–La dependencia total de pagos digitales plantea riesgos para el acceso al dinero, la privacidad y las compras cotidianas
Redacción / Nacional.
Eliminar el dinero en efectivo y depender exclusivamente de aplicaciones, tarjetas y transferencias electrónicas dejaría a los mexicanos sin una alternativa inmediata ante fallas tecnológicas, bloqueos bancarios o interrupciones de internet. Aunque los pagos digitales facilitan las operaciones, avanzar hacia una economía que dependa por completo de ellos también plantea interrogantes sobre la libertad de pagar y el acceso al propio dinero.
Imagina acudir al mercado para comprar alimentos y descubrir que ningún establecimiento acepta billetes. Intentas pagar con tarjeta, pero la operación es rechazada; abres la aplicación de tu banco y tampoco funciona. Aunque tengas dinero en tu cuenta, no puedes utilizarlo.
Este escenario permite dimensionar uno de los riesgos de depender exclusivamente de los pagos electrónicos: una falla informática o una interrupción de los servicios podría afectar las compras cotidianas, el transporte y otras necesidades básicas.
El problema no es la tecnología en sí. Las transferencias permiten enviar dinero en segundos, las tarjetas reducen la necesidad de cargar efectivo y las aplicaciones facilitan la administración de los gastos. El riesgo aparece cuando estas herramientas dejan de ser una opción y se convierten en la única manera de pagar.
La privacidad es otro punto de discusión. Las transacciones electrónicas pueden dejar registros de las operaciones realizadas, lo que facilita el control financiero, pero también abre preguntas sobre el acceso a esos datos, su utilización y las garantías para protegerlos.
Además, una economía completamente digital podría imponer barreras a los adultos mayores, las personas sin conexión constante a internet y quienes viven en comunidades con acceso limitado a servicios bancarios. Para estos sectores, conservar el efectivo puede ser una necesidad cotidiana, no una preferencia.
La discusión no consiste en rechazar los avances tecnológicos, sino en determinar si el efectivo debe conservarse como una alternativa permanente. La imagen que acompaña este tema plantea una postura contundente, pero no aporta una encuesta o estudio que demuestre que ningún mexicano está a favor de la economía digital. Lo que sí está sobre la mesa es una pregunta de interés público: ¿modernizar los pagos significa necesariamente renunciar al dinero físico?





