– Ambas naciones cruzan acusaciones y ofensivas en Ormuz durante las actuales negociaciones diplomáticas.
José Gallardo / Información Internacional
El alto al fuego en Oriente Medio enfrenta un severo retroceso luego de que Estados Unidos e Irán reanudaran los enfrentamientos armados. Ambos gobiernos se señalan mutuamente de incumplir el protocolo firmado el pasado 17 de junio para detener las hostilidades.
La escalada militar comenzó el viernes, cuando fuerzas estadounidenses bombardearon radares y almacenes de drones en territorio iraní. Según el ejército norteamericano, la operación fue una respuesta directa a una agresión previa contra un buque comercial en el estrecho de Ormuz. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán calificó esta acción como una falta flagrante a la Carta de la ONU, lo que derivó en prontas represalias de los Guardianes de la Revolución contra posiciones de Estados Unidos en el Golfo.

En el ámbito político, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, instó a Teherán a utilizar los canales institucionales, advirtiendo que el uso de armas solo generará más violencia. Donald Trump, por su parte, catalogó el ataque al carguero como un error incomprensible, precisamente cuando ambas partes atraviesan un periodo de sesenta días de diálogo para consolidar una resolución definitiva.
La fricción ha complicado severamente el tránsito marítimo. Este sábado, un proyectil alcanzó un petrolero británico en Ormuz y el flujo de embarcaciones ha disminuido progresivamente ante el riesgo. Actualmente, la Organización Marítima Internacional reporta que 600 barcos y 11,000 marinos esperan garantías de seguridad para abandonar la zona. A la par, Baréin denunció ataques con drones iraníes en su territorio, mientras que, al interior de Irán, la economía resiente los estragos del conflicto registrando una inflación del 88.6% durante junio.

En medio de esta creciente hostilidad regional, Washington divulgó un marco de entendimiento entre Israel y Líbano. No obstante, las posturas de aplicación se mantienen divididas: el primer ministro Benjamin Netanyahu condicionó el repliegue militar israelí en el sur hasta lograr el desarme de Hezbolá, mientras que el presidente libanés, Joseph Aoun, defendió el documento como el primer gran paso hacia la plena soberanía de su país, libre de ocupaciones o tutelas extranjeras.





