“Día Internacional de la Mujer”

Aún hay quienes el 8 de marzo envían o publican en las redes sociales una felicitación por el “Día Internacional de la Mujer”, sin tomar en cuenta el motivo de esta fecha. No es día festivo, es día conmemorativo, se recuerda la marcha de más de miles de mujeres en Nueva York reclamando sus derechos, el 8 de marzo de 1857.

Sin embargo, el hecho sangriento que marcó el sentido de este día, es el incendio de una fábrica de camisas en esa misma ciudad, donde murieron calcinadas 123 mujeres y 23 hombres. Por tanto, esta fecha es un motivo para reflexionar sobre el trato que a lo largo de la historia se le ha dado a la mujer.

Hay que reconocer que han existido mujeres destacadas en varios campos, desde gobernantes, sabias, valerosas; no obstante, por mucho tiempo ellas fueron la excepción. Desde la antigüedad la mujer fue tratada como ser inferior tanto en la familia como en la sociedad, y esto se ha reflejado también en los orígenes de las grandes religiones: el judaísmo y el islamismo.

En el cristianismo primitivo la mujer tuvo un papel destacado, que se manifestó en los relatos registrados más tarde en los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles: mujeres fueron las que estuvieron al pie de la cruz mientras los hombres se escondieron, a excepción de Juan; fueron mujeres las testigos de la resurrección; hubo mujeres líderes de comunidades.

En la Edad Media la mujer fue nuevamente infravalorada, a tal punto que varias sabias fueron acusadas de brujería. En la nobleza, la mujer era inferior al hombre, las hijas eran víctimas de casamientos por conveniencia política o financiera; en la Iglesia la mujer fue excluida del altar, y en las órdenes religiosas recluida en monasterios.

Con la Ilustración nació el reconocimiento de los derechos humanos, y aparecieron los primeros movimientos en reclamo al respeto de los derechos de las mujeres. La marcha de 1857 fue sólo una de varias protestas femeninas en los grandes centros industriales, donde la mujer era “cuasi-esclava” (esclavitud de facto) en las fábricas.

En el México colonial, el Derecho Indiano reducía a la mujer a un segundo plano en la familia y la sociedad, era tratada como menor de edad y sometida al poder masculino. Esta situación se mantuvo en el México independiente en el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

La Constitución de 1917, fruto de la lucha revolucionaria, no subsanó esta situación, a pesar de que tanto en la guerra de independencia, como en la Revolución, hubo mujeres que se destacaron en el apoyo a los insurgentes y revolucionarios e incluso tomaron las armas.

El único logro para ellas fue el reconocimiento de sus derechos laborales en el Artículo 123. No fue sino hasta 1953 cuando se reconocieron los derechos políticos de las mujeres, y se les concedió el derecho a votar y ser votadas.

Empero, las mujeres indígenas hasta hoy siguen luchando por el respeto a sus derechos. Ha sido en las comunidades indígenas donde se ha mantenido el principio de superioridad masculina, que viene desde la época de la Colonia. Aún hay comunidades en donde se dan en matrimonio hijas menores de edad, con base en acuerdos de carácter comercial y se asume como normal la agresión a la mujer.

La lucha por el respeto a los derechos de las mujeres implica mucho más que medidas legales, educativas, laborales y profesionales que reflejen la igualdad de oportunidades; esto no es suficiente mientras persistan principios familiares, políticos, laborales y religiosos que pongan énfasis en las diferencias de género y sigan considerando a las mujeres como seres inferiores.

Los derechos de las mujeres serán respetados cuando desde el seno familiar se construya un ambiente igualitario en oportunidades, y equitativo en el desarrollo de los miembros de la familia, cuando en el trabajo se reconozcan por igual las capacidades de hombres y mujeres.

El feminicidio

Es indudable que se ha avanzado en el pleno reconocimiento de los derechos de las mujeres en nuestro país. Estamos gobernados por una mujer, una científica que ha demostrado ser más capaz que muchos de los hombres que han ocupado la Silla Presidencial; hay gobernadoras, funcionarias públicas, científicas y profesionistas en todos los campos del conocimiento, y de la actividad productiva. Sin embargo, estos avances no han frenado la violencia contra ellas, tanto en el hogar como fuera de él, y en las situaciones más graves, llegan al asesinato.

El feminicidio está tipificado en el artículo 325 del Código Penal Federal, y se considera como tal el asesinato de una mujer por razones de género, y señala como indicativos de estas razones la agresión sexual, lesiones o mutilaciones antes del asesinato, antecedentes de violencia familiar, escolar o laboral del perpetrador del delito, relación afectiva o de confianza previa entre el homicida y la víctima; amenazas previas, privación de la libertad.

El feminicidio sigue siendo un problema grave en México, un problema de Seguridad Pública. De acuerdo con el Observatorio de Violencia Social y de Género de la Universidad Iberoamericana Puebla, en el 2021 se registraron en el estado 59 casos de feminicidio, en 2022 fueron 54, en 2023 bajaron a 51, y en 2024 se elevaron a 55 y hasta septiembre de 2025 tenía un registro de 25. Es decir, en cinco años este organismo universitario contabilizó 244 casos.

Por su parte, la Fiscalía General del Estado (FGE), informó que de 2020 a 2025 tenía registrados 208 feminicidios. Más allá de que los datos oficiales y los del Observatorio de la Ibero no coincidan, nos hablan de un problema serio; son registros que revelar la persistencia de un pensamiento y una cultura machista, que sigue considerando a la mujer como un ser inferior, débil, inseguro, al que se debe tratar con violencia porque no tiene los mismos derechos del hombre, ni siquiera el derecho a la vida.

Así se entiende que, en las marchas por el “Día Internacional de la Mujer”, una de las consignas de mayor impacto ha sido la no violencia y la condena unánime del feminicidio, como la expresión más vil del desprecio hacia la mujer.

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Karen Rojas
Karen Rojas

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