Los JuegosConflicto de interés: o comediantes o legisladorasLos Juegos

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Álvaro Ramírez Velasco

Junto con la justificada indignación por los denuestos que las legisladoras locales de Morena, Nayeli Salvatori Bojalil y Elvia Graciela Palomares Ramírez, dirigieron contra los varones maduros y adultos mayores, subyace un problema igualmente grave relacionado con el ejercicio de la representación popular: existe un evidente conflicto de interés entre sus actividades como influencers y comediantes y su responsabilidad como diputadas.
Incluso, desde una perspectiva política y ética, podría hablarse de una suerte de peculado —aunque jurídicamente no lo sea— o de un desvío de recursos —aunque tampoco encuadre estrictamente en esa figura—, pues Salvatori y Palomares reciben recursos públicos por desempeñar un cargo del que reportan escasos resultados, mientras dedican buena parte de su tiempo a sus actividades como comediantes e influencers.
Ahí están los archivos del Congreso del Estado para dar cuenta de las pocas gestiones e iniciativas que han presentado y por las cuales, sin embargo, han cobrado íntegramente sus dietas.
Ambas actividades, legislar y hacer comedia o producir contenidos para redes sociales, son incompatibles, porque una termina por invalidar a la otra.
No se puede ofender abiertamente a un sector de la población al que se representa y, al mismo tiempo, pretender conservar la autoridad moral, jurídica y política para fungir como su portavoz y gestora.
A principios de la década de los dos mil, el panista Diego Fernández de Cevallos Ramos coordinaba a los senadores de su partido y, de manera paralela, litigaba como abogado particular contra el Estado mexicano. En diversos casos obtuvo resoluciones que derivaron en indemnizaciones millonarias para sus clientes, pagadas con recursos públicos.
Diego Fernández de Cevallos representaba al Estado durante una parte del día y, al mismo tiempo, litigaba en su contra en beneficio de intereses privados. Esa dualidad fue señalada reiteradamente como un conflicto de interés.
Extrapolando ambos casos, las legisladoras locales Salvatori Bojalil y Palomares Ramírez no pueden desempeñarse como comediantes e influencers en su tiempo libre y burlarse de las mismas personas a las que representan desde el Congreso. Además, no es la primera ocasión: sus polémicas públicas se cuentan por decenas.
No hay forma de justificar esa conducta.
Más aún, puede sostenerse que la dieta que reciben por su función legislativa, la cual difícilmente se refleja en productividad parlamentaria, resulta cuestionable desde el punto de vista ético, pues dedican gran parte de su tiempo a actividades ajenas a su responsabilidad como representantes populares.
Si la comediante Sofía Niño de Rivera, con el éxito, la popularidad y el estilo desenfadado que la caracterizan, hubiera dicho que los hombres mayores de 45 años «huelen a baúl», que «se están pudriendo» o que ya no son buenos amantes, su público probablemente lo habría celebrado. Y sería completamente normal.
No tiene que ver con el género ni con la llamada corrección política. La diferencia es que Sofía Niño de Rivera no es legisladora, no es representante popular y no recibe recursos del erario. Es una persona que vive de una actividad privada y obtiene de ella sus ingresos.
Salvatori y Palomares defraudan a las personas que representan.
También fallan al compromiso con el erario al cobrar dietas como legisladoras sin mostrar resultados acordes con la responsabilidad del cargo.
Son, en resumen, un fraude.
Morena da la cara
Ante este penoso episodio, el vocero de Morena en Puebla, Agustín Guerrero Castillo, ofreció disculpas en representación de la amplia mayoría de la militancia y marcó distancia respecto de las dos legisladoras.
Afirmó que sus expresiones no representan al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y subrayó que las personas adultas mayores son respetadas y reconocidas como un pilar fundamental del movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador y encabezado hoy por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Bien por Agustín.
Actuó con oportunidad y mostró la responsabilidad política e institucional que debe prevalecer en Morena.

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Juan Rubio
Juan Rubio

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