Gilberto Bosques, ejemplo del Humanismo Mexicano

Nicolás Dávila Peralta
Izúcar de Matamoros, Pue.

Gilberto Bosques Saldívar, nació en Chiautla de Tapia el 20 de julio de 1892; de sus padres aprendió no sólo los conocimientos básicos, sino los principios éticos y las convicciones que lo acompañaron a lo largo de su vida.

A los 12 años fue enviado a la ciudad de Puebla, donde concluyó su educación básica y estudió para profesor en el Instituto Normal del Estado. A los 17 años se unió al movimiento antirreeleccionista de Aquiles Serdán y participó en la revolución maderista.

En 1914, siendo ayudante de profesor en la Escuela Primaria José María Lafragua, en la ciudad de Puebla, solicitó permiso para incorporarse a los defensores del puerto de Veracruz contra la invasión estadounidense, donde comandó el Cuerpo de Voluntarios de San Carlos.

En su calidad de profesor, formó parte de la comisión para la Nueva Escuela en 1916, y tuvo a su cargo el Primer Congreso de Pedagogía realizado en Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala. En 1918 fue electo diputado local, donde analizó y presentó al pleno la Ley de Educación Pública.

De 1921 a 1923 fue Secretario General de Gobierno de Puebla, y fue dos veces diputado federal. La segunda vez (1934-1937), presidió el Congreso y respondió al primer informe del presidente Lázaro Cárdenas.

Junto con Luis Enrique Erro, se encargó de redactar la reforma al Artículo Tercero de la Constitución, para establecer la educación socialista. En 1938 fue director del periódico El Nacional, órgano oficial del Partido de la Revolución Mexicana.

Más de 40 mil vidas rescatadas

En 1939, el presidente Lázaro Cárdenas nombró a Gilberto Bosques Cónsul de México en París, donde desempeñó una labor titánica y poco reconocida en Puebla, de rescate a los perseguidos por la dictadura de Francisco Franco, el fascismo italiano y el nazismo, antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Gilberto Bosques llegó a París, se encontró con una realidad cruel para los refugiados españoles republicanos. Derrotados por las fuerzas del dictador derechista Francisco Franco, al cruzar la frontera con Francia, el gobierno los recluyó en campos de concentración. El Cónsul mexicano logró sacarlos de esas prisiones, al otorgarles una visa mexicana que les permitió salir de Francia.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, la protección del diplomático Gilberto Bosques se extendió a quienes huían del fascismo italiano y el nazismo alemán. Así su protección se extendió a judíos y no judíos de varios países de Europa.

Al invadir Francia las tropas de Adolfo Hitler, Gilberto Bosques mudó el consulado de París a Bayona y más tarde a Marsella, con el objetivo de brindar refugio y otorgar visas mexicanas a quienes acudieron a la representación diplomática.

De este modo, de 1939 a 1942, Gilberto Bosque Saldívar brindó refugio y logró sacar de Europa a más de 40 mil personas, para lo cual rentó dos castillos, donde los perseguidos esperaron el momento de salir camino a la libertad.

Cuando México entró a la guerra, Gilberto Bosques, su familia y el personal del consulado fueron apresados por la Gestapo, y recluidos en un hotel de Bad Godesberg, cerca de Bonn en Alemania. Fue liberado gracias a un intercambio de prisioneros con los aliados en 1943.

A su arribo a la ciudad de México, donde llegaron en abril de 1944, una multitud de refugiados españoles y de otras nacionalidades lo recibieron en la estación de Buenavista, y cargaron en hombros a Gilberto Bosques como su libertador.

No es “el Schindler mexicano”

En la opinión pública se le conoce como “El Schindler mexicano”, calificativo que, sin embargo, no reconoce la dimensión de la obra de Gilberto Bosques en Europa, la cual es de dimensiones mayores que las del empresario alemán. Por el contrario, es Oskar Schindler el que debiera ser llamado “el Bosques alemán”.

Mientras Oskar Schindler salvó a mil 200 judíos utilizándolos como obreros en su fábrica de municiones para el ejército alemán, Gilberto Bosques salvó la vida a más de 40 mil personas, sólo durante la Segunda Guerra Mundial, sin contar a quienes brindó refugio en Portugal y en Cuba.

En 1945, fue enviado como Ministro Extraordinario y Plenipotenciario a Portugal, entonces bajo la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar, aliado de Francisco Franco, con quien había acordado capturar y enviar a España a los republicanos que buscaran asilo en ese país.

Gilberto Bosques logró un acuerdo verbal -”de caballeros”- con Oliveira Salazar, para brindar refugio a los republicanos que buscaran la protección de México. Ocupó el mismo cargo diplomático en Suecia y Finlandia; simultáneamente, en 1949 y en 1953 fue enviado como embajador a Cuba, cuando Fulgencio Batista había perpetrado un golpe de Estado que lo mantendría en el poder hasta 1958.

Fiel a su vocación humanista, el embajador Gilberto Bosques abrió las puertas de la representación diplomática a perseguidos por la dictadura de Batista. Fue el diplomático chiauteco quien facilitó la salida de Cuba a Fidel Castro y sus seguidores, quienes estaban amenazados de muerte por la dictadura.

Fue testigo del triunfo de la Revolución Cubana y de las reacciones en el continente. Mientras los países de América obedecían las órdenes de Estados Unidos y rompían relaciones con Cuba, México mantuvo su representación diplomática, a cuyo frente continuó Gilberto Bosques hasta el 30 de noviembre de 1964.

El 1° de diciembre de ese año asumió la presidencia Gustavo Díaz Ordaz, miembro del grupo político de Maximino Ávila Camacho y el profesor, revolucionario, político y diplomático Gilberto Bosques se retiró de la vida pública. Falleció el 4 de julio de 1995 en la Ciudad de México. Sus cenizas reposan en Chiautla de Tapia, su ciudad natal.

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Karen Rojas
Karen Rojas

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