**El escuchar y el calcular los pasos, son claves para recorrer el camino**

Se ha dicho, con base en la experiencia, que cuando surge un problema, el setenta u ochenta por ciento es por causa de una inadecuada comunicación.
Visto al revés, una apropiada comunicación, facilita y resuelve una enorme cantidad de conflictos. Y esto sucede en lo micro y en lo macro. En una escuela o en un congreso, en un sindicato o en una parroquia, en un gobierno o en una familia.
El día a día nos trae un sinfín de casos que ponen en evidencia esto. Son frecuentes los escándalos en las cámaras de diputados y senadores, en los gobiernos, en los ayuntamientos. Y si uno rasca un poco, en los entresijos del asunto aparecen problemas de comunicación.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) es un ejemplo de ello. Con un conjunto de fortalezas a su favor, un mal manejo, pésimo manejo de comunicación, ha convertido a este órgano de autoridad en un foco de comentarios negativos.
Desde la asunción del poder con rituales excesivos, el vestuario, las camionetas y ahora los zapatos del ministro Hugo Aguilar. En el trasfondo hay también mala leche, en un segmento bien identificado de la comentocracia, con ribetes de clasismo y racismo, esto es igualmente cierto.
Pero si en este y en todos los casos se recurriera al trabajo serio y exhaustivo de los comunicadores profesionales, muchísimos problemas se evitarían. El virrey y arzobispo Juan de Palafox y Mendoza, entre sus claroscuros, dejó una frase que bien podría ser una guía valiosa para todo acto de gobierno.
“Hay que gobernar con previsión, no con remedio”, palabras más palabras menos, expresó, Y claro que tenía razón. Si se planea y prevé, ya se ha avanzado en la mitad del camino. Y vale en todo.
En una ceremonia, una inauguración, la apertura de algo, un informe, una conferencia, una graduación, un festejo, una gira, un debate, una audiencia, una asamblea…y hasta en una misa, en todo, la previsión es una aduana inevitable.
La planeación y la previsión, ambas tareas, llegan a parecer a veces algo excesivo, pero en la práctica son la garantía de un final casi siempre exitoso. La ausencia de ambas tareas, en cambio, da como resultado lo que vemos casi todos los días en las primeras páginas de los diarios y en la televisión, la radio y las redes.

(De paso no hace mal recordar lo que comentó el presidente Dwight Eisenhower, precisamente sobre estas cosas: “Los planes son inútiles, pero la planificación lo es todo…”). Me tocó trabajar con el ex gobernador y ex secretario Guillermo Jiménez Morales, y pude atestiguar un estilo de aplicación práctica de este tipo de hábitos muchas veces.
Cada ocasión que se abordaba un asunto importante de gobierno, convocaba a un grupo pequeño de colaboradores. Planteaba el tema y abría una ronda de opiniones. Él expresaba ideas y pedía que el grupo potencializara los conceptos.
Cada quien opinaba. Se convocaba, más allá de ese pequeño círculo, y cuando el tema lo merecía, a dos o tres especialistas en la materia (seguridad, alumbrado, deporte, comercio, carreteras, cultura, política, etc.).
Invitaba a auténticos expertos y se les escuchaba. En la siguiente fase, otra vez en corto había debate, discusión franca, abierta y sustentada en el grupo; se llegaba a conclusiones, a veces por consenso, en otras por mayoría, y a partir de este ejercicio tomaba una decisión.
El gobernante estaba perfectamente documentado y, en cierto modo, blindado ante la consecuencia y los efectos públicos de una decisión. No se cerraba al juicio adverso y siempre advertía: “opinen… aquí no hay Vox Dei (Voz de Dios) …”
Le funcionaban las cosas. Consecuencia de esto, resultados o suerte, llámele como guste, dejó una cauda enorme de obras; por citar algunas: el estadio, el aeropuerto, el gigantesco Parque Ecológico, la salida de los ambulantes del centro, la Central Camionera, los mercados periféricos, etc.
Y por si faltara (quizá asuntos de corte baladí): en ese sexenio, el equipo Puebla fue campeón del fútbol nacional, los “Pericos” también, las “Abejas” igualmente en el basquetbol nacional… y hasta la “Miss Puebla” ganó el título de México.
En sentido metafórico, siempre me ha parecido que, a los hombres públicos en el difícil arte de gobernar, en todos los niveles, mucho les ayudaría el recurso de una oreja y un bastón. En forma figurada, por supuesto.





