
Alejandro Armenta Rosas

Nunca había sido tan fácil informar, pero tampoco tan sencillo construir una mentira.
Hoy basta una publicación, una fotografía manipulada, un encabezado engañoso o un video fuera de contexto para crear en minutos una narrativa contra una persona, una institución o un gobierno.
Es lo que muchos han denominado la “fábrica de mentiras”: contenidos que se replican entre cuentas, páginas y actores políticos hasta intentar convertir una versión sin sustento en una aparente verdad.
En Puebla, la oposición tiene todo el derecho de cuestionar al gobierno de Alejandro Armenta. Los periodistas tienen el derecho y la responsabilidad de investigar. Eso fortalece nuestra democracia.
Pero una cosa es la crítica y otra muy distinta la desinformación.
Por eso resulta relevante el Derecho de Réplica presentado por el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra.
Su importancia radica precisamente en responder a las narrativas falsas no con censura, sino con información: frente a un señalamiento, datos; frente a una acusación, documentos; frente a una mentira, hechos.
García Parra coloca así sobre la mesa una herramienta que puede fortalecer la comunicación pública y permitir que sea finalmente la ciudadanía quien contraste las versiones y saque sus propias conclusiones.

El desafío es todavía mayor en las redes sociales.
La inteligencia artificial, los contenidos manipulados y las cuentas que amplifican información sin verificar pueden conseguir que una falsedad llegue a miles de personas antes que una aclaración.
La presidenta Claudia Sheinbaum también ha abierto una discusión nacional necesaria sobre las redes sociales y la responsabilidad que debe acompañar a la libertad en el mundo digital.
Y ahí está el punto central:
Libertad de expresión, siempre. Fake news y manipulación, nunca.
El periodismo responsable cuestiona, investiga y contrasta. El gobierno democrático responde, transparenta y rinde cuentas.
El Derecho de Réplica no debe servir para silenciar voces, sino para sumar información.
Porque frente a cualquier “fábrica de mentiras”, la respuesta más poderosa no es censurar.
Es informar, demostrar y dejar que la verdad hable por sí misma.





