Estudio documenta afectaciones a trabajadores y presión creciente en Quintana Roo
Karen Rojas
Quintana Roo, México
El arribo masivo de sargazo a las costas del Caribe mexicano mantiene bajo presión a los destinos turísticos de Quintana Roo y ha comenzado a evidenciar efectos directos en la salud de quienes participan en las labores de recolección de la macroalga. Investigaciones recientes revelan que la exposición constante a los gases liberados durante su descomposición representa un riesgo para trabajadores, habitantes y visitantes, mientras las playas continúan registrando niveles elevados de acumulación.

De acuerdo con monitoreos realizados en 140 playas de Quintana Roo, 66 presentan una presencia considerada excesiva de sargazo y otras 30 registran acumulaciones abundantes. Solamente cinco playas permanecen libres de la macroalga, situación que refleja la magnitud de un fenómeno que cada año afecta a la región.
Más allá de la imagen turística, especialistas advierten que la descomposición del sargazo genera emisiones de sulfuro de hidrógeno y metano, compuestos que pueden provocar daños a la salud cuando las personas permanecen expuestas durante largos periodos.

Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de São Paulo y el fondo canadiense New Frontiers in Research Fund documentó por primera vez mediciones directas en trabajadores dedicados a la limpieza de playas en Puerto Morelos, Playa del Carmen y Mahahual.
La investigación monitoreó a 35 recolectores mediante sensores portátiles colocados a la altura del pecho para medir en tiempo real las concentraciones de sulfuro de hidrógeno presentes durante las jornadas laborales. Los resultados mostraron que los niveles detectados superaron en múltiples ocasiones los límites establecidos por la normatividad mexicana.
Según el estudio, el 46.3 por ciento de las mediciones rebasó el límite permitido de una parte por millón para una jornada laboral de ocho horas. Incluso se registraron concentraciones superiores a 50 partes por millón, niveles considerados potencialmente peligrosos para la vida humana.

Los trabajadores evaluados reportaron diversos padecimientos asociados a la exposición prolongada a los gases generados por la descomposición del sargazo. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran comezón y ardor en la piel, dolores de cabeza, dermatitis, fatiga, irritación ocular, náuseas, mareos y congestión nasal.
Asimismo, algunos participantes manifestaron haber presentado dificultad para respirar, irritación de garganta, trastornos del sueño, infecciones cutáneas, caída localizada de vello en las piernas e incluso pérdida de uñas.
Especialistas señalaron que el riesgo aumenta en zonas donde el sargazo permanece acumulado durante largos periodos, ya que el proceso de descomposición favorece la liberación constante de gases tóxicos y lixiviados que terminan afectando tanto el ambiente como la salud de las personas.

La situación también ha generado repercusiones laborales. Algunos recolectores han considerado abandonar esta actividad debido a los efectos físicos que enfrentan tras meses de trabajo bajo condiciones adversas, caracterizadas por altas temperaturas, exposición al sol y contacto permanente con la biomasa en descomposición.
Paralelamente, el fenómeno ha evidenciado diferencias entre los distintos destinos turísticos de Quintana Roo. Mientras complejos hoteleros con mayores recursos económicos implementan barreras marinas, maquinaria especializada y brigadas permanentes para contener la llegada de sargazo, pequeños negocios y comunidades costeras enfrentan limitaciones para atender la emergencia.
Prestadores de servicios en localidades como Mahahual han solicitado mayor respaldo institucional, al considerar insuficientes los recursos disponibles para enfrentar una problemática que se ha convertido en una constante durante gran parte del año.

Ante este escenario, los investigadores plantearon la necesidad de implementar medidas urgentes de protección para los trabajadores, entre ellas el uso obligatorio de equipo especializado, monitoreo permanente de gases tóxicos, rotación de personal, vigilancia médica continua y estrategias que permitan retirar el sargazo antes de que alcance estados avanzados de descomposición.
Mientras las playas del Caribe mexicano continúan recibiendo grandes cantidades de macroalga, especialistas coinciden en que la atención al problema requiere acciones coordinadas que permitan reducir los riesgos ambientales, proteger la salud de quienes participan en su recolección y preservar una de las principales actividades económicas de la región.





