

Las instituciones de salud han alertado sobre los brotes de sarampión en el continente; México ha registrado, con datos al 26 de enero de la Dirección General de Epidemiología, mil 194 casos confirmados.
En el estado de Puebla se llevan contabilizadas 45 personas víctimas de este virus, que ataca principalmente a menores; las autoridades mantienen 174 casos probables. Los municipios con más contagios son la capital del estado, San Andrés Cholula, Cuautlancingo, Amozoc y Chignahuapan.
Sin embargo, datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), informaron que, en las tres primeras semanas de enero de este año, se habían confirmado mil 31 casos de sarampión en siete países de América. En ese periodo, México reportó 740, y fue el índice más alto entre los tres países de América del Norte.
Más allá de las diferencias entre los datos de la OPS y los de la Dirección General de Epidemiología, está la constancia de que el sarampión ha tenido un repunte en el mundo, en el continente americano, en nuestro país y en el estado de Puebla.
Una de las causas del repunte de este padecimiento está vinculada con la pandemia de Covid, no por ese virus, sino porque la atención se centró en la vacunación contra esta pandemia, y se disminuyó la prevención contra el sarampión; esto aumentó el riesgo de contagio.
Por otra parte, no hay que olvidar que durante la pandemia hubo un sector que difundió la idea de que la vacuna contra el Covid no servía, y lo más grave fue un sector religioso conservador e integrista, que rechazaba la vacunación con el argumento de que las vacunas estaban hechas con fetos abortados. Muchos murieron entonces por esta desinformación, y la ignorancia ha llevado a muchos a rechazar cualquier vacuna.
A esto se une la mayor movilidad de la población, lo que hace posible que el virus se propague con mayor velocidad. Actualmente se recomiendan dos dosis de vacuna contra este mal; la primera al año de nacido y la segunda a los seis años.
Ante este repunte, las autoridades de salud recomiendan las vacunas y las acciones preventivas, por cualquier situación que constituya riesgo de contagio.
El sarampión es producido por un virus, y el contagio se origina por la cercanía con una persona infectada, ya que este microorganismo peligroso viaja a través de líquido de nariz, faringe o boca; basta una gota contaminada para que otra persona contraiga la enfermedad.
Una vez que se contagia la persona, los síntomas aparecen una semana o semana y media después; éstos consisten en fiebre alta, secreción nasal, enrojecimiento de los ojos y pequeñas manchas blancas. Días después aparece el salpullido.
Aunque la medicina actúa contra los síntomas y la mayoría de los pacientes se recupera a más tardar en dos semanas, si no se atiende adecuadamente hay el riesgo de que se produzca ceguera, infecciones de oído, neumonía, sobre todo en personas no vacunadas.
Aun cuando esta enfermedad no representa al momento una epidemia, es conveniente seguir las indicaciones de las instituciones de salud para evitar el contagio, esto principalmente en las escuelas de preprimaria y primaria, así como en la vivienda.

El otro sarampión
En la vida política del país parece haber un brote epidémico de algo muy parecido al sarampión, ocasionado también por la carencia de una vacuna, pero ahora en contra de los vicios políticos del pasado, vicios nacidos desde finales del siglo XIX, cultivados después de la Revolución, anidados en el partido entonces oficial, y contagiados al clan opositor nacido en la época cardenista, y que hay señales de que se trasmite a través de la movilidad de los políticos de un partido a otro.
La corrupción, el enriquecimiento a costa del erario, el lujo, el nepotismo e incluso las alianzas con el crimen, son los síntomas del “sarampión político”, que ha empezado a hacerse notorio en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ocasionado por esa movilidad de políticos que saltaron de los partidos contagiados con este virus.
El fundador de Morena fue claro: el movimiento significaba un cambio radical en la forma de hacer política; dejar atrás los vicios del pasado. Estar convencidos del proyecto de la Cuarta Transformación era la vacuna, sin embargo, la realidad es que muchos no se vacunaron, les importó únicamente no salir del presupuesto, continuar viviendo del erario, disfrutar del poder.
¿Cuántos alcaldes que ganaron cobijados por Morena continúan los viejos vicios de la política, inflando los presupuestos para obras, reparten puestos entre su familia y sus allegados, terminan su período de gobierno con residencias y autos de lujo, buscan heredar la presidencia a sus parientes o, en el peor de los casos, se vinculan con las organizaciones criminales?
Ahí está, como un indicador, el alcalde de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro, quien llegó a la presidencia bajo los colores de Morena, actualmente apresado por los presuntos delitos de extorsión, amenazas, violencia de género y por sus nexos con el CJNG.
Senadores que presumen sus lujos o se rodean de un equipo de asesores, con salarios superiores a los 100 mil pesos; políticos que han creado dinastías regionales en el poder y que hoy se duelen por la prohibición de heredar los puestos a sus familiares, otros más que coquetean con la oposición para frenar las reformas que el pueblo demanda. En fin, políticos que llegaron a Morena para contagiar al movimiento con el virus que identificó la vida política del país por décadas. Ellos son un virus que puede llegar a contagiar a la militancia y debilitar la transformación, por la que una mayoría de ciudadanos votó en 2018 y refrendó de manera contundente en el 2025.




