“Casa Armenta”: un negocio familiar con mucho corazón en Izúcar

**El trato a la gente, principal razón de mantenerse vigentes en tiempos modernos**

**Suman 91 años en el comercio izucarense, desde que la familia Armenta comenzó a vender en el antiguo mercado en 1935**

José Gallardo / Izúcar de Matamoros, Pue.

Caminar por el centro de Izúcar de Matamoros es transitar entre dos tiempos: el de la inmediatez moderna y el de la tradición, que se resiste a desaparecer. En una ciudad donde el comercio da vida y color a las calles, los negocios familiares no son solo puntos de venta, sino guardianes de la memoria colectiva.

Han visto cambiar generaciones, pavimentar calles y transformarse las costumbres. Han resistido crisis, modas y nuevas formas de consumo. Entre esos negocios que desafían el paso del tiempo, está “Casa Armenta”, un establecimiento que, más que una tienda de variedades, forma parte de la historia viva de Izúcar.

“Casa Armenta”: raíces que vienen de lejos

“Casa Armenta” abrió sus puertas formalmente el 1° de enero de 1961, en la vialidad Francisco Ignacio Madero número 3, antigua calle conocida como “La Tijera”. Sin embargo, sus raíces son más antiguas.

Raúl Armenta Ruíz, fundador del establecimiento, explicó que la marca “Armenta” existe desde al menos 1932 en Guanajuato. Años después, en 1935, la familia comenzó a vender artículos en el antiguo mercado de Izúcar, de la mano de Ponciano Armenta, padre de Don Raúl. “Empezamos en el mercado con mi papá en el treinta y cinco, cuando se hizo el mercado”, rememoró.

Ahí, entre mostradores sencillos y el movimiento cotidiano del comercio, Don Raúl aprendió el oficio. Comenzó a viajar a Puebla y a la Ciudad de México para conocer y surtirse de mercancía; aprendió a negociar, a entender cómo se movía el comercio, en una época donde —como él mismo dice—, todo parecía más sencillo.

Con esa experiencia y el deseo de independizarse, decidió fundar su propio negocio en el lugar donde permanece hasta el día de hoy.

Crecer paso a paso: las facilidades de otros tiempos

Los primeros años se desarrollaron en un Izúcar con menos competencia y mayores facilidades para emprender. Los proveedores otorgaban créditos a 30 o 60 días, lo que permitía surtir mercancía, venderla y pagar después para volver a abastecerse.

“En aquella época era fácil porque no había tanta competencia, los proveedores daban facilidades”, explica Don Raúl. Esa dinámica permitió un crecimiento orgánico. Sin prisas, pero constante. Lo que comenzó con recursos limitados fue consolidándose hasta convertirse en un negocio bien surtido, reconocido por su variedad.

De papelería a tienda de variedades

En sus inicios, “Casa Armenta” fue estrictamente una papelería. Cuadernos, lápices, pizarras y útiles escolares llenaban un solo mostrador de madera. Pero los tiempos cambiaron, y el negocio cambió con ellos. “Lo primero que se vendió fue pura papelería… ya estamos en la época de la computación, va uno adaptándose”, compartió el fundador.

Actualmente, este negocio con más de medio siglo de existencia, ofrece un mosaico de productos: mochilas, artículos deportivos, mercancía de temporada y una amplia gama de artículos que responden a las necesidades actuales.

Uno de sus sellos distintivos es traer productos de otras regiones del país a la Mixteca. El negocio funciona como un puente mercantil, ofreciendo diversas artesanías y, especialmente, guitarras traídas directamente de Paracho, Michoacán, piezas que se han convertido en emblema del lugar y en favoritas de los músicos locales.

Competencia moderna, valor humano

El panorama comercial ha cambiado drásticamente. La llegada de grandes cadenas como “Bodega Aurrera” y “La Gran Bodega”, ha modificado los hábitos de consumo, ofreciendo variedad y facilidades de crédito. “Está muy difícil… venden de todo y dan muchas facilidades”, reconoció Don Raúl.

Frente a ese escenario, “Casa Armenta” no compite solo con precios. Compite con algo que las grandes cadenas no pueden ofrecer: cercanía. La filosofía es clara. No se trata de ver clientes, sino amigos.

“Lo más importante es el trato con la gente… no son clientes, son amigos”, afirmó el empresario. Esa manera de entender el comercio —como una relación humana antes que una transacción—, es la razón principal de su permanencia.

La pérdida, el esfuerzo y la resiliencia

La historia de “Casa Armenta” no ha estado exenta de momentos difíciles. Si hoy cumple más de seis décadas al servicio de los izucarenses, es gracias a una resiliencia forjada en el ámbito familiar. En sus inicios, el negocio era tan modesto que la vida doméstica y la laboral estaban separadas apenas por una cortina.

Pero el verdadero pilar no fueron los muros ni los estantes, sino la esposa de Don Raúl. Ella fue la guía, compañera y motor del negocio. Su fallecimiento en 1990 representó el golpe más duro para “Casa Armenta”, por lo que Don Raúl estuvo a punto de cerrar.

“Tuve la fortuna de que mi esposa fuera mi guía… desgraciadamente se me fue en el noventa, y como que estuve a punto de dejar todo”, refirió. Fue entonces cuando la familia demostró su fortaleza. Sus hijos y parientes lo impulsaron a continuar. Lo que parecía el final, se convirtió en un nuevo comienzo, sostenido por la memoria y el compromiso.

El legado que continúa

Hoy, la segunda generación mantiene viva la esencia del negocio. Para Beatriz Armenta, hija del fundador, mantener las puertas abiertas es un acto de amor hacia sus padres y hacia la historia familiar. A pesar de retos recientes como la pandemia, el orgullo permanece. “Mantener el negocio a flote es mantener la esencia de mi familia, de mis papás, de mi mamá”, expresó Beatriz.

“Casa Armenta” es actualmente uno de los pocos comercios sobrevivientes de su época en esa calle. De los negocios que iniciaron junto a él, el de Don Raúl es el único que permanece. Y aunque el entorno cambie, la promesa sigue intacta: quien entra al establecimiento no es un cliente más, es un amigo.

Esa filosofía sencilla, constante y profundamente humana, es la que confirma que “Casa Armenta” no solo es un negocio familiar: es un espacio con corazón, arraigado en la historia y en la gente de Izúcar.

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