Orden de Trump amenaza supervivencia del lobo mexicano

José Gallardo / Información Internacional

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para que el Departamento del Interior evalúe, en un plazo máximo de 90 días, retirar al lobo mexicano de la lista de especies protegidas. La medida también sugiere a los legisladores locales modificar sus leyes, lo que abriría la puerta para que los ganaderos puedan volver a cazar a este animal.

La decisión busca ganar el apoyo de los productores de ganado, quienes se vieron afectados por la reciente autorización del gobierno para importar 300 mil toneladas de carne de res sin aranceles desde Brasil y Argentina. Sin embargo, los expertos aseguran que culpar a la especie carece de justificación práctica.

Los datos oficiales muestran que el lobo mexicano es responsable de menos del uno por ciento de las pérdidas de vacas en ese país. Además, los rancheros ya cuentan con programas estatales y federales que les pagan el cien por ciento de las pérdidas si un depredador ataca a sus animales.

Distintos especialistas consideran que la orden es una estrategia para desviar la atención. Greta Anderson, integrante del Proyecto de Cuencas Hidrográficas del Oeste, explicó que los acuerdos comerciales y los cambios de clima afectan mucho más al negocio ganadero que los propios lobos. En esa misma línea, Regan Downey, del Wolf Conservation Center, señaló que un apoyo real al campo consistiría en invertir presupuesto en soluciones duraderas que no impliquen matar a la fauna.

La situación biológica del lobo mexicano ya es bastante delicada. Michelle Lute, del grupo Wildlife for All, detalló que los ejemplares actuales sufren de defectos de nacimiento y baja diversidad genética, pues toda la población desciende de solo siete animales que fueron rescatados de la extinción en los años setenta y criados en cautiverio.

Actualmente, el censo más reciente registra 317 lobos viviendo libres en Arizona y Nuevo México, además de unos 40 ejemplares en las sierras de Chihuahua y Durango, gracias a un programa de reintroducción entre México y Estados Unidos.

De concretarse los cambios ordenados en Washington, décadas de esfuerzo binacional para recuperar a esta especie quedarían anulados. El lobo mexicano volvería a quedar a merced de la caza indiscriminada y de decisiones políticas que ignoran la ciencia y la conservación.

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