**Con todo y crecimiento económico y programas sociales, un nuevo informe revela una verdad incómoda: al ritmo actual, Puebla necesitará casi un siglo para suprimir la pobreza**

Daniel Osorio
Puebla, Pue.
El reloj de la desigualdad en México no solo corre lento; en el centro del país parece estar casi detenido. El estado de Puebla, aparentemente lejos de la pobreza crónica del sureste, enfrenta una sentencia propia que refleja lo inútil de sus políticas sociales: le tomaría 96 años erradicar la pobreza si el actual ritmo de avance se mantiene sin cambio alguno.
Esta cifra, dada conocer por la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, no es un dato de pronóstico. Es un cálculo matemático que revela el fracaso estructural de las últimas décadas del Estado, demostrando que la promesa de desarrollo económico no está aterrizando en los bolsillos de la mayoría.
La meta global de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, es terminar con la pobreza para 2030, pero a Puebla le va a tomar casi diez décadas siquiera rozar ese objetivo. Este tiempo de espera es una condena generacional, una hipoteca que se le echa encima a los niños de hoy.

La radiografía de la pobreza: La crisis de los servicios sociales
Puebla es una entidad con una riqueza cultural y económica enorme, pero con una brecha de desigualdad interna abismal. El dato de 96 años se sustenta en una realidad cruda y palpable: cerca de 2.86 millones de personas viven en situación de pobreza en el estado. El cálculo de Acción Ciudadana se vuelve más alarmante, al enfocarlo en la población más vulnerable de la entidad, los menores de edad.
Para las niñas y niños poblanos, aquellos que tienen entre 0 y 17 años, la erradicación de la pobreza se proyecta a 124 años. Esto significa que la niñez de hoy en Puebla no verá el fin de la pobreza, ni tampoco sus hijos, sino probablemente sus nietos.
El informe critica no solo la velocidad de las políticas públicas, sino también su calidad. La reducción de la pobreza en el estado se ha centrado en los últimos años, como a nivel nacional, en las transferencias directas de dinero. Sin embargo, este es un paliativo que no ha logrado contener el deterioro de los derechos sociales, que son el verdadero motor de la movilidad social.
En el ámbito de la salud, la población sin acceso a servicios de salud en Puebla se disparó del 17% al 47% entre 2016 y 2024, una Crisis en Salud que ha añadido a 2 millones de personas a la carencia, una cifra que anula cualquier avance en ingresos.
De igual forma, el Futuro Hipotecado se evidencia en el rezago educativo, que en jóvenes de 16 a 21 años subió del 36% al 51% en el mismo periodo. En esencia, el cálculo de 96 años refleja que la población poblana está recibiendo pequeñas inyecciones de liquidez, pero a costa de perder acceso a la salud y a la educación, pilares fundamentales para salir de la pobreza de manera definitiva, perpetuando un dilema de subsistencia que garantiza que el ciclo de pobreza se institucionalice, independientemente de los cambios de gobierno.

El Panorama Nacional
La lentitud de Puebla no es un fenómeno aislado, pero sí un claro indicador de que la crisis de la pobreza ha trascendido la frontera sur del país para instalarse en el centro de la República. El promedio nacional, según el informe, es ligeramente menos desalentador, pero sigue siendo un fracaso frente a los compromisos de la ONU: se necesitarían 57 años para erradicar la pobreza en todo México.
El problema es aún más crudo cuando se mira a los grupos históricamente marginados. Para la población indígena, la sentencia se extiende a 151 años, una cifra que muestra que el racismo estructural y la falta de inversión en infraestructura productiva y educativa en las comunidades originarias, es una política de Estado de facto (sin reconocimiento legal o constitucional).
Asimismo, para la población Juvenil (18-29 años), la espera es de 62 años, pues la falta de empleos formales bien remunerados y el rezago educativo, se combinan para condenar a una generación completa a la pobreza y marginación.
La conclusión que se desprende de estas cifras es que el ritmo de avance en México es lastimosamente lento en todas las latitudes, y que las políticas sociales, aunque han logrado mitigar la pobreza extrema reciente, no han sido capaces de mover la aguja de la pobreza estructural y de derechos.

“El Triángulo de la Pobreza”: El espejo de los 196 años
Si la situación en Puebla marca un siglo de espera, el “Triángulo de la Pobreza” en el sur del país —integrado por Campeche, Chiapas y Guerrero— marca el punto más crítico de esta crisis temporal. Es aquí donde la proyección matemática arroja la cifra más escalofriante: 196 años para erradicar la pobreza.
Este dato casi bicentenario sirve como un espejo y una advertencia para Puebla. Muestra el extremo al que puede llegar el rezago, cuando la inversión estructural es nula y la dependencia de las transferencias monetarias es total.
Mientras Puebla lucha contra el deterioro de la salud y la educación, estos tres estados luchan contra la ausencia casi total de infraestructura, empleo formal y oportunidades de desarrollo autónomo. La diferencia entre 96 y 196 años no es una victoria para Puebla, sino un pequeño respiro simbólico dentro de una emergencia regional: todos los estados son víctimas de un modelo que ha priorizado las dádivas y los paliativos sobre la solución de fondo.
La sentencia final: No es dinero, es desarrollo productivo
La conclusión de Acción Ciudadana frente a la pobreza es brutal: la lentitud no es un error de cálculo, sino un error de concepto. Las autoridades han priorizado los apoyos asistenciales con recursos limitados, en lugar de impulsar el empleo formal de calidad, la productividad y la inversión en infraestructura como caminos, hospitales y escuelas.
El trabajo digno es la única vía para acelerar la erradicación de la pobreza de 96 años a menos de una generación. La mayoría de los trabajadores en Puebla y el resto del país sigue en la informalidad o en la economía de subsistencia. Como advierte el análisis, “Mientras el trabajo no genere bienestar, los apoyos seguirán siendo necesarios, pero insuficientes”. La promesa de un México sin pobreza no puede esperar un siglo. La lentitud, en este contexto, no es una estadística fría, es un acto de omisión que condena a generaciones enteras en Puebla a vivir bajo la sombra de la miseria.




