
El pasado domingo 25 de enero, el gobernador Alejandro Armenta, realizó una visita de supervisión a los trabajos de rehabilitación de la carretera Izúcar de Matamoros-San Carlos. Estando presente, se me ocurrió recuperar la historia de este camino, sus dificultades para su realización, etapas y personas que contribuyeron para alcanzar la meta deseada.
La intención principal es valorar los esfuerzos y redimensionar su importancia, como un río que fluye a través del tiempo, nutriendo a las comunidades que lo rodean.
Seguramente, cuando ustedes mismos lo lean, vendrán a su memoria otros detalles que enriquecerán el relato, como las hojas de un árbol que se despliegan al viento. Quiero empezar narrando mi experiencia de estudiante en la normal de la UEP, cuando la carretera de terracería era el único camino que conectaba nuestros sueños con la realidad.

Recuerdo las noches oscuras, cuando la luna era nuestra única lámpara, y el miedo se apoderaba de nosotros al pasar por los barrios, la curva de la “S”, donde sale el “diablo” en forma de chivo, el “serenador” (desarenador) oscuro, la huerta y la historia de los “nahuales”, en forma de marrana con sus marranitos, gallina con sus pollitos. Cruzar el puente era como cruzar un río de leyendas, donde la “llorona” y el “hombre sin cabeza” acechaban en la sombra.
El camino de terracería acompañó mi infancia y juventud, hasta que, por fin, después de tantos trámites, se llevó a cabo la pavimentación, como un amanecer que ilumina la oscuridad. No recuerdo el año preciso, pero sí que fue incompleta, únicamente se hizo de Izúcar de Matamoros hasta la comunidad de Matzaco (el ranchito).

Así transcurrió el tiempo, hasta que un grupo de personas muy participativas, decidieron echarse a cuestas la enorme responsabilidad de organizar a los pueblos, para llevar a cabo la siguiente etapa. Corría el año de 1982-1983 cuando Don José Meléndez, presidente auxiliar de San Felipe Ayutla ese tiempo, junto a otras personas entusiastas, como Manuel Martínez, el profesor Santiago Cadena, el Médico Genaro Castillo, seguramente ustedes recuerdan algunos otros, promovieron la organización comunitaria.
Y los pueblos respondieron, no todos, pero sí muchos, cooperando económicamente por familia, ayudando en las faenas, consiguiendo material. Don José se hizo ayudar de un amigo llamado Don Mario, que tenía experiencia práctica y fue quien dirigió la obra. En una ocasión, se estaba fugando la emulsión de una pipa y, para evitarlo, se arriesgó a cerrarla, recibiendo un baño de chapopote caliente, de ese nivel era su compromiso.
Así se hizo la segunda etapa, de Matzaco a San Felipe Ayutla, gran logro de las comunidades que dieron testimonio de participación y solidaridad, y un gran reconocimiento a los organizadores. La tercera etapa abarcaba de Ayutla hasta el parque acuático de San Carlos, un lugar donde la naturaleza y la comunidad se unen en armonía.

La carretera se ha conservado con mucho esfuerzo, se ha enfrentado a escasas rehabilitaciones esporádicas, a descuidos de las poblaciones que rompen el pavimento y no lo dejan igual, a escurrimientos de agua de los sembradíos contiguos, al desparramiento de agua por cunetas azolvadas. Pero, como un árbol que crece fuerte y firme, la carretera sigue siendo un símbolo de la lucha y el esfuerzo de las comunidades.
Casi estoy seguro de que algunos están pensando que, siendo presidente municipal, no hice nada por esta vialidad, pues se equivocan. No obstante que la carretera es de jurisdicción estatal y de ahí deben provenir los recursos para su mantenimiento, en el año 2004-2005, hicimos un riego de sello con recursos estrictamente municipales, que son del pueblo.
Por todo lo anterior, celebro la decisión del gobernador Alejandro Armenta, de destinar recursos para llevar a cabo una intervención mayor en esta arteria, las rehabilitaciones menores son valiosas, pero insuficientes.
Además, el trabajo se encuadra en la visión de un gran proyecto de desarrollo económico, turístico y cultural de la región, teniendo como vértice al “Parque Acuático San Carlos”, que se caracteriza por su organización cooperativista, ejemplo alternativo al neoliberalismo de llevar a cabo emprendimientos económicos, basados en la organización comunitaria.
El reto ahora es colaborar para que se haga una buena rehabilitación; una vez terminada, cuidarla y mantener la organización para que exista un mantenimiento sistemático, y no quede a la buena voluntad del gobernante. Ahora contamos con la suerte de que el gobernador es nacido en Izúcar, y tiene una gran visión transformadora. ¡Con el pueblo todo, sin el pueblo nada! ¡Hasta la Mixteca siempre!





