New York tiene estampas de un principio de siglo

“Mis zapatos de andar mundo los compre en New York”, alguna vez lo dijo Octavio Paz después de haber cruzado continentes. como todo puerto New York es un lugar donde empiezan y terminan muchísimas aventuras humanas. Más allá de los rascacielos, el mundo empieza a palpitar.

A partir de este 1º de julio, el reloj de Times Square comienza a marcar las horas fatigadas de los trabajadores de comidas de todo el mundo, mientras tanto sus calles seguirán siendo fatigadas por muchedumbres de todos los confines de la tierra; un escritor que no recuerdo su nombre definió a Londres como un vasto zoológico, en el que todas las jaulas han sido abiertas.

Quizás sea también una buena forma de describir a New York la jungla humana, donde no existen cerrojos. Como Los Ángeles y Londres, New York continúa siendo la ciudad babilónica por excelencia.

No solo en Manhattan, si no en Queens y Brooklyn uno puede ser ofendido en más de 100 distintas lenguas, y en diversos acentos del idioma, por la fluctuación de las mezclas de lenguas y la capacidad del inglés para simplificarse; esto nos permite escuchar dialectos inencontrables en otros sitios.

Todavía no sabemos que surgirá del encuentro entre el Mandarín de Taiwán y el mixteco de puebla, nadie puede conocer New York, hablar de las ciudades más complicadas que recorren día a día los mexicanos.

Es como describir la esfera de pascal, una circunferencia infinita, cuyo centro está en todas partes, como muchos otros que no reconocen la realidad más que a través de celuloides; yo también he sido atraído por el centro gravitatorio de la isla de Manhattan, el mejor método.

Como migrante yo recomendaría perderse en New York para conocer una ciudad. Inadvertidamente, he seguido el consejo; debo recocer que me he perdido más veces de las me que me gustaría admitir. Cuantas veces he buscado la avenida Broadway, sin percatarme que camino sobre ella.

Buscar a Roma en Roma, ha sido siempre un arduo habito cultivado por quienes confundimos las ciudades imaginarias de nuestros sueños con las ciudades concretas de nuestro aburrimiento, por alguna razón desconocida los españoles suelen aburrirse en la ciudad que nunca duerme. Ana To Rijos descubre que no hay mal en New York y Fernando Sabater describe una ciudad donde nada extraordinario sucede; yo escucho un rumor de multitudes del otro lado del mar. creo percibir quienes son: es Salman Rush Die, que se mueve con movimientos ligeros, y que trae en su brazo una nueva novela.

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Daniel Aguilar
Daniel Aguilar

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