

La trifulca protagonizada en el Senado de la República el miércoles pasado, refleja lo peor de la política que rige a los senadores de oposición que han convertido el recinto legislativo en una carpa de teatro barato. Si los ciudadanos estamos hartos de la conducta de la senadora María Lilly del Carmen Téllez García, la violencia desatada por el líder priista Alejando “Alito” Moreno y su pandilla ha retratado de cuerpo entero el deterioro de los partidos en otro tiempo gobernantes.
No es necesario detallar los hechos, las redes sociales se han encargado de hacerlo, lo importante es analizar los puntos oscuros que deben ser superados si queremos un Poder Legislativo a la altura de la voluntad expresada por los electores el año pasado.
Si bien se han registrado actos violentos en el recinto legislativo, éstos habían sido de manifestantes que agredieron a los legisladores; pero nunca se había presentado que un grupo de legisladores, en este caso senadores y diputados priistas, subieran al presidium para atacar al presidente de la mesa directiva de la Comisión Permanente. Es el primer enfrentamiento de legisladores contra legisladores.
La historia política de Alejandro Moreno está llena de acciones de presunta corrupción. En Campeche, estado del que fue gobernador, está acusado de enriquecimiento ilícito, peculado, uso indebido de facultades, defraudación fiscal y lavado de dinero.
Sus intervenciones en el Senado y sus declaraciones a la prensa revisten un lenguaje soez, agresivo en contra del gobierno y a favor de la intervención estadounidense en asuntos internos del país, algo que nunca hicieron los militantes del partido originado al final de la Revolución armada.
Sólo faltaba en el historial político de este priista, cuyas decisiones y cuya conducta anuncia la muerte del partido tricolor, que llegara a los golpes en el recinto parlamentario.
Es de todos conocido que Gerardo Fernández Noroña no es una hermana de la caridad, es un político que defiende con un lenguaje en ocasiones violento sus puntos de vista; pero en el caso que nos ocupa era el presidente del Senado, lo que implica mayor gravedad de las acciones violentas iniciadas por el priista Alejandro Moreno y sus secuaces.
Además, lo protagonizado por el priista es la culminación de una política de ataques y calumnias que ha protagonizado la oposición a partir de 2018.
Ya en 2006, se calificó a Andrés Manuel López Obrador como “un peligro para México” y se alertó de que, de ganar, llevaría al país a una dictadura como la de Hugo Chávez en Venezuela.
En la campaña electoral de 2018, se volvió a decir que con él, México sería otra Venezuela. Muchos personajes de la farándula aseguraron que de ganar el tabasqueño abandonarían el país. Se pintó un país destrozado, con una inflación imparable y una devaluación histórica del peso frente al dólar. Nada de eso ocurrió y tampoco el país cayó en las “garras del comunismo”; pero los ataques continuaron.
Ataques sí, propuestas no
Hoy, cuando el gobierno estadounidense califica a los grupos del crimen organizado como grupos terroristas, amenaza con utilizar su ejército para combatirlos en cualquier país, incluyendo México, “Alito” se muestra de acuerdo con las intenciones de Donald Trump.
Por su parte, la panista Carmela Téllez se llena la boca de injurias a la presidenta de la República Claudia Sheinbaum Pardo en la tribuna del Senado y en una entrevista con el medio estadounidense Fox News, afirmó que los mexicanos están de acuerdo con el apoyo de Trump al combate al narcotráfico y afirmó que los únicos que no están de acuerdo son “los narcopolíticos, la presidenta Sheinbaum y todo su grupo”.
Ambos legisladores son únicamente los ejemplos extremos de una oposición que prefiere el ataque, la calumnia, la desinformación, a lo que hoy se añade la propensión a buscar el apoyo extranjero para lograr su único objetivo: regresar al poder y regresar al sistema neoliberal.
Ante la afirmación de que la oposición no tiene propuestas, es posible que el PAN responda que sí las hay. En efecto, han hecho públicas sus propuestas frente al anuncio de una nueva reforma electoral: segunda vuelta en la elección presidencial, elecciones primarias, voto electrónico, gobiernos de coalición, nulidad de la elección por crimen organizado y la eliminación de la sobrerrepresentación.
Antes de esto, el líder nacional de ese partido afirmó que la iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaun puede ser “un golpe mortal a la democracia”.
Si analizamos sus propuestas, encontramos que no son nuevas, son propuestas que han llevado a la derecha al triunfo, como lo constatamos hoy en Bolivia. Sólo les faltó proponer la creación de un consejo electoral y transformar el sistema de voto directo en un voto sectorial, al estilo de los Estados Unidos.
Fuera de esta propuesta hecha por el presidente nacional del PAN, la oposición no ha hecho en el Poder Legislativo otra cosa que despotricar en contra del gobierno. Si Carmela Téllez ya nos tiene cansados de sus desplantes en el Senado, como el uso de un megáfono para interrumpir al orador y sus calificativos de narco partido, “narcoMorena” y ahora “gobierno narcosatánico”, la violencia desatada por “Alito”Moreno no deja ninguna duda: México carece de una verdadera oposición, de partidos que contribuyan al avance y el desarrollo del país.
Disculpen la comparación: son como el perro que persigue su propia cola.
Nueva presidencia en el Senado
De acuerdo con las decisiones tomadas en el Senado de la República, después de la presidencia otorgada al Partido del Trabajo, a través de Gerardo Fernández Noroña, este año le toca presidir al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y por unanimidad ha sido elegida para este cargo la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, hija del ingeniero Heberto Castillo, un mexicano que participó toda su vida en movimientos sociales, fundador del Partido del Trabajo y candidato a la Presidencia de la República.
Laura Itzel Castillo ha militado siempre en la izquierda; participó activamente en la fundación de Morena y ha desempeñado diversos cargos en la vida pública del país. Esperemos que su historia y su herencia política marquen un nuevo rumbo en el Poder Legislativo y contribuya al desarrollo al que el país aspira a partir de la elección de 2018 y que ha refrendado en 2024.





