-Difusión de imágenes militares genera cuestionamientos sobre ética y poder estatal
Abraham Onofre | Enlace Noticias
La difusión de imágenes oficiales posteriores a una operación militar contra las disidencias de Iván Mordisco abrió un nuevo debate en Colombia sobre los límites éticos de la comunicación gubernamental y el uso de los cuerpos de combatientes abatidos como parte de un mensaje político. El episodio ha provocado cuestionamientos de académicos, analistas y sectores defensores de derechos humanos, quienes advierten sobre la normalización de la violencia como símbolo de autoridad.
El material audiovisual muestra al presidente colombiano ofreciendo un balance de la ofensiva militar mientras permanece frente a los cuerpos de integrantes de la estructura armada. Durante la intervención menciona a alias “Tigre”, identificado por las autoridades como uno de los cabecillas de las disidencias, y la cámara dirige la atención hacia las bolsas blancas donde fueron colocados los cadáveres de los abatidos.
Para diversos observadores, la escena trasciende el carácter informativo de un operativo exitoso y convierte la muerte en parte de la narrativa visual del poder. La crítica no cuestiona únicamente el resultado militar, sino la decisión de incorporar los cuerpos como evidencia simbólica de la victoria del Estado.
El peso de una historia marcada por la violencia
Colombia arrastra décadas de conflicto armado interno en las que guerrillas, grupos paramilitares, narcotráfico y organizaciones criminales han dejado cientos de miles de víctimas. En ese contexto, la manera en que el Estado comunica sus acciones militares adquiere una dimensión especialmente sensible.
Especialistas sostienen que existe una diferencia fundamental entre informar sobre un enfrentamiento y utilizar imágenes de los fallecidos como recurso escenográfico. La preocupación radica en que la representación pública de los cuerpos puede reforzar una idea según la cual la eficacia gubernamental se demuestra mediante la eliminación física del enemigo.
Esa estética, señalan diversos análisis, se ha fortalecido en distintos países mediante imágenes de soldados, armamento, vehículos tácticos, bombardeos y cadáveres presentados como prueba del restablecimiento del orden. El mensaje implícito es que la autoridad se legitima a través de su capacidad de vencer y destruir.
La crueldad como mensaje social
Las reflexiones recuperan planteamientos de la antropóloga Rita Segato, quien ha estudiado cómo la exhibición reiterada de la violencia modifica la sensibilidad colectiva. Según esa perspectiva, cuando los actos violentos se vuelven cotidianos en el espacio público, las personas dejan de observar historias humanas y comienzan a percibir únicamente objetivos, cifras o enemigos.
La exposición constante de imágenes explícitas puede ampliar la distancia moral entre la sociedad y quienes aparecen representados, reduciendo la posibilidad de reconocer su condición humana incluso después de su muerte.
Desde otra corriente crítica, la filósofa y activista Angela Davis ha planteado interrogantes sobre los modelos de seguridad basados casi exclusivamente en el castigo y la eliminación del adversario. Su enfoque antipunitivista propone preguntarse no sólo cómo enfrentar a quienes ejercen violencia, sino qué tipo de sociedad se construye cuando la respuesta principal del Estado gira alrededor de la fuerza letal.
Poder, masculinidad y cuerpos derrotados
El debate también incorpora una lectura histórica sobre la relación entre poder y dominación. Diversos estudios sostienen que la figura del gobernante ha estado ligada durante siglos a la capacidad de someter al enemigo, convirtiendo al derrotado en una confirmación pública de la fortaleza del vencedor.
A ello se suma una crítica sobre la mirada colonial, que históricamente estableció categorías de vidas consideradas prescindibles o inferiores, facilitando que determinados cuerpos fueran objeto de violencia con menor rechazo social.
Bajo esa interpretación, la presencia de un jefe de Estado frente a los cadáveres adquiere un significado político que va más allá del operativo militar: transforma los cuerpos en un elemento narrativo destinado a reforzar la imagen de autoridad.
Entre la seguridad y los límites del Estado
Los cuestionamientos no niegan la existencia de la violencia ejercida por las disidencias ni el deber del Estado de combatir a organizaciones armadas responsables de múltiples delitos y ataques contra la población. La discusión se concentra en los límites que deben regir ese ejercicio del poder y en la responsabilidad institucional al comunicar sus acciones.
Quienes critican la difusión de estas imágenes sostienen que un Estado democrático debe demostrar no sólo capacidad operativa, sino también respeto por principios éticos y por la dignidad humana, incluso frente a personas señaladas por crímenes graves.





