– Taller plasma identidad de Norteamérica en el esférico oficial de la FIFA 2026.
José Gallardo / Información Nacional
En la localidad de San Martín Tilcajete, el reconocido Taller Jacobo y María Ángeles ha llevado la tradición artesanal a la esfera internacional al intervenir el balón oficial de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Esta obra inédita convierte el instrumento central del deporte en un detallado mapa cultural y biológico de Norteamérica, integrando la identidad de México, Estados Unidos y Canadá bajo la visión estética de los alebrijes zapotecos.

La creación surge como una iniciativa conjunta entre Ricardo Ángeles, heredero de los maestros artesanos y fundadores del taller, y Marcelo Hernández, director del medio deportivo Táctica Fija. El objetivo principal de esta colaboración fue regresar a la esencia más pura del juego, desplazando la atención de la infraestructura deportiva moderna para enfocarla en el elemento fundamental que permite la existencia del balompié.
El texto curatorial de la exhibición enmarca este concepto con precisión: «En las comunidades rurales, el futbol no necesita estadio. Necesita un balón». A partir de esa idea central, el proyecto requirió aproximadamente seis meses de trabajo manual, durante los cuales se adaptó el lenguaje visual tallado habitualmente en madera de copal a la superficie sintética del objeto deportivo.
Sobre los paneles del esférico convergen símbolos representativos de los tres países anfitriones del próximo torneo. El diseño entrelaza iconos arquitectónicos como el Templo Mayor de México, la Estatua de la Libertad de Estados Unidos y la CN Tower de Canadá. Asimismo, genera un diálogo visual entre distintas eras y tradiciones, permitiendo que el agave mexicano comparta espacio con referencias directas a la exploración espacial estadounidense.


Además de los logros humanos, la pieza prioriza la geografía natural del continente. La obra incorpora especies como la mariposa monarca, el bisonte y el venado, fauna migratoria que recorre Norteamérica en total libertad, ignorando las fronteras políticas y administrativas que dividen a las naciones.
La filosofía detrás del proyecto, compartida por el taller, sostiene que la relación entre la humanidad y la pelota antecede al futbol regulado; nace de una memoria primigenia ligada al juego y al movimiento. En este sentido, la obra trasciende la categoría de objeto decorativo para funcionar como un artefacto narrativo donde conviven el oficio, la comunidad y el deporte, recordando que detrás de un símbolo global siempre existen manos locales que resguardan la memoria.
Actualmente, el público puede conocer de cerca el proceso de intervención de esta pieza a través de una exposición en las instalaciones del taller en San Martín Tilcajete y en la Casa Cultural del Mundial. En la antesala de la justa deportiva, esta manifestación de arte popular se perfila como uno de los grandes atractivos culturales de Oaxaca, demostrando que antes de las transmisiones globales y los estadios repletos, la historia del futbol inicia siempre de la misma forma: con una pelota y alguien dispuesto a hacerla rodar.






