– La OPS advierte que climas extremos disparan el estrés, la ansiedad y las adicciones.
José Gallardo / Información Internacional
Más allá de los daños físicos y económicos que provocan las fuertes lluvias o las sequías, el fenómeno de El Niño trae consigo un problema de salud pública que rara vez acapara los titulares: el deterioro del bienestar mental de las personas. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) alerta que estos cambios climáticos extremos representan un riesgo muy alto para la población de América Latina.
De acuerdo con Carmen Martínez, asesora regional en salud mental de la OPS, perder el sustento diario, dejar el hogar o enfrentar la falta de agua y alimentos genera una profunda incertidumbre. El miedo a no saber cómo mantener a la familia desencadena reacciones como falta de sueño, angustia constante y, si la situación se prolonga, cuadros de depresión.

Las personas con antecedentes de problemas emocionales y las mujeres son las más vulnerables. Ellas, que en su mayoría asumen el cuidado directo de los hijos y el hogar, enfrentan casi el doble de casos de ansiedad que los hombres. En medio de esta presión, los expertos observan un aumento en el consumo de alcohol y otras sustancias, ya que las personas buscan salidas rápidas para aliviar su malestar emocional. En nuestra región esto es un foco rojo, pues el nivel de consumo ya supera los promedios mundiales.
Además, existe una fuerte tendencia a automedicarse con pastillas para dormir o para los nervios. Martínez señala que tomar estos medicamentos en el momento más crítico del evento no es recomendable si no hay una valoración médica de por medio. Las reacciones de alerta iniciales son respuestas naturales del cuerpo humano para buscar soluciones. Curiosamente, algunas personas que asumen el control y cuidan de otros durante la emergencia no muestran síntomas de inmediato; en su caso, los problemas emocionales aparecen meses después, cuando ya pasó el peligro y comienzan a asimilar lo vivido.

Otro factor grave es la seguridad en casa. La escasez de recursos y el poco espacio en los refugios elevan la tensión familiar, lo que incrementa el riesgo de violencia de género. En México, por ejemplo, los periodos largos de sequía han mostrado una relación directa con el aumento de agresiones hacia la pareja. La falta de comida también puede obligar a las personas a tomar medidas extremas de supervivencia, exponiéndolas a la explotación.

Frente a este panorama, los especialistas recomiendan no aislarse. Hablar de lo que se siente, buscar apoyo en la comunidad y validar las emociones son herramientas clave para salir adelante. Es vital escuchar a los niños y transmitirles seguridad, dejando atrás la vieja idea de que es mejor no hablar del tema para no preocuparlos; expresar el miedo ayuda a sanarlo.
Con pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial que indican que los efectos de El Niño tienen altas probabilidades de extenderse hasta febrero de 2027, prepararse emocionalmente, hablar del tema y fortalecer los lazos familiares será tan importante como asegurar los servicios básicos en los próximos años.





