
Sin Corbata
Por Juan Rubio
“No hay que callar por respeto, sino decirlo con respeto”. Esta frase no es solo una forma de hablar, es una actitud. Y hoy, en México, miles de jóvenes están demostrando que es posible exigir justicia sin perder la dignidad, protestar sin destruir, y alzar la voz sin gritar con odio.
En Nepal, hace apenas unos meses, adolescentes cansados de la corrupción y la indiferencia de sus gobernantes tomaron las calles —y las redes— para exigir un cambio. Usaron memes, la bandera de One Piece (Sombrero de paja) y salas de Discord (chats de voz, video y texto) para organizarse. No quemaron el país: lo reconstruyeron desde abajo, con votaciones virtuales y propuestas reales. Lo hicieron con creatividad, con rabia justa, pero también con respeto por su nación.
Ahora, algo parecido empieza a moverse en México. Jóvenes de distintas partes del país convocan a una marcha pacífica en la Ciudad de México el próximo 15 de noviembre. No llevan armas, sino banderas con el sombrero de paja de Luffy, símbolo de lucha contra la opresión. No buscan caos, sino claridad. No quieren protagonismo, sino justicia.
Dicen estar hartos de “la corrupción disfrazada de progreso”, de políticos que cambian de partido, pero no de prácticas, de un sistema que promete mucho y entrega poco. Y aunque algunos los tachan de ser “manipulados por la oposición”, lo cierto es que su mensaje resuena en muchos hogares: ¿por qué un país tan rico tiene tanta gente pobre?
Este hartazgo no es nuevo. Tampoco es exclusivo de los jóvenes. Campesinos de diez estados ya están en las carreteras, con sus tractores y sus semillas, pidiendo que el campo no se siga abandonando. Ellos también exigen respeto: precios justos, apoyo real, y que el maíz —nuestra raíz— no se venda como mercancía en tratados internacionales.
Y mientras tanto, desde Palacio Nacional, la respuesta a una tragedia como la muerte de una niña de cuatro años por falta de suero anti alacrán fue: “Luego hablamos de eso”. Ocho segundos para una vida. Cuatro minutos para un libro. ¿Dónde están las prioridades?
No se trata de atacar a la presidenta Claudia Sheinbaum. Se trata de recordarle —y a todos los que gobiernan— que el poder no es un premio, sino una responsabilidad. Y que cuando esa responsabilidad se olvida, la gente reacciona. No con violencia, sino con organización. No con mentiras, sino con hechos.
Los jóvenes de hoy no quieren destruir instituciones. Quieren que funcionen. No piden limosnas, sino oportunidades. Y si usan memes, banderas de anime o foros digitales, es porque esas son sus herramientas. Igual que antes se usaban pancartas y megáfonos, ahora se usan TikToks y servidores de Discord. La forma cambia, pero el fondo sigue siendo el mismo: justicia, transparencia y dignidad.
México no necesita más silencios cómodos ni más “respeto” que calla. Necesita voces que hablen con claridad, con coraje, pero también con respeto. Porque respetar al país no es callar sus fallas, sino señalarlas para corregirlas.
La marcha del 15 de noviembre no es el fin. Es el comienzo de algo más grande: una generación que decidió dejar de esperar y empezó a actuar. Y si el gobierno escucha —de verdad— tal vez no necesitemos más que una conversación honesta… y un poco de memoria para no repetir los mismos errores. Porque al final, como enseña One Piece, a veces la verdadera justicia no viene de los palacios del poder, sino de quienes se niegan a agachar la cabeza… y deciden actuar por lo que creen correcto. Y eso, en un país como el nuestro, suena a esperanza.






