Álvaro Ramírez Velasco
Las diputadas locales Nayeli Salvatori Bojalil y Elvia Graciela Palomares Ramírez perderán sus derechos partidistas por al menos un año, a partir de que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) emita su sanción por los denuestos que las dos lanzaron contra los adultos mayores, en su podcast “Descasadas”, a finales de julio.
El futuro político de ambas legisladoras está ya en manos de la Comisión, aunque el veredicto parace ir en el sentido de hacerlas a un lado, luego de lo expresado por la dirigente nacional del partido, Ariadna Montiel Reyes, quien consideró necesario retirarles sus derechos en el partido.
Sobre el tema, también fueron cuestionados la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Alejandro Armenta, y la postura es clara: dejar la decisión a la CNHJ sobre cuales van a ser las sanciones a las legisladoras. Ya no está en entredicho si habrá o no una sanción.
La expulsión no está en el escenario de lo posible, pues, aunque fueron muy graves, sus expresiones, no son determinantes para llegar a esa ulterior posibilidad.
Pero un año sin sus derechos partidistas, las deja —de entrada— fuera del proceso electoral intermedio, concurrente 2027; de ese modo, la ex locutora Salvatori ha quedado ya desde ahora anulada para buscarla al alcaldía de San Pedro Cholula o para conservar la curul que ahora tiene en el Congreso del Estado.
En el caso de Elvia Graciela, si su intención, como había dejado ver con su cercanía al coordinador de los diputados federales de Morena, el zacatecano Ricardo Monreal Ávila, era llegar a San Lázaro, también ha quedado descartada esa aspiración.
Encima, sin lugar a dudas, las perseguirá toda su vida el grave error de ofender a los adultos mayores, además de la larguísima cadena de episodios inapropiados, frívolos y superficiales que han protagonizado a lo largo de sus vidas profesionales en la política.
Pero este caso, nos pone en la reflexión, y debiera poner también a los dirigentes partidistas del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), de a quien se está privilegiando con las candidaturas.
Porque este caso también demuestra que no hay ideología, principios, ni causas en personas como Salvatori y Palomares.
El caso exhibe lo peligroso que es permitir que personajes sin un fundamento ideológico y sin vocación de servicio accedan a las candidaturas para convertirse después en representantes populares.
Alguien que llega a un cargo político, sin causas, tarde o temprano terminará traicionando los postulados que se supone representa.
Terminará siendo un detractor de la propia gente que se supone representa; terminará siendo un fariseo de los ideales que supuestamente defiende.
No se trata, en el caso de Morena, aunque es un movimiento y partido político de izquierda, que sus militantes, cuadros, representantes y funcionarios deban ser izquierdistas de cepa; ni siquiera se trata que sean verdaderamente gente de izquierda.
Sin embargo, deberían tener, al menos, un fundamento y origen posiblemente con raíces populares, con esencia comunitaria, con antecedentes en luchas laborales y sociales, con referencias en causas, como las magisteriales, campesinas, estudiantiles, empresariales e incluso armadas, y que no solamente que perciban fama, fortuna y escaparate público.
Porque sin causas no hay compromiso, porque sin causas no hay proyecto colectivo y solamente intereses, casi siempre aviezos, individuales.
Aquellos que no tienen causas, muy rápidamente dejan de ser amigos, cómplices, socios.
Tarde o temprano mostrarán que son solamente mercenarias y mercenarios.





