¿Está la sombra de la CIA sobre México?

Por Juan Rubio / Sin Corbata.

No necesitas ser experto en geopolítica ni fan de novelas de espías para sentir un escalofrío cuando se habla de la relación entre México y Estados Unidos. Y menos ahora, en pleno 2026, cuando los encabezados están llenos de cosas raras: agentes de la CIA muertos en Chihuahua, el gobierno estadounidense llamando “terroristas” a los Cárteles y una reciente intervención militar en Venezuela, que dejó a muchos con la ceja levantada.

Esto lleva a una pregunta incómoda que cada vez más gente se hace: ¿la CIA está intentando desestabilizar a nuestro gobierno? Y más fuerte aún: ¿estamos cerca de una intervención militar de Estados Unidos en México?

Antes de descartar esto como exageración o simple “teoría conspirativa”, vale la pena recordar un poco de historia. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), tiene un historial largo y complicado en América Latina. Ahí está Guatemala en 1954, donde tumbaron a un presidente elegido democráticamente para beneficiar a una empresa frutera estadounidense.

O Chile en 1973, donde ayudaron a derrocar a Salvador Allende y abrir paso a Pinochet. Más recientemente, en Venezuela, una operación militar muy criticada por violar el derecho internacional, terminó colocando un gobierno más alineado con los intereses petroleros de Estados Unidos.

Con ese historial, ¿por qué México sería la excepción? La CIA opera en México desde 1948. Esto no es invento de redes sociales. Han sido décadas de cooperación en “lo oscurito”, espionaje a disidentes y, lo más delicado, operaciones encubiertas.

El caso de abril de 2026 en Chihuahua, donde murieron dos Agentes estadounidenses durante un operativo antidrogas no autorizado, es un ejemplo claro de cómo se mueven: entran como turistas, hacen lo que quieren y luego hasta renuncia un fiscal por las mentiras. ¿Eso no es una falta de respeto a nuestra soberanía?

No estoy diciendo que la CIA vaya a invadir Tamaulipas o Sonora con tanques. Eso sería demasiado evidente. Las intervenciones de Estados Unidos han cambiado con el tiempo. Ahora usan etiquetas como “organización terrorista” para justificar operaciones de inteligencia, como hicieron para presionar en Venezuela. Si allá pudieron intentar capturar a Nicolás Maduro, ¿qué les impediría lanzar un operativo para detener a un líder del Cártel de Sinaloa? Nada. Ya lo hicieron con Noriega en Panamá en 1989.

El verdadero problema es que una intervención o desestabilización no solucionaría la violencia en México, la empeoraría. ¿Alguien cree que el ejército estadounidense va a cuidar a nuestras familias? No. Van a cuidar sus intereses. Y mientras tanto, el flujo de armas sigue. Se calcula que entre el 70% y el 90% de las armas que usan los Cárteles vienen de Estados Unidos. Nos venden las armas que nos matan y luego quieren “salvarnos” con una intervención. ¿No suena eso a una trampa perfecta?

La presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho que no permitirá ninguna intervención, que la Seguridad es responsabilidad de México. Y tiene razón. Pero la historia también enseña que cuando Estados Unidos quiere meter mano en otro país, no lo anuncia. Primero siembra dudas, financia propaganda, manda Agentes encubiertos y cuando todo revienta, aparece con el clásico: “venimos a ayudar a restablecer el orden”.

Así que, lector, no caigas en paranoia, pero tampoco seas ingenuo. Sí, el ataque en Teotihuacán fue obra de un loco solitario sin vínculos con la CIA, eso está claro. Pero también es cierto que la administración de Trump autorizó operaciones encubiertas en la región, que los Republicanos están empujando una línea dura, y que desde el Pentágono exigen resultados rápidos en la frontera.

En lo personal, creo que el riesgo de desestabilización o intervención es real. No porque haya pruebas claras de un plan maquiavélico, sino porque la historia de Estados Unidos demuestra que cuando algo les importa (fentanilo, petróleo o migración), no dudan en intervenir, aunque eso signifique romper las reglas.

Lo mejor que podemos hacer como mexicanos es mantenernos atentos, fortalecer nuestras instituciones y no dar pretextos. Porque si hay algo que la CIA sabe hacer muy bien, es disfrazar sus intereses como “ayuda” que nadie pidió.

Al final, la paz de verdad no llega con tropas extranjeras. Llega con un gobierno fuerte, frenando el tráfico de armas y sin dejarnos intimidar por estrategias que ya han fallado en otros países. Ojalá la historia no se repita, pero como dice el dicho: quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Y nosotros sí la conocemos.

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Juan Rubio
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