Tilapa en crisis: inseguridad, impunidad y abuso de poder

En menos de un mes, el municipio de Tilapa se ha convertido en un símbolo del colapso de la seguridad, la justicia y la administración pública en la región. Estos no son simples rumores ni exageraciones sensacionalistas, sino hechos documentados con fechas, nombres y escenas, que evidencian un sistema inoperante, incapaz de proteger a sus ciudadanos.

El 14 de octubre de 2025, Irma Daniela Perches Flores, de 20 años de edad, y Francisco Javier Bravo Antonio, de 32 años, desaparecieron. Ambos fueron vistos por última vez en Izúcar de Matamoros. Tres semanas después, sus cuerpos fueron encontrados en un camino de tierra en Cuexpala, una perteneciente a Tilapa, entre campos de caña y sin identificación inmediata.

Los cuerpos sin vida estaban en avanzado estado de descomposición. La madre de Irma recordó su último mensaje: “Tranquila, mamá, estoy bien, ya voy para la casa porque tengo hambre”. Pero nunca regresó.

Ese mismo día, 14 de octubre, otro joven, identificado como Víctor Regalado Ruiz, de 27 años, salió de su casa en Tilapa y subió a una camioneta verde. Al día siguiente, su cuerpo desmembrado apareció dentro de una bolsa negra en plena calle.

Junto al cadáver, había una cartulina con una amenaza escrita en un lenguaje aterrador: “Esto le va a pasar a toda la p*t4 bola…”. No se trataba de un crimen común, sino de un mensaje de guerra, dejado a la vista de los residentes, quienes ya no saben si temer más a los criminales o a la inacción de las autoridades.

Pero la violencia no termina ahí. A principios de agosto, Reymundo, un hombre de entre 35 y 40 años de edad, originario de Derramadero, localidad ubicada en Tilapa, fue encontrado en la demarcación de Chietla, con graves heridas de machete, quien murió días después en el hospital de Izúcar. Durante cuatro días permaneció sin nombre, sin familia y sin justicia, registrado como “desconocido”, hasta que alguien lo reconoció.

Mientras los cuerpos se acumulan, la administración municipal de Tilapa se desmorona internamente. El alcalde Juan José Flores de la Torre, conocido como “El Garrapata”, y nueve de sus funcionarios, están siendo investigados por el estado por abuso de autoridad, mal manejo de recursos y presuntas presiones a empleados.

Incluso, se denunció que obligaron al tesorero municipal a firmar un pagaré en blanco. Mientras tanto, el edil permanece en silencio, sin asumir responsabilidad, sin ofrecer respuestas y sin proteger a su gente.

Este no es un problema aislado, sino el resultado de años de abandono, de gobiernos débiles o cómplices, de instituciones que ignoran los asesinatos, desapariciones y desmembramientos de civiles. Tilapa no es un “lugar violento” por naturaleza, sino un lugar abandonado por el Estado.

Las familias de las víctimas exigen justicia y los vecinos piden Seguridad, pero lo único que reciben son silencios, cartulinas amenazantes y funcionarios que se disputan el presupuesto, mientras el pueblo se desangra.

México no puede seguir normalizando este tipo de hechos. Cuando un municipio entero vive con miedo a salir de su casa, cuando los cuerpos aparecen sin que nadie los busque, y cuando los gobernantes se dedican a robar en lugar de servir, solo hay una forma de describirlo: fracaso del Estado.

Tilapa necesita que las autoridades estatales actúen de inmediato, con investigaciones serias, personal capacitado y transparencia. Pero, sobre todo, necesita que alguien en el poder deje de ignorar a sus habitantes. Porque mientras persista el silencio oficial, los criminales seguirán dejando sus mensajes… y los muertos seguirán aumentando.

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Karen Rojas
Karen Rojas

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