

“Muchas veces en nuestro gremio nos hemos hecho está interrogante, del porque debemos de salvar la vida a delincuentes y desalmados que no se tocan el corazón para arrebatarle la vida a alguien, y al final nuestra respuesta es justamente esa, porque es nuestra labor, salvaguardar la vida y salud de nuestros semejantes…”
Con este y otros mensajes, compañeras de la enfermera Blanca Cecilia Rojas Aguilar, de 49 años, con especialidad quirúrgica y dos maestrías, asaltada y asesinada en las inmediaciones del CESSA de Amozoc, mostraron su dolor y su reclamo de justicia.
Blanca Cecilia, enfermera y maestra, junto con un médico y otra compañera, regresaban la noche del lunes 16 de marzo a la ciudad de Puebla, después de una jornada de tres días en el Hospital General de Tecamachalco, cuando fueron asaltados y baleados; la otra enfermera y el doctor solo resultaron heridos.
La reacción por este asesinato, ocurrido en la misma zona en que en febrero del 2025 fue también asaltado y asesinado otro enfermero, se ha reflejado en las redes sociales: “El dolor que nos dejó su partida es inmenso, y ese mismo dolor es el que nos da el valor para exigir justicia, para exigir más seguridad…”, señala un mensaje.
Hay que reconocer que las estrategias de seguridad implementadas por las autoridades están rindiendo frutos; sin embargo, hay zonas, como ésta de Amozoc, Tepeaca, Tecamachalco y otros municipios que integran el “triángulo rojo”, que demandan mayor atención; en ellas operan tanto grupos del crimen organizado como bandas delincuenciales, que han hecho de asaltos y asesinatos su forma de vida, y cuya presencia sólo puede explicarse por la complicidad de integrantes de los cuerpos de Seguridad municipales.
Es claro que la violencia tiene muchas causas, sería simple descargar toda la culpa en las autoridades y en las fuerzas de Seguridad, aun cuando son éstas las responsables de brindar seguridad, paz y tranquilidad a las poblaciones; su misión es la prevención del delito y el combate a la delincuencia, pero la raíz de la violencia va más allá del delito.
Hay que volver la atención a las causas de la violencia, mismas que involucran a la familia, a la escuela, a la colonia y a otros factores sociales y culturales; sin atacar las causas, el esfuerzo de las autoridades es más complejo. Hay que analizar la situación de violencia desde varios frentes que tienen algo en común: la justificación de conductas violentas desde la infancia y la adolescencia.
Violencia llama violencia. El niño y la niña que crecen en un ambiente de violencia familiar o en su entorno social, asumen que ese es el modo normal de vivir; el niño considera la violencia como parte de su identidad masculina, y la niña padece la violencia según la padezca su madre.
En el mismo sentido de su entorno familiar y/o comunitario, otros factores pueden llevar al niño o al adolescente a optar por la violencia, o al escape de las drogas: el abandono o indiferencia de los padres, algún familiar adicto al alcohol o a otros estupefacientes, la ruptura de la relación de los padres, la violencia en la colonia o el barrio, etc.
Hay que tomar en cuenta que el consumo de drogas puede llevar a la persona a disminuir el control de sus emociones, lo cual puede resultar en conductas violentas. “Fumábamos mariguana para darnos valor antes de entrar en batalla”, me contaba un anciano cristero; eso mismo pasa con el drogadicto o el alcohólico: el estupefaciente lo inhibe y lo conduce a la violencia.
No podemos olvidar la pobreza, el desempleo, la ignorancia y la discriminación, como factores que pueden conducir a la violencia, al robo, a la extorsión, al reclutamiento por las bandas delincuenciales, como salida fácil de esas situaciones.
La violencia cibernética
Pero más allá de los factores anteriores, hay uno que poco se toma en cuenta y que, sin embargo, penetra silenciosamente en la conciencia de las personas, desde niños hasta adultos: la violencia en los medios y en los juegos electrónicos.
Series, principalmente estadounidenses, presentan la violencia, el asesinato, la discriminación como formas normales de la vida social, política y, sobre todo, policíaca. Series en donde no se captura, no se apresa, sino que se mata al presunto delincuente.
Películas que giran en torno a la violencia, a la violación del derecho a la vida, presentan estas situaciones como normales. A esto hay que añadir, como elementos que más que recreativos son difusores de violencia: los videojuegos, tan comunes en nuestros días.
En el mercado abundan los videojuegos violentos, para los cuales el gobierno había propuesto un impuesto del ocho por ciento, mismo que terminó por no aplicarse. Sin embargo, varios analistas han enumerado algunos de ellos, cuyo tema es la violencia extrema.
Entre ellos se encuentran: “Resident Evil”, un juego de terror realista; “Grand Theft Auto”, cuyo protagonista comete toda clase de delitos, violencia de pandillas, hasta llegar al asesinato de peatones; “Postal”, que incluye no sólo asesinato, sino hasta masacres, como parte de la diversión; “Counter-Strike”, que justifica el asesinato de personas calificadas como terroristas.
Todos estos juegos y muchos más trivializan a la autoridad, justifican el asesinato, presentan los actos violentos como normales en la sociedad. De este modo, van creando en la conciencia de niños, adolescentes y hasta de jóvenes inmaduros, la idea de la violencia como algo normal.
Así pues, la inseguridad, la delincuencia, la violencia de cada día, se debe enfrentar desde muchos frentes; la responsabilidad primera es de las autoridades, es cierto; pero es necesario que a las nuevas generaciones se les forme en la importancia de la paz, el respeto a los derechos humanos, principalmente en el derecho a la vida, la solidaridad y la compasión.
A lo largo de estas semanas, cerraré mi columna con algún dato de este personaje, cuyas acciones han sido reconocidas ampliamente en Europa y casi ignoradas en su tierra natal: Chiautla de Tapia, y en el estado de Puebla.Profesor, revolucionario, legislador y embajador, nació en Chiautla de Tapia el 20 de julio de 1892, participó en el movimiento de Aquiles Serdán, y en 1914 siendo profesor en la Escuela José María Lafragua, en la ciudad de Puebla, solicitó licencia para participar en la defensa del puerto de Veracruz en contra de los invasores estadounidenses.





