Productores agrícolas bloquearon varias carreteras en demanda de precios justos

Michelle López
Información nacional.

El pasado lunes 27 de octubre, productores agrícolas de distintos estados del país tomaron carreteras federales y autopistas de cuota, en una protesta que reveló la profunda crisis que enfrenta el campo mexicano. La movilización surgió ante la falta de respuesta a sus demandas de precios justos para el maíz y el sorgo, cuyos costos de producción se han disparado, mientras los apoyos federales disminuyen. “No pedimos limosna, pedimos justicia para el campo”, expresaron los agricultores.

El origen de la protesta: el precio que no alcanza

Los campesinos argumentaron que el precio ofrecido por el gobierno federal, de 6 mil 50 pesos por tonelada de maíz, está lejos de cubrir los gastos de producción, por lo que demandaron un pago de 7 mil 200 pesos. En estados como Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Puebla y Morelos, cientos de agricultores se organizaron para exigir que se reconozca el valor real de su trabajo. La protesta, que inició con bloqueos carreteros y toma de casetas, se extendió rápidamente por la red nacional de autopistas.

Bloqueos en todo el país: del norte al centro de México

La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, informó que al menos diez estados registraron afectaciones en carreteras clave como Culiacán–Los Mochis, México–Querétaro, Arco Norte y Maravatío–Zapotlanejo.

En algunas zonas, los agricultores permitieron el paso libre, pero sin cobro de peaje, mientras en otras hubo cierres totales. Aunque el 29 de octubre se firmaron acuerdos con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) para otorgar 950 pesos por tonelada de maíz a productores de Guanajuato, Jalisco y Michoacán, muchos grupos rechazaron el trato, calificándolo de “imposición”.

El centro de la inconformidad

En Puebla y Morelos, la situación se tornó especialmente tensa. Por tercer día consecutivo, la autopista Interoceánica Siglo XXI permaneció cerrada en ambos sentidos a la altura de Amilcingo, Morelos, donde se concentraron campesinos de ambas entidades.

Las afectaciones se extendieron al transporte público y de carga, pues los autobuses tuvieron que desviarse hacia rutas alternas por el municipio de Tepeojuma. “El maíz y el sorgo ya no dan para vivir”, lamentaron los productores, quienes montaron un campamento en plena vía como símbolo de resistencia.

La respuesta del Gobierno federal

Ante la ola de bloqueos, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que el gobierno mantiene mesas de diálogo con la Sader, aunque señaló que “en algunos casos hay intereses no tan legítimos” detrás de las manifestaciones. Rechazó que las protestas reflejen un desgobierno y afirmó que “el pueblo de México eligió un gobierno que está trabajando”.

Sin embargo, hasta el corte del 31 de octubre, varios grupos de campesinos en estados como Morelos, Puebla y Guanajuato seguían en paro, argumentando que los acuerdos anunciados no garantizan la rentabilidad del campo.

La lucha sigue: el campo no se rinde

Aunque algunos líderes aceptaron los apoyos ofrecidos, el Movimiento Agrícola Campesino advirtió que “no se han levantado todos los bloqueos”. Señalaron que los 950 pesos por tonelada no representan un acuerdo, sino una imposición que no soluciona la crisis.

“El campo vive una realidad que el gobierno no quiere ver. Es una bomba de tiempo”, manifestaron. En redes sociales, los agricultores convocaron a la unidad nacional del sector rural, recordando que sin campo no hay país.

La tierra libre de Zapata sigue siendo una deuda

Más de un siglo después del movimiento zapatista, las palabras de Emiliano Zapata resuenan con fuerza: “La tierra es de quien la trabaja”. Las recientes movilizaciones muestran que la deuda con el campo sigue vigente. El campesino mexicano continúa luchando por el derecho a vivir de su tierra, mientras los precios, los intermediarios y la burocracia lo asfixian. Zapata soñó con un país donde la tierra fuera libre y justa; hoy, los productores siguen peleando por ese mismo ideal, esperando que el gobierno escuche, no desde el escritorio, sino desde el surco donde germina el maíz que alimenta a México.

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Daniel Aguilar
Daniel Aguilar

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