– Más de un siglo de legado familiar que resiste con arte, trabajo y devoción
Cristina Morales – José Gallardo / Izúcar de Matamoros, Pue.
En el corazón de Izúcar de Matamoros, sobre la calle Allende, el tiempo se percibe entre aromas de cera y pabilos listos para encenderse. Allí, en el taller que sigue la labor heredada de su abuelo, Noé López García y José de la Luz López encabezan un trabajo artesanal, que suma más de un siglo de historia familiar. Este oficio, arraigado profundamente en la identidad local, mantiene viva una tradición que resiste el paso del tiempo.

Los orígenes de este negocio familiar se remontan a septiembre de 1912, en plena Revolución Mexicana, cuando el abuelo de Noé, José de la Luz López Tlapanco, fundó un pequeño obrador de ceras en la antigua Plaza de la Constitución. Con el paso de las décadas y diversos cambios urbanos, el taller se asentó en la calle Allende. En total, sumando los años del abuelo y los cincuenta y seis años que la familia lleva en su ubicación actual, se acumulan 114 años dedicados a dar luz a las costumbres religiosas de la región.


El taller destaca por elaborar piezas tradicionales indispensables para las festividades mexicanas, especialmente para la temporada de “Día de Muertos” y los altares dedicados a los fieles difuntos. Entre su catálogo destacan los cirios, las ceras de mano, las ceras de altar, los cirios de miel y la característica cera escamada o china.
A diferencia de opciones comerciales masivas, aquí se prioriza lo clásico: productos elaborados con parafina de primera calidad, con un grado de fusión de sesenta a sesenta y dos grados para soportar el clima cálido de la zona, y pabilos blancos purificados provenientes de la capital del estado.

Mantener este oficio conlleva grandes retos en la actualidad. Las dificultades actuales incluyen el incremento constante en los costos de las materias primas y la ausencia de estímulos para los pequeños talleres. Un ejemplo reciente del impacto global en esta economía local fue el conflicto bélico en Irán, el cual mantuvo bloqueados los puertos durante semanas y encareció la importación de parafina. A pesar de estas barreras y de la competencia comercial, la venta se mantiene estable, gracias a que las nuevas generaciones continúan acudiendo a comprar junto a sus padres y abuelos.

La devoción es otro pilar fundamental de este espacio, estrechamente ligada al “Señor de Tepalcingo”. Desde que el abuelo José llegó a estas tierras, encomendó su negocio a esta emblemática imagen religiosa, es por esta razón que su establecimiento lleva por nombre “Antigua Cerería del Señor de Tepalcingo”, cuya festividad es de las más grandes y tradicionales del país. Para la familia López, conservar este trabajo representa una profunda satisfacción a pesar del esfuerzo económico que exige.

Finalmente, Noé López extiende una cálida invitación a todo el público para que visite a los cereros de Izúcar de Matamoros. Acercarse a sus talleres y establecimientos, permite adquirir piezas auténticas y artesanales para adornar los altares y recibir con respeto la luz de las almas que regresan.





