Bombas y aranceles: la película de Trump

Cuando el conflicto entre Estados Unidos e Irán parecía poder llegar a un acuerdo, nuestro personaje favorito de piel naranja, al mero estilo de Nerón, Calígula y Napoleón Bonaparte, decidió que le “da igual” el resultado de las conversaciones entre ambos países, al insistir en que ha “ganado la guerra”.

En este “thriller político”, donde las negociaciones fracasan, los aranceles recorren la misma distancia que los misiles supersónicos, hay quienes se ciegan solo por saciar la soberbia de los altos mandos; y en esta lucha de egos, siempre hay quien se cree más listo y dueño del mundo, tomando decisiones arbitrarias. Ahí es donde entra el protagonista de este drama global: Donald Trump.

Hagamos memoria

En diciembre de 2025 salieron a la luz archivos comprometedores en los que se relaciona a Donald Trump con el caso “Epstein”. En ellos se mencionaban viajes y fiestas en las que el “liberador del mundo” es mostrado como parte del círculo social de Jeffrey Epstein (este magnate multimillonario, quien recordemos fue imputado por tráfico y abuso sexual de menores), y es señalado con múltiples acusaciones que el mandatario gringo ha calificado como “bulos” (rumores) fabricados por la oposición.

Entre palabras y múltiples teorías conspirativas, toma fuerza en distintos países el término: Operación “Furia de Epstein”, concepto que se popularizó de forma no oficial en medios y redes sociales, para describir la idea de que este conflicto funciona como un mecanismo de supervivencia política, frente a crisis o escándalos internos.

Qué mejor excusa para lavar nuestras cabezas que un evento donde todo el mundo se vea afectado, donde se mantenga al planeta atemorizado y a la espera de que quienes mueven las fichas hagan un movimiento en falso para que todo colapse.

“Estrecho de Ormuz”: la pólvora del conflicto

El contexto de este conflicto surge a raíz del bloqueo a embarcaciones estadounidenses; recordemos que por este “Estrecho de Ormuz” pasa cerca del 20% del petróleo mundial, lo cual genera descontento en líderes mundiales y, principalmente, en el protagonista de esta narrativa.

Mientras la película se desarrolla y, después de un “diálogo de paz” que terminó en fracaso (donde más que dialogar era un ir y venir de quién está dispuesto a perder más), el líder americano desafía este conflicto, en el que aseguró bloquear de manera imparcial a los buques de todas las naciones que entren o salgan de puertos y zonas costeras de Irán, como si cada pequeño pedazo de tierra y agua del planeta le perteneciera a los Estados Unidos.

Ahí es donde comienza el drama. Así que, en respuesta (y como todos lo esperábamos, menos los patriotas americanos), el parlamento de Irán declaró que no cederá a ningún tipo de amenaza, ya que tienen “bajo control total” el estrecho y, en caso de un error milimétrico del enemigo, lo conducirán a un “vórtice mortal”. Donde, al final del día, esto no afecta únicamente a los Estados Unidos, sino a la economía global: a la gasolina, a los alimentos y a los mercados.

Aranceles a diestra y siniestra

Cuando pensábamos que el berrinche no podría ser más grande, Trump, como esa persona que las hace y no las consiente, después de intervenir ayudando a sus aliados a “defenderse”, se indigna ante la idea de que las potencias aliadas a Irán intervengan en este capítulo. Así que la mejor opción en la cabeza de este “novio tóxico” es amenazar con aranceles.

Aquí es donde conocemos a otro personaje del cuento: China, quien sin quererlo termina involucrado en este evento, después de que el líder republicano declaró que “unos pajaritos” le informaron que China estaba suministrando armamento militar a Irán. Y aunque duda que lo hagan, advirtió que, en caso de ser cierto, tendrán un arancel del 50%, el cual calificó como una cifra asombrosa.

Hay quienes se hacen ajenos a esta tragedia, calificando estas acciones como oportunas y de amor a la patria americana, pero al final del día el tanque está medio lleno y el refrigerador vacío.

¿Quién ganará?

Oye, pero… ¿quién ganará? Cuando cae el sol, nos damos cuenta de que el perdedor no es ninguno de los actores mencionados, ya que seguramente habrá quien les destape su vino y les sobe los pies después de presionar botones y tomar decisiones sin pensarlo; sino todos los de abajo.

Aquellos que, de sol a sol, con las manos llenas de callos, sostienen sus palas y machetes para llevar la comida a casa, esperando que la gasolina rinda otra jornada para poder seguir trabajando. Y mientras los de arriba “juegan a la guerra” como si fuera una película más, los de abajo pagan el boleto sin haber elegido la función… y, cuando se apagan las luces, descubren que no hay final feliz, solo “la cuenta por pagar”.

Compartir
Daniel Aguilar
Daniel Aguilar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: ¡Contenido protegido!