**Los vendedores invitan a la comunidad a conocer la variedad de atuendos y accesorios disponibles para vestir al Niño Dios este 2 de febrero**
José Gallardo / Izúcar de Matamoros, Pue.
La festividad de la Candelaria, celebrada cada 2 de febrero en México, es una tradición que combina elementos del catolicismo con raíces prehispánicas. De acuerdo con la costumbre, quien encuentra el muñeco en la Rosca de Reyes asume el compromiso de ofrecer tamales y atole, además de vestir y llevar a bendecir al Niño Dios, acto que simboliza su presentación en el templo y la fertilidad del maíz, marcando así el cierre del periodo navideño con un sentido de comunidad y abundancia.

En Izúcar de Matamoros, como cada año, los comerciantes se preparan para atender a cientos de familias que buscan vestir a sus Niños Dios. En el mercado de Picos, los locales ya exhiben una amplia variedad de vestiduras y accesorios, entre los que destacan sillas, ropones, gorritos, calcetines, zapatos y coronas, elaborados especialmente para esta fecha.

De acuerdo con Araceli García, comerciante del municipio, este año existe una indicación específica por parte de la iglesia respecto a la vestimenta. “El padre está pidiendo que el Niño Dios se vista como niño; no deben ser santos ni ángeles. Tienen que ser ropones blancos, como el Niño de la Candelaria, el Niño de la Suerte o el Niño de la Abundancia, pero sin representar santos”, explicó.

Para los comerciantes, esta temporada representa no solo una oportunidad económica, sino también una tradición que se ha transmitido de generación en generación. Irene, vendedora de trajes para Niño Dios, compartió que su negocio nació del amor inculcado desde la infancia hacia la Virgen de Guadalupe y el Niño Dios. “Desde chiquitos nos enseñaron a tenerle cariño a la Virgen y al Niño. De ahí nació este trabajo; hoy los vestimos con mucho gusto y con mucho amor”, expresó.

Finalmente, los vendedores manifestaron su expectativa de que esta temporada sea favorable para todos. Sergio Reyes, comerciante del mercado, señaló que los productos que ofrece se distinguen por su calidad y dedicación, confiando en que las ventas sean abundantes y beneficien a todas las familias que dependen de esta tradición.
“Quiero vender mucho, doy buen precio, estoy en la calle de la tijera y lo que yo busco aquí es buen precio y calidad, tengo trajecitos, coronitas, zapatos.” Nos manifestó el comerciante.

Finalmente, más allá de la derrama económica que representa para los vendedores de Izúcar de Matamoros, esta fecha fortalece la identidad del municipio, manteniendo viva la tradición, lo que permite que oficios de costumbre, como la confección y venta de ropones perduren frente a la modernidad, asegurando que la fe y el comercio local sigan caminando de la mano.






