Una figura tallada en piedra forma parte del paisaje y la memoria colectiva del municipio
Redacción / Huaquechula, Pue
En el municipio de Huaquechula, Puebla, diversos vestigios arqueológicos permanecen integrados al entorno cotidiano sin reconocimiento formal. Entre ellos destaca una figura tallada en piedra conocida por los habitantes como La Piedra Máscara, ubicada en una ladera poco transitada y prácticamente desconocida para visitantes externos.

La escultura se localiza a escasos metros del panteón de La Trinidad, en el tramo que conecta la colonia San Miguel con la comunidad de Santiago Tetla. El sitio carece de señalización oficial y su acceso es identificado casi exclusivamente por pobladores de la zona. Se trata de una figura labrada en altorrelieve, cuyos rasgos —como una diadema y una boca abierta— han sido interpretados por conocedores locales y algunos especialistas como posibles elementos rituales de origen prehispánico.

Hasta el momento, la Piedra Máscara no cuenta con un registro formal ante instituciones arqueológicas ni con algún tipo de protección oficial, pese a su evidente valor histórico y cultural. Aun así, el sitio ha sido preservado de manera informal por la propia comunidad, que reconoce su relevancia simbólica.

Alrededor de la figura existen diversos relatos transmitidos de generación en generación. Uno de los más conocidos narra que, hace varios años, un hombre intentó golpear la escultura tras asegurar que veía en ella el rostro de su exesposa. Según la versión popular, el sujeto sufrió graves lesiones en las manos y perdió el conocimiento, por lo que requirió atención médica prolongada.

Vecinos de mayor edad afirman además que la zona donde se encuentra la piedra habría sido un antiguo centro ceremonial previo a la fundación del Huaquechula actual. Aunque estas versiones no han sido documentadas oficialmente, forman parte del imaginario colectivo del municipio.

Sin resguardo institucional, pero con profundo arraigo comunitario, la Piedra Máscara continúa en su ubicación original como un silencioso testimonio del pasado prehispánico de Huaquechula y como un referente cultural que sobrevive gracias a la memoria y el respeto de sus habitantes.






