

Vivimos actualmente una guerra, donde las armas no son bombas ni misiles; es una guerra cuyas armas principales son las redes sociales y la cooptación de medios informativos tradicionales (prensa, radio, TV), a través de los cuales se busca manipular a la población, para restablecer un sistema sociopolítico y económico favorable a un proyecto conservador.
Dictadura, narcopolítica, comunismo, narcoterrorismo, son algunos de los calificativos aplicados a los gobiernos de América Latina que no se han plegado a los dictados de los Estados Unidos, ni a la derecha internacional, entre ellos, México.
La televisora que antes fue pública y que fue vendida por Carlos Salinas de Gortari, otros medios televisivos, periódicos digitales, comentócratas mal llamados “intelectuales”, redes sociales, “bots”, son las armas utilizadas en esta guerra, cuyo objetivo inicial es controlar el pensamiento y la voluntad de las personas.
No hay argumentos, no hay razones, no son necesarias; es más, estorban para los fines de esta guerra. Las municiones son los adjetivos, entre más agresivos, entre más falsos, entre más impactantes, son útiles para crear miedo, duda, sospecha en contra de los gobiernos vinculados con el pueblo y no con los grandes capitales.
Se miente con cinismo, se calumnia sin recato, se ofende con el escudo de la impunidad, se provoca -sin éxito-, para que haya represión y se proclame a los cuatro vientos la falta de libertad, se mutila la historia para olvidar las acciones sangrientas de las dictaduras anticomunistas del siglo pasado.
Esa es la guerra, una guerra orquestada por la extrema derecha internacional, una guerra oculta, pero eficaz, una guerra diseñada para enajenar y controlar a la población. Una guerra que en México se va intensificando conforme se acercan las elecciones de 2027, y la revocación de mandato en 2028.
Un reto para México
La guerra mediática es el reto que el partido en el poder y sus aliados enfrentan con miras a las elecciones de 2027, donde se disputarán 17 gubernaturas, se renovará la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 31 congresos locales, las 16 alcaldías de la Ciudad de México, más de mil 800 presidencias municipales, y mil 700 cargos del Poder Judicial.
Después de 2018, cuando el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) llegó al poder, se inició la desbandada en los partidos que hasta entonces habían detentado el poder. Muchos priístas y panistas saltaron (como chapulines) al movimiento de la Cuarta Transformación (4T). En ellos no había convicciones, sino ambiciones de poder.
Algunos de estos personajes siguen usando el poder en su beneficio, o han demostrado su incapacidad en el gobierno e incluso, más de uno tiene vínculos con el crimen; ellos son el lastre de la 4T y el alimento de la guerra mediática de la extrema derecha.
Por esto, la selección de candidatos debe ser un proceso muy cuidadoso; muchos municipios, varios estados y los ciudadanos, hemos padecidos alcaldes prepotentes, corruptos e incapaces, diputados y senadores de pacotilla, más de un gobernador deja mucho que desear. Estas conductas son armas para la guerra mediática.
En esta guerra mediática, el partido en el poder y sus aliados tienen la oportunidad de responder con la verdad a los ataques de la extrema derecha, tanto local como internacional. Poco se difunden, a través de Morena y sus aliados, los logros del gobierno tanto en apoyo a la población, como en obra pública, políticas de la salud, educación, etcétera.
A la mentira de la extrema derecha, se debe responder con la verdad de las sangrientas dictaduras anticomunistas, que fueron apoyadas por Estados Unidos y la derecha que hoy califica al gobierno como dictadura.
Siglo XX: la sangre derramada
Algo que nadie debe olvidar, pero que la derecha se esfuerza por borrar de la historia, son las dictaduras sangrientas de la derecha anticomunista del siglo pasado, dictaduras promovidas o apoyadas por el gobierno de los Estados Unidos, y ejecutadas por los ejércitos de varios países del continente.
Va un recuento breve de una época de torturas, asesinatos, desapariciones, secuestros perpetrados por la extrema derecha, sobre todo en Centro y Sudamérica, bajo el pretexto de la seguridad nacional de Estados Unidos, en el contexto de la “Guerra Fría” y en el nombre de “Dios”.
Guatemala, 1954: Golpe de Estado contra Jacobo Arbenz, que aplicó una reforma agraria que molestó a Estados Unidos. Cientos de seguidores asesinados o torturados.
Brasil, 1964: Se persigue, tortura y asesina a cientos de ciudadanos acusados de comunistas, entre ellos, varios sacerdotes.
México, 1968 y 1971: Un número no conocido de estudiantes asesinados, bajo el pretexto de participar en manifestaciones comunistas.
Bolivia, 1971: Toma el poder el ejército e inicia la persecución de disidentes, de indígenas y defensores de los derechos humanos.
Chile, 1973: Bajo la dirección de la CIA, se perpetra el golpe en contra del presidente Salvador Allende; asume el poder el general Augusto Pinochet, quien implanta una sangrienta dictadura. Miles fueron capturados, torturados y asesinados, y cientos huyeron del país.
Argentina, 1976: Con la asesoría de Estados Unidos, los militares destituyen a la presidenta e implantan en el país la dictadura más cruel que han padecido los argentinos: miles de asesinatos, incluyendo el de un obispo y decenas de clérigos, todos acusados de comunistas.
Estudiantes y obreros torturados y asesinados, mujeres embarazadas acusadas de comunistas, asesinadas, y cuyos hijos recién nacidos les fueron arrebatados y entregados a familias de derecha. Y lo más escandaloso: los obispos argentinos justificaron la dictadura como defensora de la fe.
Guatemala, 1982: Se hace del poder Efraín Ríos Montt, quien en nombre de “Jesucristo” asesina a miles de indígenas y destruye poblados enteros.
Gilberto Bosques Saldívar (13)
Regreso a Europa. En 1945, el presidente Manuel Ávila Camacho designó a don Gilberto Bosques embajador en Portugal, cuando en ese país padecía una dictadura, que había acordado con Francisco Franco la entrega a España de cualquier republicano que buscara asilo en el país.
El embajador Bosques Saldívar llegó a un acuerdo con el dictador para ofrecer asilo, y lograr salvoconductos para los españoles republicanos que buscaban hospicio en la embajada mexicana. Un año después fue nombrado embajador en Suecia, donde su principal tarea fue fortalecer los lazos culturales entre los dos países.





