**La estimación surge de 103 mil 176 ciudadanos no localizados, y un promedio de 1.60 hijas e hijos por persona**
**La falta de un registro oficial mantiene a esta población en la invisibilidad institucional**
Michelle López
Información nacional.
La desaparición de una madre o un padre no termina en la persona ausente. Detrás de cada caso quedan niñas, niños y adolescentes que deben enfrentar incertidumbre, cambios familiares, dificultades económicas y afectaciones emocionales, muchas veces sin que las instituciones siquiera puedan identificarlos.
Un informe de “Tejiendo Redes Infancia”, publicado en agosto de 2026 bajo el título “Hijas e hijos de personas desaparecidas en México”, estima que alrededor de 165 mil niñas, niños y adolescentes podrían estar afectados directamente por la desaparición de alguno de sus progenitores o familiares.

Una cifra que revela una problemática invisible
El cálculo parte de los 103 mil 176 registros de ciudadanos desaparecidos y no localizados, contabilizados hasta agosto en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), multiplicados por el promedio nacional de 1.60 hijas e hijos por persona, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023.
La organización aclaró que los 165 mil casos son una estimación y no un conteo individual. Precisamente, uno de los principales problemas señalados, es que las autoridades no cuentan con información suficiente para conocer cuántas hijas e hijos existen detrás de cada desaparición.
Además, más de la mitad de las personas registradas como desaparecidas se encuentran entre los 15 y 29 años, una situación que incrementa la posibilidad de que sus familiares directos sean niñas, niños o adolescentes.

La desaparición también transforma la vida familiar
Cuando una madre o un padre desaparece, las consecuencias pueden aparecer de inmediato. Los ingresos del hogar pueden reducirse, mientras las responsabilidades de cuidado y búsqueda recaen principalmente en madres, abuelas, hermanas u otros familiares.
Para las infancias, esto puede significar modificaciones en su vida cotidiana, dificultades para continuar sus estudios, mayor carga de tareas domésticas, e incluso la necesidad de incorporarse a actividades remuneradas.
A ello se suman necesidades de atención psicológica, representación legal, protección social y acompañamiento institucional, servicios que no siempre están disponibles de manera adecuada o especializada.

Miedo, incertidumbre y afectaciones escolares
El informe retoma experiencias documentadas por la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Nuevo León, con niñas, niños y adolescentes de entre 10 y 17 años que enfrentan la desaparición de un familiar.
Los testimonios muestran miedo, incertidumbre y cambios constantes en el estado emocional. También se documentaron dificultades en el rendimiento escolar, burlas y falta de sensibilidad dentro de los planteles, además de problemas para comprender los trámites relacionados con la búsqueda de sus familiares.
Las propias infancias han planteado la necesidad de recibir un trato sensible y seguro, así como participar en los procesos relacionados con sus familiares, sin que su historia sea expuesta públicamente.

Una deuda pendiente del Estado
“Tejiendo Redes Infancia” advierte que, aunque las leyes mexicanas y los estándares internacionales reconocen derechos para familiares y víctimas indirectas de desaparición, persiste una brecha entre lo establecido en las normas y su aplicación.
La organización plantea crear una ruta nacional de atención que articule al Sistema Nacional de Búsqueda, al Sistema Nacional de Atención a Víctimas, y al Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes.
La propuesta contempla identificar de manera segura a las hijas e hijos, evaluar sus necesidades, activar servicios de salud, educación y protección, garantizar seguimiento y establecer mecanismos de rendición de cuentas.
El objetivo es que la desaparición de una madre o un padre no condene también a sus hijas e hijos a la invisibilidad. Para estas infancias, la ausencia no representa únicamente la pérdida de una persona: puede significar años de incertidumbre y una transformación profunda de su vida familiar, educativa y emocional.




