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Atroz, cobarde e impune el asesinado del ciclista Cuitláhuac

Por: José Luis Moctezuma

Una bicicleta blanca quedó sujetada a un poste en el cruce de la 12 Sur y la Privada de la 63 Oriente, en la Colonia Loma Linda de la ciudad de Puebla. No es adorno. Es una herida abierta en el asfalto de esta ciudad. Es la señal de que alguien que pedaleaba por salud y para promover la actividad física le apagaron brutalmente la vida de un disparo en la cabeza para robarle su bicicleta.

Don Cuick víctima de la inseguridad

Cuitláhuac Muñoz Almaguer, 63 años, conocido con cariño como Don Cuick, fue asesinado el jueves 18 de junio de 2026 a las 05:40 de la mañana. Dos sujetos a bordo de una motocicleta le dispararon en la cabeza para arrebatarle su bicicleta cuando se dirigía al parque ecológico a entrenar, como lo hacía cada día. Así de simple. Así de atroz. Así de cobarde. Así de impune.

Don Cuick no era un extraño en las calles de Puebla. Era un hombre de la tercera edad disciplinado, apasionado del deporte, promotor de la movilidad sustentable, padre, amigo, compañero de rodada.

La comunidad ciclista que lo conocía dice algo que no puede ignorarse: ya era un objetivo. Era espiado. Era seguido. Lo que ocurrió aquella madrugada no fue un crimen al azar; fue una cacería premeditada contra un adulto mayor que lo único que portaba era la determinación de vivir bien y de hacerlo en movimiento.

Y de los asesinos, hasta hoy, no existen pistas.

La muerte de Cuitláhuac sacudió a Puebla como pocas veces se ha visto. Cientos de ciclistas y atletas recorrieron las calles de la capital, pasaron por la Fiscalía, se congregaron en el zócalo. El propio arzobispo Víctor Sánchez Espinosa llevó su nombre a las intenciones de la misa del domingo en la Catedral. La ciudad lloró a Don Cuick entre aplausos, porras y ruedas girando. Pero el dolor colectivo, por intenso que sea, no sustituye a la justicia.

¡No a la impunidad!

La impunidad es el crimen que alimenta a todos los demás. Mientras los asesinos de Don Cuick circulen libres por esta ciudad, cada ciclista que sale a entrenar en la madrugada lo hace con la sombra de la amenaza sobre sus hombros. Cada adulto mayor que elige el deporte sobre el sedentarismo desafía no solo a su cuerpo si no a la inseguridad.

No puede ser que en Puebla maten a un hombre ejemplar para robarle una bicicleta. No puede ser que se dispare a la cabeza a un abuelo que pedaleaba hacia el parque. No puede ser que ese crimen quede sin rostros, sin capturas, sin rendición de cuentas.

La autoridad tiene una deuda urgente con Cuitláhuac Muñoz Almaguer, con su familia y con toda la comunidad ciclista de Puebla. La Fiscalía debe trabajar con velocidad, con rigor y con toda la capacidad investigativa disponible para identificar y capturar a los responsables de este asesinato. No mañana. Ahora.

Los poblanos damos Impulsamos el apoyo al deporte, a quienes hacen de Puebla una ciudad más sana y más humana; y todo el peso de la ley a quienes atenten contra los poblanos ejemplares.

Don Cuick merece justicia. Su familia merece respuestas. Y esta ciudad merece saber que asesinar a un ciclista en la madrugada tiene consecuencias.
La bicicleta blanca en Loma Linda seguirá ahí como testigo mudo de lo que ocurrió.

Los asesinos de Cuitláhuac siguen sueltos recorriendo en motocicleta la ciudad de Puebla buscando más víctimas que interceptar y asesinar.

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Staff Izucar
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