

A lo largo de 14 semanas, he publicado en mi columna Punto de Vista, los aspectos más relevantes de la vida de uno de los hombres ilustres de Chiautla de Tapia: don Gilberto Bosques Saldívar. Hoy, al conmemorar el XXXI aniversario de su fallecimiento, comparto este material, como un homenaje a quien demostró con sus acciones ser un ejemplo del humanismo mexicano.
DESDE CHIAUTLA. Gilberto Bosques Saldívar nació en Chiautla de Tapia el 20 de julio de 1892. A los 17 años se unió a la Revolución; en 1914 participó en la defensa del puerto de Veracruz, invadido por el ejército estadounidense.
EL PROFESOR. Al triunfo del Constitucionalismo, formó parte de la comisión para la Nueva Escuela en 1916, y presidió el Primer Congreso de Pedagogía en Chiautempan, Tlaxcala. En 1918 fue electo diputado local; como miembro de la Comisión de Instrucción analizó y presentó al pleno la Ley de Educación Pública Orgánica del Artículo Tercero, Título Octavo de la Constitución del Estado. En 1934, siendo diputado federal se encargó, junto con Luis Enrique Erro, de redactar la iniciativa de reforma del Artículo Tercero, que estableció la educación socialista.
EL POLÍTICO. En 1916, fue uno de los candidatos al Congreso Constituyente que daría como resultado la Constitución de 1917; no fue diputado por no cumplir aún la edad para el cargo. Sin embargo, fue diputado local y después dos veces diputado federal; la segunda vez presidió la Cámara de Diputados y respondió al primer informe del presidente Lázaro Cárdenas. En 1935 contendió por la candidatura a gobernador de Puebla con el general Maximino Ávila Camacho, quien al final fue el candidato del Partido Nacional Revolucionario.
EL ACADÉMICO. Trabajó en el Departamento de Enseñanza Técnica de la Secretaría de Educación Pública (1932-1934); profesor y jefe de clases de lengua española en la Escuela Superior de Construcción (1933-1934); presidente del Centro de Estudios Pedagógicos e Hispanoamericanos (1938).
Fue Delegado Permanente del Comité Mexicano para el Estudio Científico de las Relaciones Internacionales, en la Conferencia Permanente de Altos Estudios Internacionales con sede en París Francia (1939-1943); Miembro de la Academia de Arte y Letras de Cuba, del Instituto de Estudios Hispánicos, de la Academia Mexicana de Derecho Internacional y del Colegio Nacional de Economistas.
EL PERIODISTA. Gilberto Bosques dedicó tiempo al periodismo, hasta llegar, en 1938, a la dirección del periódico El Nacional. Fue secretario de Prensa y Propaganda del Partido Nacional Revolucionario (1937-1938). Trabajó en el Departamento de Prensa de la Secretaría de Educación Pública (1929), donde fundó el semanario “El Sembrador”. En 1930 fundó la revista “Economía Nacional”.
EL DIPLOMÁTICO. A Gilberto Bosques lo recomendaron para el servicio diplomático dos políticos cercanos al presidente Lázaro Cárdenas: Luis Enrique Erro y Leónides Andrew Almazán. Así, en 1938 viajó con su familia para hacerse cargo del Consulado General en la embajada de México en París. La misión encomendada por el presidente Cárdenas era rescatar a los españoles republicanos perseguidos por Francisco Franco y recluidos en campos de concentración franceses.
INICIA EL RESCATE. Bosques se encontró con 60 mil españoles republicanos en Francia, así como perseguidos de Polonia, Alemania, Italia y otros países. En 1939 la prioridad era rescatar a los republicanos españoles, así como a las autoridades y los archivos de la República Española. Así inició la obra humanitaria del entonces Cónsul general Gilberto Bosques Saldívar, obra que un año más tarde se convertiría en un multitudinario rescate de los perseguidos por Hitler.
VISA A LA LIBERTAD. Tras el rescate y envío a México de los refugiados españoles republicanos, pronto inició el éxodo de judíos y no judíos de las naciones ocupadas por Alemania, principalmente de Polonia, Austria, Bélgica, Holanda. Bosques brindó asilo a quienes acudieron al consulado y les concedió visas mexicanas para salir de Francia.
En mayo de 1940 inició la invasión, y conforme los nazis se apoderaban de territorio francés, el Cónsul mexicano cambió la sede de París a Bayona y luego a Marsella. Fue tal la cantidad de refugiados, que tuvo que rentar dos castillos para alojarlos en tanto lograba sacarlos de Europa. Las personas rescatadas de las garras del nazismo por Gilberto Bosques fueron más de 40 mil.
SCHINDLER Y BOSQUES. En muchas referencias a Gilberto Bosques se le ha calificado como “el Schindler mexicano”, en referencia al alemán Oskar Schindler, quien durante la Segunda Guerra Mundial salvó de la muerte a mil 200 judíos, en Polonia y la República Checa, utilizándolos como obreros en sus fábricas de utensilios de cocina y armas para los alemanes.
La acción de este empresario no se puede comparar con la de Gilberto Bosques, que salvó de la muerte a más de 40 mil personas, no sólo judíos, sino españoles republicanos y personas perseguidas por los nazis en Francia y otros países de Europa. Bien sería llamar a Oskar Schindler “El Bosques Alemán”.
PRESO EN ALEMANIA. El trabajo de rescate de más de 40 mil personas en la Segunda Guerra Mundial, tuvo un alto precio para don Gilberto Bosques Saldívar. En 1942, México se vio obligado a entrar a la guerra del lado de las fuerzas aliadas; esto provocó que la Gestapo capturara al Cónsul, a su familia y a todos los empleados del consulado, y los recluyera cerca de Bonn, Alemania, donde permanecieron cautivos un año, hasta que se realizó un intercambio de prisioneros. Bosques, su familia y empleados, fueron entregados a los aliados en Portugal.
A su llegada a México, Gilberto Bosques fue recibido con agradecimiento y entusiasmo por cientos de españoles republicanos y otros europeos, quienes le debían la libertad y la vida al Cónsul poblano, a quien cargaron en hombros desde los andenes del ferrocarril.
REGRESO A EUROPA. En 1945, el presidente Manuel Ávila Camacho designó a don Gilberto Bosques embajador en Portugal, cuando en ese país padecía una dictadura, que había acordado con Francisco Franco la entrega a España de cualquier republicano que buscara asilo en el país.
El embajador Bosques Saldívar llegó a un acuerdo con el dictador para ofrecer asilo, y lograr salvoconductos para los españoles republicanos que buscaran asilo en la embajada mexicana. Un año después fue nombrado embajador en Suecia, donde su principal tarea fue fortalecer los lazos culturales entre los dos países.
EMBAJADOR EN CUBA. En 1953, don Gilberto Bosques fue nombrado embajador de México en Cuba, cuando estaba bajo la dictadura de Fulgencio Batista. El embajador tendió la mano a los perseguidos cubanos, entre ellos a Fidel Castro.
Al triunfo de la Revolución Cubana, Estados Unidos indujo a los países de América a romper relaciones con Cuba. Bosques convenció al gobierno de López Mateos de no romper estas relaciones, por respeto a la libre determinación de los pueblos.
EL RETIRO. Bosques dejó la embajada de Cuba y renunció al servicio exterior mexicano el 30 de noviembre de 1964, por diferencias políticas e ideológicas con Gustavo Díaz Ordaz, un político de derecha, anticomunista, autoritario; todo lo contrario del diplomático chiauteco: liberal, intelectual, con una trayectoria política intachable. El resto de su vida, Gilberto Bosques lo pasó escribiendo, observando, analizando y criticando el rumbo que tomó el país, sobre todo al arribo de los tecnócratas neoliberales. Murió el 4 de julio de 1995, a la edad de 102 años.





