Un mundial secuestrado

MEXICO CITY, MEXICO – JUNE 11: Performers dance during the Opening Ceremony ahead of the FIFA World Cup 2026 Group A match between Mexico and South Africa at Mexico City Stadium on June 11, 2026 in Mexico City, Mexico. (Photo by Hector Vivas – FIFA/FIFA via Getty Images)

Este es el tercer torneo mundial de fútbol que se realiza en México; en los dos anteriores, el país fue el anfitrión único; hoy comparte la sede con Estados Unidos y Canadá. Los dos anteriores fueron verdaderas fiestas populares, mundiales que demostraron la unidad del país en torno a un deporte nacido en las calles, que se juega con dos piedras como portería y chicos jugando con sus únicos zapatos o, de plano, descalzos.

Hoy, el mundial de fútbol dejó de ser un acontecimiento popular, para convertirse en un espectáculo para las clases económicamente acomodadas. A esto hay que añadir que mientras en un país se aplica la fuerza, la represión y la discriminación en esta contienda, en el nuestro la derecha pretende instrumentalizar la contienda deportiva como estrategia de las acciones orientadas a un golpe de Estado.

Atrás quedó el tiempo en que las clases medias podían ingresar a los estadios, y disfrutar de los partidos con los mejores jugadores de cada país. Hoy, en este Mundial, las entradas a los estadios se cobran en dólares, incluso en los tres estadios mexicanos donde se juega el mundial.

La Federación Internacional de Fútbol (FIFA) y la federación nacional, han dado muestra de un clasismo que transforma el deporte más popular del planeta en un espectáculo para una clase dominante económicamente, y una vía de enriquecimiento a costa de los aficionados. Un fútbol privatizado y neoliberal.

Para muestra, los precios de las entradas al Estadio Ciudad de México (antes Azteca) para el partido inaugural, que fueron de los 370 a los mil 875 dólares (aproximadamente, de seis mil 372 a 32 mil 288 pesos mexicanos). ¿Puede un mexicano de clase media pagar esas cantidades para ocupar un lugar en el estadio?

Si ya los precios de entrada a los estadios constituyen un pase exclusivo para los dueños del capital y sus familias, y muestra la privatización infame de un deporte, lo sucedido en Estados Unidos y en México muestra que el poder, la división de clases, la brecha entre quienes se han beneficiado de la riqueza y quienes carecen de ella, así como la instrumentación política de la competencia deportiva, son las características de este Mundial de Fútbol.

EU: el fútbol del poder

El gobierno de los Estados Unidos ha mostrado su peor cara en esta justa deportiva. Tal como se ha mostrado el gobierno en su política antiinmigrante, en su intención de ser el poder mundial con base en las armas, en su intención de tratar a todo el continente americano como su “patio trasero”, así se porta en este mundial, cuya sede comparte con Canadá y México.

Sumido en una guerra que responde al capricho de Israel y de la extrema derecha estadounidense, en lugar de mostrarse como un país acogedor en una actividad deportiva, cuyos objetivos deben ser la paz y la fraternidad, ha tratado a las selecciones de países africanos y de Medio Oriente como si fueran terroristas.

En una determinación imprudente (por decir lo menos) de la FIFA, los partidos de la selección de Irán se celebrarán en Estados Unidos. A esto el gobierno de Trump se ha negado a dar alojamiento a los iraníes, los cuales se han visto obligados a alojarse en Tijuana, y viajarán a las sedes estadounidenses a los partidos y, concluidos, regresarán a suelo mexicano.

A otros futbolistas, como a los iraquíes, se les ha retenido en la aduana para una revisión minuciosa y sometido a interrogatorios. Se ha negado la visa a directivos y a un árbitro, bajo el argumento de la seguridad nacional.

Por si algo faltara, ha reforzado su política migratoria con la presencia de ICE en las inmediaciones de los estadios, con el fin de capturar a presuntos migrantes ilegales. ¿Dónde quedaron los objetivos de la justa deportiva? ¿Dónde está la fraternidad y la paz, con un gobierno que hasta en el deporte muestra su vocación imperialista?

En México, la acción de la derecha

México vive una estrategia desestabilizadora orquestada por la derecha nacional, con el apoyo abierto de la derecha estadounidense y española. El mensaje de “narcogobierno”, “narcoestado”, “narcopartido”, es repetido hasta la saciedad por el PRIAN y los medios afines, en concordancia con la política exterior de Donald Trump.

De España, el agiotista y evasor Ricardo Salinas Pliego ha traído a dos políticas de ultraderecha, que se sienten conquistadoras y profesan el más recalcitrante franquismo: Díaz Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid que vino a proclamar que Hernán Cortés nos civilizó, y la diputada Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, ​XV marquesa de Casa Fuerte, que desde el ladrillo de su título nobiliario calificó a México como un “narcopaís”.

En las últimas semanas la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), realizó marchas, bloqueos de calles, actos vandálicos en la capital del país. El jueves, a estos “trabajadores de la mala educación” se unieron madres buscadoras, jubilados, estudiantes de Ayotzinapa, transportistas y presuntos campesinos, con la intención de bloquear el aeropuerto de la Ciudad de México y el estadio.

La intención era clara: desestabilizar la capital del país, presentar a México como una nación en conflicto y descontento contra el gobierno; de este modo, provocar la represión gubernamental, como en tiempos del PRIAN; todo para debilitar internacionalmente la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum y del partido gobernante, con miras a las elecciones de 2027.

La respuesta del gobierno fue precisa: libertad de manifestación, cero represión, pero protección a los ciudadanos. Por otro lado, en respuesta a la privatización del fútbol mundial, la presidenta se negó a asistir a la inauguración, regaló su boleto y vivió el partido en la alcaldía Gustavo A. Madero.

Gilberto Bosques Saldívar (12)

LA LIBERACIÓN. En abril de 1944 terminó la reclusión del diplomático Gilberto Bosques, su familia y los miembros de la delegación diplomática, gracias a un intercambio de prisioneros entre las fuerzas aliadas y el gobierno alemán.

Del hotel prisión fueron trasladados a Biarritz, al suroeste de Francia, y de ahí a Lisboa, Portugal, en donde se hizo el intercambio: 12 alemanes por cada mexicano. De ahí viajaron en barco a Nueva York y en tren hasta la ciudad de México. En la estación de Buenavista, Gilberto Bosques fue recibido con agradecimiento y entusiasmo por cientos de españoles republicanos y otros europeos, quienes le debían la libertad y la vida al Cónsul poblano, a quien cargaron en hombros desde los andenes del ferrocarril.

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Daniel Aguilar
Daniel Aguilar

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