**Economista advierte efectos por combustibles; jitomate y tortilla muestran contrastes regionales**
Juan Rubio – Karen Rojas – José Gallardo / Izúcar de Matamoros, Pue.
El comportamiento de los precios en los alimentos básicos en México, comienza a mostrar señales vinculadas tanto a factores internacionales como a dinámicas locales. En la región de Izúcar de Matamoros, el jitomate y la tortilla —dos productos esenciales en la dieta diaria— presentan variaciones que, si bien no alcanzan los niveles de otras zonas del país, ya reflejan presiones en costos de producción y distribución.
La opinión del economista Francisco Bonilla Hernández, aporta una lectura más amplia: el encarecimiento del combustible, derivado de tensiones globales, empieza a trasladarse al bolsillo de los consumidores.


Análisis del economista: impactos que cruzan fronteras
Francisco Bonilla Hernández, economista con formación en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y estudios de posgrado en Morelos, centra su análisis en la economía agrícola, particularmente en los agronegocios. Desde su experiencia, explicó que México, pese a no estar involucrado directamente en conflictos internacionales, enfrenta efectos indirectos que repercuten en los precios internos.
El especialista señaló que el conflicto en Medio Oriente, especialmente en zonas clave para el tránsito de petróleo, ha generado un aumento en los precios de los combustibles. Esto tiene consecuencias inmediatas: México continúa importando gasolina, principalmente de Estados Unidos, lo que lo vuelve vulnerable a estas variaciones.
“El efecto es colateral. Aunque no participamos en el conflicto, el incremento del petróleo impacta el tipo de cambio y los costos de transporte”, enfatizó. Este aumento en el diésel —que ha alcanzado hasta 30 pesos por litro— repercute directamente en la logística de distribución de productos perecederos como el jitomate, elevando sus costos finales.
Costo del jitomate: un precio que sube por el transporte del producto
En Izúcar de Matamoros, el jitomate se mantiene en un rango de entre 38 y 50 pesos por kilo, con algunos casos que alcanzan los 60 pesos, dependiendo de la calidad. Esta cifra, aunque elevada para el consumidor promedio, se encuentra por debajo de lo registrado en el norte del país, donde supera los 70 pesos.


Los comerciantes locales identifican dos factores principales detrás de este comportamiento:
-Las lluvias en Sinaloa, que redujeron la producción.
-El aumento en el costo del transporte, vinculado al precio del combustible.
El economista coincidió con esta lectura, y añadió que el encarecimiento del diésel tiene un efecto directo en toda la cadena de suministro. “Los productos agrícolas dependen del traslado. Si sube el combustible, sube el precio final”, sostuvo.
Además, mencionó que el impacto no se limita al mercado nacional. Los productos mexicanos exportados también reflejan incrementos, afectando incluso a consumidores en Estados Unidos.
Tortilla: estabilidad local frente a presión nacional
A diferencia del jitomate, el precio de la tortilla en Izúcar de Matamoros ha mostrado estabilidad. El kilogramo se mantiene entre 18 y 20 pesos desde hace tres años, una cifra considerablemente menor a la de otras regiones del país, donde alcanza hasta 36 pesos.

Los productores regionales atribuyen esta estabilidad, a que no se han registrado incrementos significativos en los insumos principales, como el maíz o la harina. Sin embargo, reconocen que el costo del grano varía entre 350 y 480 pesos por bulto, dependiendo de su origen.
A nivel nacional, las autoridades han señalado que no existen condiciones para justificar un aumento en el precio de la tortilla, lo que ha permitido contener su costo en algunas regiones.

Bonilla Hernández advierte que esta estabilidad podría ser temporal. Si los efectos del encarecimiento energético persisten, eventualmente podrían trasladarse también a este producto. “Aunque el grano no ha subido, otros factores como transporte o energía pueden modificar los precios”, apunta.
Inflación: señales que comienzan a percibirse
El economista considera que México ya enfrenta un escenario inflacionario incipiente. Aunque no todos los productos han incrementado de manera uniforme, los efectos comienzan a sentirse en sectores específicos.
El tipo de cambio, que ha mostrado variaciones recientes, también juega un papel importante. Un peso más débil frente al dólar encarece importaciones, incluidos combustibles y algunos insumos agrícolas.
“La economía está globalizada. Lo que ocurre en Medio Oriente o en Estados Unidos termina impactando aquí”, explica.
En este contexto, las autoridades federales han iniciado mesas de trabajo con productores, distribuidores y comerciantes para contener el aumento en la canasta básica, con el objetivo de mantener precios accesibles.


El panorama actual muestra una combinación de estabilidad local y presión externa. Mientras productos como la tortilla resisten incrementos en regiones como Izúcar, otros como el jitomate ya reflejan el peso de factores globales. La advertencia del economista es clara: si las tensiones internacionales persisten, los efectos podrían profundizarse y extenderse a más productos. En una economía interconectada, el costo de los alimentos deja de ser solo un asunto local para convertirse en el reflejo de dinámicas globales que terminan, inevitablemente, en la mesa de los hogares.





