Iglesias al servicio del poder

El jueves pasado, tuve el agrado de disertar, vía “Zoom”, sobre la guerra cristera, un episodio sangriento (más de 250 mil muertos) que México vivió de 1926 a 1929, como efecto de la confrontación del gobierno de Plutarco Elías Calles con la Iglesia Católica.

En la sesión de preguntas y comentarios, un profesor de origen rural planteó la problemática que viven algunas localidades indígenas con la llegada de nuevas religiones que, comentó, provocan división en los pueblos y afectan las actividades comunitarias.

Aun cuando el comentario no se refería directamente al tema de la guerra cristera, sí provocó una reflexión sobre el papel político que hoy desempeñan las organizaciones religiosas de carácter milenarista y evangélico, porque además de buscar adeptos, algo amparado en la libertad de culto consagrado en la Constitución, desempeñan un papel político en los países de América Latina.

Para entender este papel político de las iglesias llamadas comúnmente cristianas, habrá que remontarse a finales de los años 60 del siglo pasado, hasta llegar a las últimas elecciones en países de Centro y Sudamérica.

La Iglesia Católica como un peligro

En agosto y septiembre de 1968, se realizó en Medellín, Colombia, la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Ahí, los obispos del continente marcaron como una de las obligaciones de la Iglesia Católica la defensa de los derechos de los pobres, de los oprimidos y la denuncia de la injusticia como un pecado social.

Hasta entonces, el catolicismo había servido como un catalizador del descontento en un continente explotado por los países ricos, especialmente el vecino del norte. Sin embargo, a partir de ese año, se iniciaron movimientos católicos que buscaron un continente con mayor justicia y denunciaron la explotación.

Estados Unidos consideró que el catolicismo ya no era confiable para sus objetivos, e inició la penetración de religiones de carácter cristiano, pero que centraban su predicación en una salvación individual, fomentaban el sentimentalismo y anunciaban el fin del mundo. Mormones, Testigos de Jehová, Pentecostales, y otras denominaciones fueron ganando adeptos en el continente.

Tres características podemos observar como factores comunes a estas religiones llamadas cristianas: se presentan como única vía de salvación eterna, sustentan sus enseñanzas en la interpretación literal de la Biblia, marginan de su práctica cualquier compromiso social que no sea la abstinencia de bebidas alcohólicas y drogas, anuncian un inminente fin del mundo del cual se salvarán únicamente los “elegidos”. Además, todas tienen su origen en Estados Unidos. A esta interpretación de la Biblia se une el reconocimiento del actual Estado de Israel, como el “pueblo elegido por Dios”.

Tal como lo presentó el profesor del comentario durante la conferencia sobre la cristiada, el primer efecto de estar religiones en las localidades tanto rurales como de zonas urbanas marginadas, es la división de las comunidades. Pero no es lo único. Hoy, en América Latina tienen un nuevo objetivo: contribuir a la toma del poder por el sector conservador, por la derecha política.

Evangélicos tras el avance de la derecha

Los casos de gobernantes de derecha que han tomado el poder en varios países de América Latina en los últimos años, apoyados por iglesias cristianas milenaristas son notables, lo que hace evidente que la presencia de estas iglesias Made in USA en América Latina, tienen un objetivo muy preciso: desplazar del poder a gobiernos liberales, llamados de izquierda y colocar mandatarios de derecha afinen a los intereses estadounidenses.

El primero de ellos fue el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, en 2018. En su campaña electoral estuvieron varias iglesias evangélicas pentecostales, entre ellas la Iglesia Universal del Reino de Dios y Asamblea Evangélica Reino de Dios. Bolsonaro proclamó el “dominio de Dios” sobre Brasil y sustentó su gobierno en la interpretación muy a modo de la Biblia.

En Argentina, varias iglesias cristianas evangélicas realizaron una alianza estratégica y de mutuo apoyo durante la campaña electoral de Javier Milei. El pacto fue encabezado por la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas. En reciprocidad, Milei les concedió la personalidad jurídica de la que carecían en el país.

El mandatario acudió a la inauguración del templo evangélico más grande del país, perteneciente a la iglesia “El Portal del Cielo”. Desde 2017, en Perú ha tenido influencia electoral la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal.

En Honduras fue notable la participación de la Confraternidad Evangélica de Honduras. En las votaciones de 2025 que dieron el triunfo al derechista Nasri Asfura, alrededor de 36 mil evangélicos formaron parte de los centros de votación. Los pastores de las iglesias evangélicas coincidieron en que Dios había salvado a Honduras.

El último caso es el de Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, quien recibió el apoyo de varias organizaciones religiosas nacidas en ese país, como ramas de iglesias cristianas de origen estadounidense. Entre ellas, Misión Carismática Internacional, Iglesia Casa sobre Roca, Iglesia Cristiana Ríos de Vida.

Bases de la derecha evangélica

En todos los casos de influencia política de las organizaciones evangélicas pentecostales y milenaristas, es clara su intención de influir en las elecciones para lograr gobiernos de derecha afines al conservadurismo estadounidense; para esto, califican a los gobiernos liberales como de izquierda comunista; rechazan el aborto, defienden la familia tradicional y con base en una interpretación a modo del Antiguo Testamento de la Biblia, consideran a Israel como el “Pueblo elegido por Dios”. De este modo, se tiene una mezcla de cristianismo, sionismo y trumpismo en el avance de la derecha en América.

México no es la excepción, las iglesias cristianas influyen en sus miembros en la necesidad de cambiar el gobierno, no dudan en calificarlo de comunista y, en este aspecto, coinciden con el conservadurismo católico.

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Karen Rojas
Karen Rojas

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