El retorno de la derecha

Es preocupante el avance de la derecha en el continente americano en los últimos años, pero principalmente en el año y medio del gobierno de Donald Trump, obsesionado con la idea de que América es propiedad de los Estados Unidos.

Con los triunfos de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, la derecha gobierna 15 países, la mayoría de la plancha continental, a excepción de República Dominicana y Trinidad y Tobago, ubicados en el Caribe. Lo relevante es que la mayoría de estos países tienen riquezas naturales ambicionadas por Estados Unidos, principalmente tierras raras, petróleo, litio y otros materiales estratégicos.

De estas 15 naciones, seis tenían gobiernos de izquierda: Colombia, Chile, Bolivia, Honduras, Perú y Ecuador. El caso de Venezuela es singular; con Hugo Chávez fue el primer país en marcar su distancia del imperialismo, y continuó esta ruta con Nicolás Maduro, quien fue secuestrado y encarcelado en Estados Unidos, pero aún la derecha no ha tomado el poder.

Perú y Ecuador han vivido una inestabilidad política tal, que concluyó en la destitución de mandatarios afines a la izquierda y la llegada de gobernantes de derecha pro estadounidense. En el panorama político de hoy, únicamente quedan tres naciones continentales con gobiernos de izquierda liberal: México, Brasil y Uruguay, y dos de izquierda radical: Cuba y Nicaragua.

¿Qué está pasando en un continente que en este siglo había optado por dejar atrás el neoliberalismo, asumir nuevos proyectos de nación libres de la tutela estadounidense y avanzaba hacia naciones más justas y soberanas, y hoy sus ciudadanos optan por regresar al pasado? Para responder a esta interrogante, hay que tomar en cuenta varios factores englobados en dos perspectivas: la interna y la externa.

Mi opinión, desde luego, no agota el análisis de este fenómeno que puede llevar a América a una nueva etapa de sumisión a los intereses estadounidenses; es únicamente una aproximación a un análisis más profundo, que corresponde hacer a los especialistas en ciencias políticas. Entre los factores internos que podrían explicar este cambio de rumbo en América Latina, se encuentra la debilidad de los proyectos de gobierno.

Latinoamérica viene de una larga lista de gobiernos neoliberales que incrementaron la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la escandalosa acumulación del capital, la corrupción y la impunidad. Esta realidad fue la razón del cambio del voto ciudadano hacia un proyecto de nación más justo, equitativo, que respondiera a las demandas de los principales afectados por el neoliberalismo.

Parte del voto en contra de la izquierda en estos países, fue la desilusión de una ciudadanía que esperaba más de sus gobiernos; pero también con poca conciencia de lo que significa volver a una situación de acumulación del capital, pérdida de derechos laborales, privatización de servicios.

Otro factor interno lo constituyen los errores de gobernantes y de los partidos en el poder, reflejados en el alejamiento de los servidores públicos del pueblo, la corrupción y la impunidad. En cuanto a los factores externos, hay que señalar que el retorno de la derecha es una estrategia a nivel mundial como una reacción frente al avance de otras opciones estructurales en la primera década de este siglo.

El centro de esta estrategia fue primero España, pero actualmente es la ultraderecha estadounidense vinculada con el sionismo israelí. Desde ahí se maneja a las organizaciones y partidos opuestos a los gobiernos de izquierda. Como argumento principal utiliza el tema del narcotráfico, como en el siglo pasado utilizó el de “la conspiración comunista”. Los procesos electorales en el continente son para esta ultraderecha una guerra que no se libra con cañones y bombas, sino con la información.

La “propaganda negra”

La estrategia que ha funcionado para los triunfos de la derecha en América es la llamada por los especialistas en marketing, “propaganda negra”, a través de la cual se influye en la ciudadanía sin que ésta sea consciente de que es manipulada. Es la aplicación de una guerra psicológica orientada a sembrar temor, desilusión, inseguridad, duda.

Los medios principales de esta “propaganda negra” son las redes sociales, con sitios manejados desde la clandestinidad a través de “bots” (robots) que generan noticias falsas, opiniones estándar, creadas por empresas de otros países a favor de la derecha y en contra de los gobiernos de izquierda.

Pero, además, se cooptan medios masivos de comunicación, presuntos intelectuales, periodistas, líderes de opinión, cuya tarea es desprestigiar al gobierno, exaltar a la derecha y a sus candidatos, y sembrar el temor. Recordemos la frase “un peligro para México” en 2006.

Eso es lo que está pasando en México con miras, primero, a las elecciones de 2027, luego continuará esta “propaganda negra” para la renovación de mandato en 2028, y arreciará en 2030 para la elección presidencial.

La presunta entrevista de Monsiváis, es un claro ejemplo de los alcances de la “propaganda negra”, frente a la cual Morena y sus aliados deben estar preparados; pero también los ciudadanos debemos tomar conciencia de que este tipo de propaganda llega a nuestros dispositivos móviles, a los televisores, a los periódicos, para controlar nuestras decisiones.

Gilberto Bosques Saldívar (14)

EMBAJADOR EN CUBA. En 1953, don Gilberto Bosques fue nombrado embajador de México en Cuba, cuando estaba bajo la dictadura de Fulgencio Batista. Fiel a sus convicciones, el embajador tendió la mano a los perseguidos cubanos, entre ellos a los hermanos Castro Ruz. Gracias a él, Fidel Castro se salvó de ser asesinado y con sus seguidores recibió salvoconducto a México. Una vez triunfante la revolución, México se vio en la encrucijada: romper relaciones con Cuba o mantener el principio de libre determinación de los pueblos. Bosques defendió a la isla y convenció al gobierno de López Mateos de no romper relaciones.

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Daniel Aguilar
Daniel Aguilar

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