Colucan, un pueblo unido por la fe y la distancia

  • Cada octubre, esta comunidad celebra con música y unión; migrantes y vecinos se reúnen para compartir sus tradiciones y abrir las puertas a todos los visitantes

Michelle López / Colucan, Izúcar de Matamoros.

San Lucas Colucan, a 15 kilómetros de la cabecera municipal de Izúcar de Matamoros y a unos 30 minutos en coche despierta cada octubre con un pulso que mezcla fe, memoria y trabajo colectivo. La fiesta del patrón, que inicia el 1 de octubre con las tradicionales promesas y que culmina el 18 con la mayor afluencia, es una muestra viva de identidad: puertas abiertas, comida para quien llega y ofrendas por la salud, el pueblo y, sobre todo, el ganado.

En la entrada del pueblo un mural narra ese orgullo. Allí se leen y dibujan palabras en náhuatl: Colotl (alacrán) + Can (lugar) —“lugar de alacranes”— y Colotli (graneros), también conocido como “ lugar de graneros” en alusión a los cuexcomates, los antiguos contenedores de semilla que conservaron la riqueza agrícola de Colucan. También aparece la “piedra cargada” sobre cuya capilla reposa dos piedras conjuntas, además de la “piedra de Buja”,  que generaciones han visto como signo protector; su silueta se avista incluso desde Izúcar de Matamoros, conocida como la “Piedra de Colucan”.

Hablamos con vecinos y con integrantes del grupo de obradoristas de la comunidad: Abel Rodríguez Juárez, Anahí Conde Barrera, Emily Vianey Díaz Méndez, Esmeralda Méndez, Reynalda Barrera Ramírez, Humberto Daza Castillo, Anastacio Juárez Domínguez, Emilia Nicole Galeno Flores y Pedro Díaz Galeno. Todos coinciden en el orgullo por Colucan y en la fe por San Lucas, patrón que proteje a los animales y al pueblo.

El presidente auxiliar, Ricardo Cardoso —en funciones desde febrero de 2025—ha coordinado la limpieza del zócalo, plantación y riego de prados, pintura, mantenimiento del panteón y la organización de faenas. La comisión organizadora opera en cuatro secciones; hay un juez de ronda y dos cabos por turnos que, de forma tradicional e independiente, resguardan la seguridad durante la fiesta.

La programación de los próximos días incluye la cabalgata el 15 de octubre, que inicia a las 12 del día, iniciando del crucero de San Carlos y Colucan, la llegada de las danzas el 17 y el día grande el 18, cuando pueden sacrificarse hasta 30 toros y abundan puercos, chivos y guajolotes; este año se han donado toritos, chivos, marranos y guajolotes por parte de comunidades vecinas. Las danzas se hacen presente, como los 12 pares, Tecuanes, Vaqueros, Moras, Chínelos, Borregas y variantes locales; las bandas de viento marcan el ritmo.

La gastronomía comunitaria se organiza con donaciones y trabajo familiar: arroz con adobo, espagueti con pechugas, frijoles, pozole rojo, barbacoa; se usan platos desechables y vasos para atender a quienes entran a casas, iglesia y mayordomías. A quienes hacen donaciones se les entrega una canasta con pan, azúcar, chocolate y otros apoyos como agradecimiento, cada año comunidades como El Carmen, Xaltianguis, La florecita, entre otros, se hacen presentes. Muchos apoyos vienen de migrantes —de Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Arizona, Texas— que, desde la distancia, sostienen las promesas y la fiesta.

Colucan no sólo celebra: se muestra. Invita a vecinos de Izúcar, San Carlos, Ayutla, Matzaco, San Nicolás, Xuchapa y San Sebastián Puctla a visitar, recordar y cuidar ese lugar de alacranes y graneros donde la lengua náhuatl aún susurra en palabras que los abuelos dejaron. “Es un orgullo ser de Colucan”, resume esta comunidad. Y, al caer la tarde, entre música, cabalgatas y fuego de cocina, la comunidad lo confirma con los brazos abiertos. Los habitantes invitan a la población en general a acudir en los siguientes días, pues quien llegue a tocar a su puerta podrá encontrar unión y fe.

Compartir
Redacción
Redacción

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: ¡Contenido protegido!