El Cristianismo, una religión de paz

El centro del Cristianismo es la Resurrección de Jesús. Esto le da sentido a toda la fe y a toda la práctica religiosa, y es el centro de la Semana Santa, una semana en donde los fieles de todas las denominaciones cristianas: católicos, ortodoxos y protestantes, conmemoramos la “Pasión y Muerte” de Jesús y celebramos su Resurrección.

Si analizamos no sólo con los ojos de la fe, sino con el rigor de la historia, comprenderemos mejor el sentido de la Resurrección y el valor que tiene para el pensamiento y las acciones de quienes nos consideramos cristianos.

Jesús se enfrentó a la estructura dominante en la Palestina de hace 20 siglos, dominada por el imperio romano, y por las clases propietarias de la riqueza y detentadoras del poder religioso. Él optó por elegir a sus discípulos de la gente del pueblo, la gente oprimida por el poder político, económico y religioso; a ellos dirigió su mensaje, a ellos defendió, a ellos curó, consoló y llenó de esperanza.

Su predicación y sus acciones llamaban a un cambio profundo marcado por el amor al prójimo, la justicia, la paz y la conversión. Esto fue considerado peligroso para la estructura dominante. Los fariseos lo consideraron desobediente a los preceptos religiosos, los sacerdotes lo vieron como enemigo de la religión y un peligro para la paz romana, los romanos lo calificaron de sospechoso.

Al inicio de las fiestas de Pascua, entró a Jerusalén y la gente que había sido testigo de su predicación y de sus milagros. lo recibió como al Mesías esperado. Pero también ese pueblo se desilusionó. Esperaban que se levantara en armas contra los Romanos y con el poder de Dios liberara a Israel.

Pero no fue así y el pueblo se desanimó. Por eso, cuando Pilato les dio a escoger entre Jesús y el bandolero Barrabás, el pueblo condenó a Jesús. No era lo que ellos esperaban y gritaron que lo crucificaran.

Para los discípulos que permanecieron fieles, la cruz parecía el final de todo, el límite de la esperanza. De ahí que su Resurrección marcó la victoria de su doctrina, e hizo que naciera el cristianismo como una doctrina centrada en el amor, en la paz y en la justicia.

Jesús no era un mesías guerrero, dispuesto a vencer a los romanos con las armas y elevar a Israel como el pueblo elegido. Él ya tenía a su pueblo elegido: los pobres, los pacíficos, los sedientos de justicia, los marginados por la ley y por la religión de su tiempo; todos fueron los testigos de un Mesías que llamaba al amor, a la justicia y a la paz.

Dios como pretexto

Por eso, hoy, en un tiempo de guerra, resulta absurdo poner a Dios como pretexto para desencadenar la violencia, para masacrar pueblos, para sembrar el terror, para llevar a la muerte a soldados rasos, mientras los promotores de la conflagración buscan saciar sus ansias de poder, y los fabricantes de armas miran el crecimiento de sus capitales bañados por sangre inocente.

Desde 1946, los israelíes han despojado de sus tierras, han matado a los palestinos en nombre del Dios de Abraham, porque argumentan que son el pueblo elegido. En nombre de él hoy se apoderan del sur del Líbano y atacan a Irán; argumentan que el Medio Oriente es suyo por voluntad divina.

Por su parte, el poder económico y el poder político de los Estados Unidos de América, hoy encarnado en Donald Trump y la extrema derecha que lo apoya, vuelve a asumir que es voluntad divina que domine a toda América y se mantenga como la gran potencia mundial.

MAGA, es el lema y el objetivo de la guerra y las invasiones: Make America Great Again. Pero esto se hace “en nombre de Dios”, el mismo dios en el que ellos confían, como se lee en los dólares: “En Dios confiamos”.

Y en nombre de ese dios, que no es otro más que el capital, el gobierno de Trump invadió Venezuela y secuestró a su presidente; en nombre de ese dios se unió a Israel en la guerra contra Irán; en nombre de ese mismo dios, bloquea a Cuba y espera apoderarse de esa isla que ha resistido más de 60 años del bloqueo ordenado al mundo por Estados Unidos, para que vuelva a ser, como lo fue hasta 1958, el burdel más grande de los Estados Unidos que se apoderó de la riqueza de ese país y sentó una base militar en el extremo oriente de la isla, que hasta hoy es la cárcel más terrible del país del norte.

Resulta, pues, no sólo absurdo, sino condenable que un grupo de pastores que se califican de cristianos, acuda a la Casa Blanca e invoque a Dios para que le dé la victoria a Trump en la guerra contra Irán.

Bien lo señaló el papa León XIV en su homilía del Domingo de Ramos: “Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios, Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).

Con esto, el estadounidense Robert Francis Prevost, fraile agustino, misionero y obispo en el Perú, cardenal y hoy máxima autoridad de la Iglesia Católica con el nombre de “León XIV”, condena a quienes en nombre de Dios se levantan en armas, atacan a los pueblos y a las naciones, cuando ese Dios a quien invocan es un Dios de paz y de justicia.

Gilberto Bosques Saldívar (3)

EL POLÍTICO. Don Gilberto Bosques contribuyó a la educación no sólo como profesor, sino también con su actividad política. Dentro de estas tareas, cabe mencionar que, en el año 1916, cuando se integraba el Congreso Constituyente que daría como resultado la “Constitución de 1917”, fue uno de los candidatos a esa legislatura, algo que no logró por no cumplir aún la edad para el cargo. Sin embargo, fue Diputado local y después dos veces Diputado federal, la segunda vez presidió la Cámara de Diputados y respondió al primer informe del presidente Lázaro Cárdenas. En 1935 contendió por la candidatura a gobernador de Puebla con el General Maximino Ávila Camacho, quien al final fue el candidato del Partido Nacional Revolucionario.

Compartir
Daniel Aguilar
Daniel Aguilar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: ¡Contenido protegido!