Hace no mucho, era normal leer un libro de principio a fin, ver una película sin interrupciones o escuchar a alguien sin pensar en revisar el celular. Hoy, muchas personas —sobre todo jóvenes— sienten que su mente está “frita”, que no logran concentrarse ni cinco minutos seguidos.

Sin Corbata Por: Juan Rubio
Y no es solo una impresión: estudios recientes confirman que el uso excesivo de redes sociales y videos cortos, está afectando nuestra atención y memoria.
En 2024, la palabra del año según el diccionario Oxford fue “brain rot” (podredumbre cerebral), un término que describe cómo el consumo constante de contenido trivial en internet —como memes, videos de 15 segundos o frases sin sentido— puede dañar nuestras habilidades mentales. Suena fuerte, pero los datos respaldan esta preocupación.
En México, por ejemplo, nueve de cada diez personas que usan internet lo hacen principalmente para entrar a redes sociales. Y entre los jóvenes, el panorama es aún más intenso: uno de cada tres pasa más de cuatro horas al día navegando en apps como TikTok o Instagram.
Algunos adolescentes incluso superan las seis horas diarias frente a la pantalla. ¿El resultado? Distracción constante, dificultad para concentrarse en tareas largas, y una memoria que parece tener “fugas”.

Los expertos explican que esto no es casualidad. Las redes están diseñadas para engancharnos. Cada video, cada notificación, cada “me gusta” activa una pequeña descarga de dopamina en el cerebro —la misma sustancia que nos hace sentir bien con cosas como el chocolate o el ejercicio—.
Pero a diferencia de esas actividades, el “scroll” (acción de desplazar contenido en una pantalla) infinito, nunca termina. Nos entrena para buscar estímulos rápidos y fáciles, y nos hace perder la paciencia con lo que requiere esfuerzo, como leer, estudiar o incluso mantener una conversación profunda.
Peor aún: investigaciones recientes sugieren que este hábito puede afectar físicamente al cerebro. El exceso de contenido superficial podría reducir la materia gris, esa parte del cerebro relacionada con la memoria, el pensamiento y el control de impulsos. En otras palabras, no solo nos distraemos más: nuestro cerebro podría estar cambiando.
Lo curioso —y triste— es que muchos jóvenes ya lo saben. Memes como “Tung Tung Tung Sahur” o “Ballerina Cappuccina” se han vuelto virales no solo por graciosos, sino porque reflejan una realidad compartida: sentimos que perdemos el control de nuestro tiempo y de nuestra mente.
Incluso expresiones absurdas como “Nadaqueveriento”, “No me importa, yo guapo”, “Trakaaaaa”, “Escuchamos, no juzgamos”, “Devoraste”, “Y la queso”, que es un juego de palabras que significa “y la que soporte” o las “canciones potaxie”, se vuelven populares no por su significado, sino por lo que representan: una cultura que valora lo rápido, lo loco y lo efímero por encima de lo profundo.
Pero no todo está perdido. El estudio “El Brainrot en la era digital y sus posibles consecuencias. Una aproximación documental exploratoria” de la Universidad Autónoma del Estado de México, plantea la necesidad de explorar una variedad de estrategias, incluido el uso consciente y crítico de la tecnología, para apoyar la salud cognitiva y el bienestar emocional, como el control del tiempo frente a la pantalla, la selección de contenidos digitales y la realización de actividades no digitales, así como promover un enfoque equilibrado del uso de la tecnología que fomente la resiliencia cognitiva de niños, adolescentes y adultos jóvenes.
La tecnología no es mala en sí misma. El problema es cómo la usamos. Si dejamos que algoritmos diseñados para atrapar nuestra atención decidan cómo pensamos, sentimos y recordamos, terminaremos con mentes más distraídas, más ansiosas y menos libres. Y eso, más que un meme, es una alerta seria.
No se trata de volver al pasado, sino de recuperar el derecho a pensar con calma. Porque al final, una mente sana no es la que consume más contenido, sino la que sabe cuándo parar.





