La mixteca poblana de pie a ocho años del terremoto del 2017

A 8 años del sismo del 19 de septiembre del 2017, el sur de Puebla sigue marcado por el recuerdo y las secuelas de uno de los terremotos más devastadores en la historia reciente del país. Pues, con epicentro en Pilcaya, municipio de Chiautla de Tapia, este fenómeno natural dejó daños irreparables en gran parte de la mixteca poblana, especialmente en Izúcar de Matamoros.

Mafer Muval / Regional

En la demarcación los estragos aún son visibles en múltiples edificaciones religiosas y patrimoniales; ya que, el movimiento de más de 90 segundos, provocó el colapso de viviendas, negocios y templos, mismos que estaban construidos a base de adobe. Uno de ellos y el más conocido, fue la iglesia de Santiaguito, la cual tuvo que ser intervenida por el INAH en la reconstrucción del santo patrono.

Aunque algunos recintos han reabierto sus puertas, otros como los de los barrios de Santiago Mazatla, San Martín Huaquechula, La Magdalena y Santa Cruz Texcoco permanecen cerrados, esto a pesar del tiempo que ya ha transcurrido. Asimismo, inmuebles emblemáticos como el Arco de Santiaguito y el Antiguo Hospital Juaninos, siguen sin ser apoyados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Cabe mencionar que, la tragedia también cobró vidas en la región, esto de acuerdo a lo informado por el gobierno estatal, quien reportó 45 fallecidos, entre los que se encontraban las víctimas del templo de Santiago Apóstol en Atzala. Igualmente, se registraron muertes en Tlapanalá, San Juan Epatlán y Jolalpan, donde menores y adultos mayores perecieron por la caída de bardas y estructuras.

Aunado a esto, en el Hospital General de Izúcar, una menor murió aplastada por una pared, sumándose a la lista de tragedias ocurridas ese día. Sin embargo, se reconoció que, a nivel nacional, el terremoto dejó 369 víctimas mortales, con la mayoría concentrados en la Ciudad de México, Morelos y Puebla, y un total de más de 6 mil heridos con secuelas físicas y emocionales.

A pesar de todo, la región se ha mantenido firme, pese a que sus habitantes no han olvidado. No obstante, hoy el municipio izucarense sigue en pie, reconstruyendo poco a poco y conservando la esperanza de cerrar una herida que, aunque sigue abierta y costará cerrar, no ha vencido la voluntad de quienes lo habitan.

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Mafer Muval
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