigos, compartir momentos especiales, tradiciones y fortalecer lazos.

Como vemos tiene un sentido edificante, pero también puede tener un sentido distorsionado. Aquí quiero evocar el pensamiento de Zygmunt Bauman, quien nos alerta sobre la forma de ser felices, él decía que: “Hay muchas formas de ser feliz, pero en la sociedad actual todo pasa por una tienda”. Su frase es simple y demoledora, el consumismo se volvió el camino más directo hacia la felicidad y el bienestar. Para el pensador, ya no somos lo que hacemos, sino lo que compramos.

Y justo la navidad se puede convertir en eso, en querer demostrar el amor por medio de regalos y cenas suntuosas, quedando atado el sentido navideño exclusivamente a lo material. Bauman no negaba que comprar pueda dar placer, aunque alertaba que se trataba de una satisfacción fugaz, que se desvanece rápido y nos obliga a buscar la próxima adquisición para volver a sentirnos bien.

Al ir a las tiendas a comprar felicidad, nos olvidamos de otras formas de ser felices, como convivir con gratuidad del tiempo, contar historias (recordemos que somos homo narrans, nos gusta contar y escuchar historias), trabajar juntos (participando de los quehaceres de la cena), cantar, jugar, abrazarnos, meditar o estudiar.

Las relaciones humanas con aceptación incondicional del otro-a, son el factor más estable para una vida feliz, pero también uno de los más descuidados en la cultura de la inmediatez, de la fugacidad de la sociedad liquida, como él le llama. De igual manera, en esta temporada navideña viene muy bien recordar lo que nos dice Leonardo Boff sobre compartir los alimentos en la mesa.

A esa experiencia, él le da un sentido muy significativo y la denomina “comensalidad”. Nos dice que hace millones de años, cuando nuestros antepasados salían a recolectar frutos y semillas, a cazar y a pescar, no comían individualmente. Tomaban los alimentos y los llevaban al grupo.

Y ahí practicaban la “comensalidad”, es decir, distribuían los alimentos entre todos y los comían en comunidad. Esta “comensalidad” permitió el salto de la animalidad hacia la humanidad. Esa pequeña acción implicó una gran diferencia.

Y puede marcar la diferencia en la forma de compartir los alimentos en esta navidad y año nuevo: en armonía o discutiendo, compartiendo o siendo indiferente, con solidaridad o avaricia. Desde esta perspectiva, alimentarse no es algo individual y por mera necesidad fisiológica.

“La ‘comensalidad’, esto es comer en comunidad, es comulgar con los otros que comen a nuestro lado. Es comulgar con las energías cósmicas que subyacen en los alimentos, sobre todo con la fertilidad de la tierra, con el sol, con los campos, las aguas y los vientos”.

En este sentido, compartir los alimentos siempre y de manera especial en navidad, adquiere un carácter místico, sacramental y de gratitud, por la oportunidad de comulgar con nuestros prójimos, con la naturaleza y con el cosmos, pues estamos hechos de la misma esencia.

Respecto al año nuevo, generalmente reflexionamos sobre el año que pasó y hacemos propósitos para el nuevo año. En caso de que ustedes lo hagan, les quiero compartir algunas palabras del escritor portugués Fernando Pessoa, que, a diferencia de lo que decía Marco Aurelio: “vivir cada día como si fuera el ultimo”, él lo expresa como: “vivir cada día como si fuera el primero”.

Lo dice de manera muy poética y profunda: “Vivir es ser otro. Y sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir —es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue vida perdida. Borrar todo del cuadro de un día para otro, ser nuevo con cada madrugada, en una revirginidad […] Esta madrugada es la primera del mundo. Nunca este color de rosa amarilleando hacia el blanco cálido se posó así en el rostro con que el caserío del oeste encara lleno de ojos acristalados el silencio que trae la luz creciente. Nunca hubo este momento, ni esta luz, ni este mi ser. Lo que mañana sea será otra cosa, y lo que vea será visto por ojos recompuestos, llenos de una nueva visión”.

Dejarse sorprender por la novedad de cada día, es una forma maravillosa de ver la vida. Como dice una canción: “El mundo está nuevecito, en los ojitos de mi bebé, y yo me asomo a su lado, a descubrirlo con él”. Les deseo que pasen una feliz navidad en “comensalidad” y un año nuevo 2026 con espíritu renovado, que le de mayor sabor a la vida y mucho significado.

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Redacción General
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