

La esencia del Plan de Ayala y la causa zapatista es el amor a la tierra y a la justicia; representa la memoria profunda del pueblo que nunca se conformó y aceptó vivir en la injusticia. Para comprenderlo mejor hay que contextualizar en qué condiciones fue proclamado, y sus implicaciones en el presente.
Recientemente conmemoramos la Revolución Mexicana, recordando las causas que le dieron origen: las condiciones de autoritarismo, pobreza, despojo de tierras, aguas y montes, imperantes en el gobierno de Porfirio Díaz, que estuvo en el cargo durante 34 años.
Francisco I. Madero, llamado el “Apóstol de la democracia”, fue actor clave para iniciar la lucha de la tercera gran transformación en nuestro país. Llevando como bandera el sufragio efectivo no reelección y la restitución de las tierras, logró encauzar una gran fuerza popular, entre ellas las fuerzas zapatistas y villistas.
La lucha revolucionaria dio sus primeros frutos, provocando la renuncia de Porfirio Díaz a la presidencia de nuestro país el 25 de mayo de 1911, quedando como mandatario interino León de la Barra. Este, se convirtió en enemigo acérrimo de Zapata, pues diferían en la restitución de la tierra.
Madero asumió la presidencia el 6 de noviembre de 1911, él consideraba que la revolución había terminado; sin embargo, Zapata insistió que mientras no se devolviera la tierra a los campesinos que habían sido despojados de ellas, la revolución no había concluido.
Madero, sin saber medir la profundidad de las demandas del pueblo, que era la restitución de las tierras, exigió a los zapatistas su desarme. Su postura era terminante: rendición incondicional y exilio. Cuando Zapata conoció la postura de Madero, comprendió que sus últimas esperanzas en él se habían esfumado.
El presidente le pedía que, a cambio de respetar su vida, saliera de Morelos y se olvidara de sus demandas. Zapata no podía aceptarlo sin traicionar a los suyos y traicionarse a sí mismo. Madero combatió a Zapata al grado de buscar su exterminio, y una forma de desprestigiar su causa era acusarlos de ser puros bandidos, comevacas y asesinos, y que no peleaban por una causa justa.
En consecuencia, Zapata decidió proclamar un plan donde se expusieran con claridad, los objetivos y los postulados de su lucha. Así, a principios de noviembre de 1911 encargó a Otilio Montaño, el maestro rural de Villa de Ayala, colaborador cercano, que redactara un programa que sirviera de bandera al movimiento zapatista.
Fue así como el 28 de noviembre de 1911, Zapata convocó a sus jefes en el pueblo de Ayoxuxtla, junta auxiliar del municipio de Huehuetlán el Chico, Puebla, donde en un jacal les dijo que ya había revisado los últimos detalles con Montaño, y que estaba listo el plan, así que dijo: “esos que no tengan miedo, que pasen a firmar”.
Montaño con su voz áspera, gruesa y su acento de educador rural, dio lectura al Plan de Ayala. Todos los presentes acogieron el documento con entusiasmo desbordante, los jefes y oficiales lo firmaron emocionados.
El Plan de Ayala era una declaratoria de guerra contra Madero; comenzaba detallando la traición de este, su alianza con los sectores porfiristas, su deseo de satisfacer sus ambiciones personales y de incumplir el Plan de San Luis, que en esencia estipulaba la restitución de las tierras que habían sido arrebatadas por los hacendados.
Los postulados iban más allá del maderismo. El artículo 6, el más importante, establecía que los pueblos e individuos que habían sido despojados de sus tierra, aguas y montes por los hacendados, caciques y científicos, entrarían en posesión inmediata de ellas y las defenderían con las armas en la mano.
A 114 años de la promulgación del Plan de Ayala, sus causas siguen vivas, los efectos de 36 años de neo-porfirismo, también llamado “neoliberalismo”, profundizaron las condiciones de pobreza y corrupción. Por ello, en esta etapa de la Cuarta Transformación, caracterizada por los valores de justicia, libertad, democracia y prosperidad compartida, vale la pena preguntarse ¿Qué significa hoy luchar por la defensa de la tierra y la justicia? A mi juicio, por mencionar algunas causas, significa comprometerse con lo siguiente:
1.- Enfrentar a la derecha que promueve discursos de odio y que reivindica la violencia.
2.- Propugnar por que se respete el artículo 28 de la Constitución, donde se prohíben las condonaciones y exenciones de impuestos, haciendo que quienes han robado al pueblo al no pagar impuestos, paguen o que se les embarguen sus bienes.
El caso Ricardo salinas Pliego es la muestra de que es posible acabar con los privilegios. Separar el poder político del poder económico, es la brújula que debe continuar guiando a la cuarta transformación.
3.- Defender la tierra es exigir poner alto a las mineras que siguen explotando indiscriminadamente los recursos de la tierra, con la correspondiente sobreexplotación de recursos hídricos. Me refiero a Grupo México y las múltiples mineras canadienses y Vulcan Materials de Estados Unidos de Norteamérica.
4.- Evitar seguir contribuyendo al calentamiento global, a través de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmosfera. Principalmente las grandes potencias emisoras, pero también cada uno(a) de nosotros(as) desde nuestro ámbito cotidiano.
5.- Colocar como prioridad del Humanismo Mexicano la lucha contra la pobreza y desigualdad. Si ya fue posible reducir la pobreza en 13.4 millones de mexicanos, sigamos por ese rumbo, propugnando porque los gobiernos municipales y estatales privilegien las acciones que atiendan las causas de la pobreza, por encima de acciones y obras de relumbrón, banales y superficiales. Como dice la presidenta, “se acabaron los lujos y la fantochería”, hoy se gobierna con austeridad, congruencia y cercanos al pueblo.
6.- Zapata en su tiempo impulsó la alfabetización de adultos. Sigamos apostando ahora por la educación como derecho y no como privilegio. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el gobernador Alejandro Armenta Mier, han dado muestras de congruencia y resultados concretos de bienestar compartido.
7.- Informarse y dar la batalla en la lucha por las narrativas o discursos. La derecha siempre estará en contra de todo (si se hace porque se hace, y si no se hace por qué no se hace). Ahora ya no solo mienten, sino que inventan y fabrican casos para desprestigiar al movimiento de la Cuarta Transformación.
La marcha del 15 de noviembre de la llamada “Generación Z” fue un parteaguas, la derecha se declaró abiertamente por la violencia como método de lucha para derrocar al gobierno legítimamente nombrado por el pueblo.
8.- Defender nuestra soberanía nacional frente a Estados Unidos, es un imperativo ético para quienes amamos nuestro país. No al intervencionismo injerencista. Tenemos la capacidad suficiente para resolver los problemas que solo competen al pueblo de México. El legado del Plan de Ayala es la congruencia del movimiento zapatista entre el decir y el hacer, defender ante todo los principios, la incorruptibilidad y estar siempre y por sobre todo con los oprimidos. Como lo dijo Andrés Manuel López Obrador: “por el bien de todos, primero los pobres”, y como expresó Zapata: “esos que no tengan miedo, que pasen a firmar”.






