

Quiero contarles una anécdota muy significativa que aconteció en 2006. El contexto: era la primera vez que AMLO contendía para la presidencia de la República, y un servidor, como candidato a Diputado federal en la Mixteca, ambos recorrimos juntos la Mixteca poblana. Ambos fuimos víctimas de un fraude electoral.
En el recorrido, nos detuvimos a comer unas ricas mojarras en la “Choza de Mace” (amigo entrañable), en San Juan Epatlán. Nos acompañó un periodista de la región, muy inquieto e incisivo en sus cuestionamientos. Le preguntó a Andrés Manuel por qué en sus discursos no abordaba el problema del agua, si era grave.
Andrés Manuel lo meditó un poco y respondió, pausadamente, como es su estilo, que coincidía en que era un problema grave y que se atendería, pero que no era conveniente abrir tanto el abanico de problemas en el mensaje al pueblo. Que había que concentrarse en las ideas fuerza, como la lucha contra la corrupción y la austeridad republicana, entre otros, para mayor contundencia. Lo consideré una forma pedagógica de hablarle al pueblo.
Ya como presidente fue congruente, y dio inicio a un conjunto de acciones que tuvieron como propósito colocar los cimientos de una transformación verdadera, en cuanto al agua, implementó varias acciones favorables. Algunas de las más destacadas fueron:
-La construcción de acueductos para abastecer de agua a diferentes regiones del país, como el de la Presa El Cuchillo a la Zona Metropolitana de Monterrey, Nuevo León, y el acueducto de la Presa Francisco Zarco a la Comarca Lagunera, en Durango y Coahuila.
-Se rehabilitaron varias presas como la de Santa María en Sinaloa, la Presa Pilares en Sonora y la Presa Chihuero en Michoacán.
-Se impulsaron programas de agua potable y se protegieron áreas naturales, por ser fuentes de agua y ecosistemas importantes, como el Lago de Texcoco.
-También se hizo una fuerte inversión en infraestructura hidráulica, entre otras acciones importantes.
Ahora, me llena de satisfacción las acciones que está impulsando nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en torno al agua. Caigo en cuenta de la importancia que tiene la continuidad para construir y profundizar el segundo piso de la Cuarta Transformación, bajo los principios y valores fundacionales.
Para valorar la gravedad del problema y la trascendencia de las decisiones, hay que hacerse unas preguntas: ¿El agua es un derecho o una mercancía? ¿El agua es de todas y todos, o de unos cuantos?
Para dar respuesta a las preguntas, considero que vale la pena citar el artículo 4° de nuestra Constitución: “Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua, para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible.
El Estado garantizará este derecho y la ley definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso equitativo y sustentable de los recursos hídricos, estableciendo la participación de la Federación, las entidades federativas y los municipios, así como la participación de la ciudadanía para la consecución de dichos fines”.
Pues contrario a lo que dice la ley, desde los gobiernos neoliberales el agua se ha considerado como un producto y no como un derecho. Muchos empresarios, al amparo del poder, han hecho negocio con el agua que es de todos. Por ejemplo, existen empresarios que han acaparado el agua en perjuicio de muchas comunidades y familias. Un grupo de terratenientes, que mejor sería llamarles ahora “aguatenientes”, controlan el 70% del agua en todo el país.
De manera corrupta, solicitan concesiones de agua para uso de riego y la utilizan para regar campos de golf, hoteles, fincas o la venden a otros particulares o a los ayuntamientos, obteniendo ganancias superiores a los 300 millones al año, como es el caso de Tijuana.
Recordando las causas que dieron origen a la Revolución Mexicana, encontramos el despojo, además de la tierra, del agua y montes. Aún persisten en la actualidad problemas de despojo e injusticia, que reclaman decisiones radicales. La época porfirista se parece mucho a la época neoliberal, donde se ha gobernado dando prioridad al mercado y al capital, en lugar de a las personas y sus derechos humanos fundamentales, provocando privilegios, desigualdad y pobreza.
Si hacemos un recorrido desde 1982 a 2018, no encontramos decisiones claras en favor de los derechos colectivos del pueblo; al contrario, desde 1982 con Miguel de la Madrid, hasta Peña Nieto, quien reformó el artículo 27 para fines mercantiles de la tierra y el agua, encontramos “traición al pueblo”.
Por ello, celebro que se haya aprobado la nueva ley de aguas, que desde 1992 estaba hecha para defender privilegios y no derechos. Ahora el Estado recupera la rectoría sobre el agua que estaba en manos de “aguatenientes”, que acaparaban, negociaban y se enriquecían con el agua como si fueran dueños, sin considerar que es un bien público.
Las resistencias son muchas y vienen de los privilegiados, que con mentiras han querido desestabilizar al país. Por ejemplo, han dicho que se le quieren quitar las concesiones a los campesinos; ¡mentira!, precisamente la nueva ley general de aguas defiende los derechos de las comunidades campesinas e indígenas y de las familias particularmente, para que en un futuro esté asegurado el derecho al agua y no se tenga que pagar más como si fuera una mercancía.
Por estos mismos derechos luchó Zapata, y ahora los refrenda la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, recuperando el espíritu de la Constitución de 1917.
Resulta importante y decisivo que quienes estemos convencidos de que el agua es un derecho de todos y no el privilegio de unos cuantos, nos sumemos a la defensa de un país que se transforma con base en derechos, al tiempo que a la defensa de los logros alcanzados durante 7 años de transformación, que representan, desde mi punto de vista, un verdadero cambio de régimen y no solo de gobierno, un cambio estructural y no solo coyuntural, desde la perspectiva de los oprimidos, que ha sido la perspectiva histórica de Hidalgo, Morelos, Zapata, entre otros, y actualmente de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, con la cual coincido plenamente.
¡Por el bien de todos, primero los pobres!





