- No existe nadie más poderoso que el Estado. Ni cárteles, ni capos, ni comandos.
Por José Luis Moctezuma
Seis años. Exactamente seis años desde aquel 26 de junio de 2020, cuando a las 06:38 horas el Paseo de la Reforma, en el cruce con Monte Blanco, en la exclusiva zona de Lomas de Chapultepec, se convirtió en zona de guerra.
Un comando del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) emboscó el convoy de Omar García Harfuch, entonces secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX.
Sicarios camuflgeados como trabajadores de la construcción accionaron más de 400 disparos con rifles Barrett .50 y otras armas de alto calibre contra el convoy de seguridad de Harfuch. El infierno duro tres minutos.


El saldo: tres muertos —dos escoltas y una la civil de nombre Gabriela qué caminaba por la zona con rumbo a su trabajo, varios heridos, víctimas de las ráfagas lanzadas con rifles de alto poder.
Un acto de barbarie calculada, ordenado desde lo más alto del cártel, para demostrar que nadie estaba a salvo. Ni en la capital. Ni siquiera el hombre encargado de la seguridad.
Fue un mensaje de terror. No se trató de un enfrentamiento, los escoltas del alto mando policíaco no tuvieron tiempo de reacción, fue una ejecución fallida con poderío militar.

Harfuch sobrevivió, pero México vio en carne propia hasta dónde llegaba la osadía de quienes se creían más poderosos que el Estado.
¿Qué ha pasado con los agresores? La respuesta ha sido contundente, aunque lenta. En las horas y días posteriores al atentado se detuvieron al menos 19 personas vinculadas directamente con el ataque. Se aseguraron 13 vehículos, cinco fusiles Barrett .50, decenas de armas largas, lanzagranadas, granadas y miles de cartuchos.
La justicia ha avanzado.
En marzo de 2024, doce sicarios del CJNG fueron sentenciados cada uno a 316 años de prisión (50 años por cada homicidio y decenas más por las tentativas).
En diciembre de 2024 se sumaron dos condenas adicionales de 86 años con ocho meses cada una. Hasta ahora, al menos 14 responsables han recibido sentencias que suman cientos de años. La ley establece límites efectivos (alrededor de 70-80 años), pero el mensaje es claro: pagarán caro su traición al país.


Y más allá de los ejecutores, el propio Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, quien según las investigaciones ordenó el atentado, encontró su fin el 22 de febrero de 2026 en un operativo federal en Jalisco. El que se creía intocable, cayó en su propio terreno junto a su más cercano círculo de seguridad y operaciones.
Hoy, Harfuch sigue en la primera línea. El atentado no lo doblegó; lo fortaleció. Y el país observa cómo la narrativa cambia. No existe nadie más poderoso que el Estado. Ni cárteles, ni capos, ni comandos en Lomas de Chapultepec.
No hay intocables. Ni en las colonias más exclusivas, ni en las sierras de Jalisco, ni en ningún rincón del territorio nacional. El algoritmo de la impunidad se ha roto. Caiga quien caiga.
Nos leemos pronto.
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