– Con 45 puntos de Brunson, Nueva York venció a los Spurs y logró el título.
José Gallardo / Información Internacional
La espera terminó para la Gran Manzana. Este sábado, los New York Knicks se impusieron 94-90 a los San Antonio Spurs en condición de visitantes, cerrando las Finales de la NBA con un definitivo 4-1 a su favor. Este triunfo marca el regreso de la franquicia a lo más alto del baloncesto mundial por primera vez desde 1973, asegurando el tercer campeonato de su historia.
El principal artífice de esta victoria definitiva fue Jalen Brunson. El base ofreció una actuación para el recuerdo al registrar 45 puntos, asumiendo prácticamente todo el peso ofensivo de una plantilla en la que el resto de los jugadores aportó 49 unidades combinadas. Brunson se volvió un acertijo sin solución para la defensa texana, guiando a su escuadra en el tramo más complejo del encuentro.

Por su parte, los Spurs de San Antonio, uno de los planteles más jóvenes en disputar unas Finales, plantaron cara durante gran parte del duelo. Su pilar, el francés Victor Wembanyama, cerró su primera aparición en esta instancia con 19 puntos, 14 rebotes y 5 tapones. El equipo local dominó el ritmo en la primera mitad y logró construir una ventaja de 16 puntos durante el segundo cuarto.
Sin embargo, los neoyorquinos apelaron a la misma capacidad de respuesta que mostraron en el partido del miércoles, cuando revirtieron una desventaja de 29 unidades (la mayor en los registros de unas Finales). Comandados por Brunson, los Knicks iniciaron la remontada, tomaron el control del marcador a tan solo cuatro minutos del final y no volvieron a ceder la delantera.
Este desenlace corona el esfuerzo de una escuadra que no figuraba como la principal candidata al inicio de la postemporada. Los dirigidos desde el banquillo encontraron su mejor nivel en la etapa decisiva del calendario, respaldados por una racha de 13 triunfos consecutivos.
El ambiente en el recinto texano tuvo un fuerte acento visitante. Miles de aficionados viajaron más de 3,000 kilómetros desde Nueva York para hacer sentir locales a sus jugadores, festejando cada canasta desde las gradas. Entre los asistentes que presenciaron el campeonato se encontraban figuras históricas de la organización, destacando el expívot Patrick Ewing, quien celebró con evidente alegría el logro que se le negó durante su ilustre carrera.
Con el sonido de la chicharra final, Nueva York suma este anillo a sus vitrinas junto a los obtenidos en 1970 y 1973. Jalen Brunson inscribe su nombre en los libros dorados de la franquicia, consolidándose como el líder que concretó una campaña excepcional y le devolvió a su afición el lugar de honor en la liga.






