**Se cree que en ellas moraron familias en el año 3000 A.C.**
Carmela Bravo / Los Reyes de Juárez, Pue.
Las milenarias cuevas situadas en el municipio de Los Reyes de Juárez, algunas muy extensas, alojan un enorme acervo histórico y cultural entre las que destaca la leyenda de “El Itzmatlachi”, un ser mítico que se piensa habita en ellas, indicó el historiador Gabriel Aguilar Aguilar, quien reseñó su importancia, pues se cree que en ellas moraron familias en el año 3000 A.C.

El también investigador mencionó que, para los pobladores de Los Reyes de Juárez, una enorme cueva ubicada en la cabecera municipal posee un gran sentido mágico, donde la abundancia de los campos se ve reflejada en la nostalgia de un personaje que habita en esa cadena de cavernas, llamado “El Itzmatlachi”, por lo que narró la leyenda:
“Si vas a los Reyes de Juárez y visitas la cuarta sección, te darás cuenta que en ese lugar pega un vientecillo fresco y agradable, que viene de todo el valle del oriente; pero de pronto, también te darás cuenta que estás parado sobre una loma rocosa que termina con el corte de un desfiladero, mismo que divide el caserío del pueblo de la planicie en la que abundan las parcelas de hortalizas.


Es en ese lugar donde el manantial de Axcopanatl formaba todavía hace tiempo una bonita cascada. Allí bajando la peña por una vereda caprichosa y caminando unos cuarenta metros hacia el sur, se encuentra sobre la saliente de la roca, una como repisa de unos diez metros de largo por cuatro de grueso, como si fueran dos platos encimados, uno boca arriba y otro boca abajo; entre las salientes y oquedades de la peña se deja entrever una especie de rostro. La gente asegura que ese es su sombrero y que su casa está allá adentro.
Hace tiempo, cuando hubo plaga de langosta y fue temporada de sequía se habló mucho de él, pero también se comentó cuando abundaba el trigo, los magueyes, los árboles de chabacano, cuando más de diez manantiales saltaban a flor de la tierra.


Eran esos tiempos, otra gente; los muchachos salían de la escuela y cruzando los árboles de hortalizas se iban a chabacanear. Luego de nueva cuenta se empezó a hablar mucho de él, la gente comenzó a presentir cosas, a dudar y a sentir el peso de la noche al pasar por allí frente a esa cadena de cavernas.
Y es que muy aparte de las creencias, los campesinos tienen que pasar por ahí; ese es su camino cuando regresan ya tarde del campo, cuando vigilan sus cosechas o riegan sus parcelas por la noche. Unos dicen que es como un perrito, como una víbora grande, como una sombra pequeña, o como un ser resignado que sale por las noches y recorre el camino viejo que va de Los Reyes a Tepeaca (…).
Eso ocurre en los días miércoles y también en los domingos, pero sobre todo los miércoles. El murmullo del mercado se hace más intenso, las lámparas y las velas se apagan más seguido, no sabes cómo salir y te pones nervioso, te atropellas con lo bajo de las rocas. Y la sombra aquella se cruza de nuevo a tu paso…”
*Leyenda extraída del libro: “Los Reyes de Juárez, origen y evolución de un municipio”, Gobierno del Estado de Puebla, Secretaría de Cultura, Primera Edición 2011.





